Y si hubiese sido verdad

Cuts Like a Knife - Marcelo César Augusto RomeoPorque en el fondo de su alma sabía, a ciencia cierta, que aquello iba a ocurrir. La verdad no podía ocultarse eternamente y cuando fuese desvelada, el vengador acudiría a su hogar para matarlo. Lo supo desde la noche en la que cometió el delito, un delito de traición e infidelidad, sin sangre, pero un delito al fin y al cabo. El crimen, aunque hubiese acontecido bajo el influjo del alcohol y dentro de la esfera de sus amistades, no dejaba de ser un crimen.

Se sentó en el sillón y dejó la puerta de casa abierta. No podía cambiar el destino; la suerte estaba echada y las cartas a la vista de todos, incluso de Dios. Por ello, resultaba inútil pretender cambiar los designios del hado.

Esperó, con los ojos clavados en la entrada del salón, a que su mejor amigo llegara. No tardó mucho. Siempre había sido puntual.

Cuando ambos se vieron, ni el traidor ni el inocente dijeron nada. Ni siquiera se escucharon palabras de súplica o un gesto de perdón. Nada, ni preguntas ni respuestas. Tampoco un grito cuando su amigo le perforó la lujuriosa carne una y otra vez con un cuchillo de cocina.

Murió en un completo silencio ante los ojos rojos del que había sido su mejor amigo, quien ahora observaba el cadáver acumulando en un mismo sentimiento el odio y los celos que sentía hacia él, y el amor y el deseo que sentía hacia ella: una hermosa jovencita que en aquellos instantes se encontraba en el Caribe, entre los brazos de un esbelto mulato. Nunca volvería a recuperarlos; ni a ella, que fue la chica que le habían robado; ni a él, que fue su mejor y peor amigo…

En ese momento, oí la alarma del reloj. Y desperté.

Hubiese preferido no hacerlo.

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Descubro del olvido otro relato escrito hace ya varios años, aunque algo retocado en los párrafos iniciales. El original era excesivamente enrevesado en la construcción de oraciones, falta que aún puede visualizar en los últimos párrafos. Pero a veces, por mucho que nos esforcemos en revisar un texto, sentimos una punzada de dolor cuando llega el momento de corregirlo. En ese momento, es mejor dejarlo tal y como está.

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Caballo de plata

Caballo blanco - {author}Galopa con las crines al viento un caballo blanco, portentoso y recio, repleto de una fortaleza casi inmortal. Su hocico relincha grave y firme, ahuyentando las nubes grises que se agolpan en los límites del cielo.

La tierra se ahueca bajo las pezuñas y resuenan los cascos cual timbales de orquesta. Su belleza imborrable ilumina el mundo oscuro recortado a su alrededor. Parece una antorcha blanca, fogosa y apasionada.

Nada se interpone en su camino hacia lo infinito, hacia el más allá. El mundo le pertenece y él lo sabe bien.

Cabalga en sus lomos un jinete etéreo, un hermano del caballo, un espíritu aunado a él. Juntos atraviesan la vasta pradera, sin temor a posibles obstáculos, sin miedo a caer o a tropezar. Tal es la seguridad que despide el caballo de plata que incluso la brisa se silencia ante su trote tendido.

El sonido del galope se pierde en el tiempo, volviéndose un eco imperecedero que nunca termina, quedando arraigado en la memoria. Parece una melodía, una música que invita a beber de la vastedad del universo.

El hijo del viento y el caballo de plata avanzan hacia lo eterno besando la libertad.

Iraultza Askerria

El gato

Benito jr - {author}Firme, impasible, el gato se asoma al borde del pozo. A su alrededor, nada más que soledad. Cierra los ojos un instante y las reminiscencias acuden a su mente:

El patio cordobés, con sus blancas fachadas engalanadas de floridas macetas, parece un vergel sobre la nieve.

Una anciana se desliza en el espacio abierto mientras humedece con una regadera el suelo empedrado y las flores altivas. Claveles, geranios, rosales y jazmines destilan frescura.

El gato abre los ojos, se gira, agilérrimo, y se descubre solo. Cierra los párpados de nuevo.

Una niña juega en el patio, próxima al pozo. Ríe, inocente, risueña, feliz. “No te acerques o te atrapará La Maldita”, amonesta la anciana agitando suavemente la regadera. La niña, curiosa y traviesa, se asoma al interior. Susurra algo. Hunde la cabeza en el umbroso fondo. Vuelve a gritar… silencio. La Maldita no quiere responder.

El gato abre los párpados, otra vez. Contempla en derredor, apesadumbrado. Vacío y soledad. Levanta la cabeza hacia el cielo, invocando a Dios en una última plegaria. Una lágrima cae de sus ojos felinos. Está solo, y lo sabe. Con sus siete vidas ha trascendido a todos los demás, a todos los que caminaron por aquel patio cordobés.

Ahora, sólo queda él.

Iraultza Askerria

El perro muerto

Perros - {author}Ellos se mudaron inmediatamente después de encontrar a su perro muerto. Trece años de convivencia habían dejado recuerdos imperecederos en la familia. El can ladraba suavemente. Se escondía entre los setos. Correteaba por el asfalto bajo el peligro de la circulación vial. Cuando sus amos lo reclamaban gritando, el animal regresaba al porche y lamía la mano de su dueño, de su amigo, como si nada hubiera ocurrido.

Vívidos recuerdos.

Para olvidar la nostalgia que suponía vivir en aquella casa ahora que el perro había muerto, decidieron alquilar un apartamento en el centro de la ciudad. Allí, en la puerta de madera de la entrada, dejaron colgado el collar del perro, como muestra inequívoca de que nunca lo olvidarían.

A los dos años el collar había desaparecido y nadie recordaba ya a la antigua mascota que lo portó.

Iraultza Askerria

Rumbo a las estrellas

The Sentinel / El Centinela - Claudio.ArLanzó el garfio hacia el cielo. Quería amarrarlo a una nube para poder subir hasta las estrellas. Pero el garfio cayó a sus pies. Lo intentó reiteradamente, fracasando y volviendo a fracasar.Al final, cincuenta años después, lo logró, pero ya no tenía fuerzas para trepar.

Iraultza Askerria

Paisajes idílicos

Photo - {author}La Tierra guarda paisajes idílicos, algunos en las selvas caribeñas o en los acantilados más profundos; otros tan cerca de nuestra rutina que a veces olvidamos mirar. Los ocasos en la costa, con su resquemazón rojizo que no quiere irse, con su desgana a cederle el paso a la noche. Las estrellas encapuchando los universos con su luz blanca y roja y amarilla, incluso azul, recordándole a nuestra egolatría que no estamos solos en el cosmos. Las cortinas de niebla, amaneciendo suspendidas sobre estanques de patos y nenúfares. Los campos asilvestrados cubriendo el horizonte de la mirada humana y repletando la visión de flores y arbustos y frutas y árboles. Las islas de piedra, más allá de mares y océanos, donde la temperatura constante no quema ni enfría, sólo mantiene la felicidad. Son todos ