El corazón fue hecho para amar

Heart - seyed mostafa zamani—¿Tienes corazón? Pues entonces, fuiste hecho para amar.

El guardián no objetó nada. Firme y erguido frente al umbral, parecía desafiar la terquedad pasional de Eros, pero en su rostro contraído se dibujaba una mueca de vacilación e infelicidad.

Eros tampoco añadió nada más. Vestido por el calor de la noche, sabía que el silencio era el invitado de honor a tal gala de bordados penumbrosos y motivos estelíferos, los cuales resplandecían sobre la oscuridad reinante convirtiendo el negro harapo en una seda brillante y delicada.

La luna, valiente, besaba el rostro del muchacho enamorado, inculcándole la idea de que con paciencia y perseverancia, la luz más débil podía derrotar a la oscuridad más fuerte; del mismo modo que él, con osadía y afán, podría cortejar al chico del templo y amarlo en la eternidad del arte, las palabras y los sueños.

Dio un paso hacia delante, débilmente, y luego dio otro, arrimándose aún más al cuerpo del guardián. Éste, aun sabiendo de la cercanía de Eros, no intentó alejarse de él, se mantuvo ante el umbral del templo en la misma posición que ayer, que hoy y que mañana, inmutable. Se dedicaron una mirada, la del guardián de incertidumbre, la de Eros de decisión; y éste alargó el brazo hacia el cuerpo del guardián.

Sus dedos le palparon el desnudo torso, de duros y firmes músculos. Las caricias se extendieron por todo el busto, llegando hasta el rostro moreno y los labios silentes.

Finalmente, Eros se inclinó sobre el guardián y le besó.

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Soluciones drásticas

599 - CarSpotterEl hombre contemplaba el bar con un carácter enojado, mientras mantenía la espalda apoyada contra el capó de su vehículo, estacionado a un lado de la carretera. Podía haber optado por la prudente alternativa de aparcar el automóvil dentro del garaje, pero había rehusado tal elección a causa del hedor a aceite y gasolina que saturaba el parking, lo cual podía atufar la tapicería del recién comprado coche. Le había sugerido al propietario que almacenase los bidones de carburante en el ático del bar, donde el nauseabundo olor no importunase a nadie; pero éste había hecho caso omiso del consejo, como si sus palabras le entrasen por un oído y le saliesen por otro. Quizá, para que le quedasen las cosas claras, debía coger un cuchillo y extirparle una oreja.
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Después de un largo beso

Libby & Austin | The Pub *Explored* - Sean MolinNos entregamos un beso largo, ardiente como el sol, de infinita existencia. Sus rizos pintaban caricias sobre mi rostro, suavizando mi piel con su seda, como un algodón de brillante pureza que propagaba su tersura, su finura. Sus complacientes labios, una acuosa ambrosía, me atravesaban a voluntad, hiriéndome muy dentro mientras yo procuraba defenderme con la pericia de las mismas estocadas, pero sus quites y envites me desarmaban, me hacían enloquecer. Ni siquiera el escudo de mi hermética boca podía resistir sus acometidas.Cerré mis húmedos labios contra los suyos, atenuando el beso de fuego que nos había unido, pero ella terminó por romperlo.

Se despidió con el roce de sus labios y se desligaron sus dedos de los míos antes de que su cuerpo traspasase la entrada de la soledad.

Cuando me percaté, me hallaba solo, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo. Sobre mí cabeza, se alternaban amenazadores el cielo y el infierno, dudosos de cuál debía caer primero.

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El motor

Jimmy - Hamed SaberEl motor ronroneaba como un gato en celo, con gruñidos suaves y pasajeros provistos de un silbido inherente de satisfacción; mientras las ruedas giraban con delicadeza romántica sobre el asfalto enjoyado que ceñía una senda misteriosa, íntima y virgen.
Tras mirar el reloj de su muñeca, el conductor pisó el acelerador violentamente. Al instante, el motor comenzó a toser de agonía, al tiempo que los neumáticos se arrastraban cual fustigados galgos sobre una calzada repleta de baches y piedras sueltas.
Pronto, los árboles se mostraron coléricos ante la contaminante y ruidosa velocidad del intruso automóvil. Las estrellas se apagaron para dificultar la circulación de aquella sangrante máquina de gasóleo. Las hojas verdes y resplandecientes se agitaron emitiendo un aullido fantasmagórico, como un lobo enfrascado en una demencia psicopática; y la oscuridad se agolpó frente a la cristalina luna del automóvil, cegándolo.
El conductor frenó, súbitamente.
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Vano fantasma de niebla y luz

Nude woman - bartEl cuello largo y delgado, como el de un cisne, y suavemente tallado por la mano del Arquitecto, me azotaba la cabeza plasmando imágenes inolvidables. Durante las clases de matemáticas, de filosofía, de biología, de física y química, de historia, de literatura, de lengua castellana, de inglés y del antediluviano euskera, había observado el cuello de la muchacha bajo los destellos de la luz del aula desprendidos por sus tirabuzones; había soñado con tentar sus delicadas curvas que se abrían en delgados y frágiles brazos de porcelana, cuyas manos menudas y esbeltas acogían un carácter laborioso y vivaz; había anhelado besar sus labios de oculto nácar enmarcados en un rúbeo cuadro de melódico contenido; había amado una ilusión, una huella de la memoria, un sueño de cadenas apretadas en el infierno, un gas imponderable de inviable respiración.

Un vano fantasma de niebla y luz, como diría Bécquer.

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Amor de juventud

juventud vs vejez - NuriaLos jóvenes necesitaban amar durante los febriles y vacilantes progresos de la mocedad. La mayoría, tanto ellos como ellas, llegaban a amar en algún instante de su juventud a una ilusión; a una fantasía concebida en su mente con el único objetivo de solazar y reprimir las propias ansias, los temores, la incertidumbre y la desconocida soledad que los embargaba.
Es esta soñadora y romántica inocencia lo que distingue al joven del adulto; los cuales conciben sólo el espíritu frustrado y resignado de lo que anteriormente fueron y dejaron de ser, perdiendo la inocencia, la ilusión y el deseo irrefrenable de ser amado y amar en la inmensidad de un paraíso donde todo se figure paz y bondad.
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Ambrosía

Working the Lines & Angles - Dragon OnlineSe lanzó sobre ella como una tigresa se lanza sobre su inofensiva presa. Con rabia pasional, le arrancó a mordiscos los botones de la blusa blanca. Deslizó los labios por el desnudo vientre de su amante y besó el margen de la minifalda negra. Introdujo la traviesa lengua bajo la prenda, mientras Magdalen cerraba los ojos en un lamento de éxtasis. Eva comenzó un ascenso hasta los pechos de la mujer, donde sus dientes resbalaron por las hermosas montañas de tierna carne, en cuya elevada cima se erigía un estandarte de rica ambrosía.
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La sombra de la memoria

Lavender dream - Bhumika.BMe resultó extrañamente doloroso verla en el austero papel, lejos del alcance de mis manos y tan cercana en la distancia de mis ojos. Viendo sus labios, recordé aquel beso que me entregó con fogosidad y que nunca más volví a sentir. Lo que veía sólo era un espejo, una ilusión, la mentira de un momento esculpido en el presente y proyectado en el pasado; pero aún así, se me figuraba tan bella como siempre, quizás más bella que siempre.La chica más bonita que he visto nunca.

Acaricié la foto evocando en mi mente la suavidad de su piel, de su rostro, de sus pestañas negras, de su mirada clavada en el corazón.

Sólo era una fotografía, pero el recuerdo le daba vida, le entregaba carne y cuerpo; la sombra de la memoria…

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Masturbación

Respiró hondo, con los ojos cerrados. En su imaginación, el cuerpo de Eva se delineó sin prendas, sin tapujos que ocultasen el pudor de sus encantos femeninos. La piel se mostraba límpida y sedosa, sin arrugas, sin lunares, sin impurezas.

La imaginó tendida sobre el lecho, sobre un cómodo y hermoso cobertor como las plumas de un pavo real. En la mente de Leví, las piernas de Eva estaban tímidamente separadas, ostentando el cabello púbico y el rostro genital; virtudes que despertaban el deseo carnal del hombre.

Casi sin percatarse, Leví comenzó a deslizar los dedos por su miembro viril, de arriba abajo, de abajo arriba, masturbándose placenteramente mientras el cerebro pintaba un apasionado retrato de fornicación.

Él se tendía sobre la grácil Eva, con el falo erecto y dispuesto, mientras ella le tomaba de las manos y las colocaba sobre sus ardientes pechos. Él besaba sus pezones, casi mordiéndolos como un caníbal. Luego la penetraba sin pausa. Los gemidos de ella se distorsionaban con su respiración cortada por el éxtasis.

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Durmiente

La bella durmiente - Juanedc

El silencio de nuestra compañía nos dejó a solas con nuestros cuerpos, y únicamente después de que los espíritus se unieran en uno, pude comprender lo hermoso y agradable que resulta la soledad, el silencio y la calma.

La agonía del deseo había sucumbido al placer del recuerdo, y mientras mis manos la agasajaban con caricias y abrazos, ella se relajaba sobre mi pecho desnudo. Bañándome con el perfume delicioso de sus labios, sus suspiros se pegaban a mi piel pausadamente, como una brisa cadenciosa y apacible.

Unos minutos después, se había dormido.

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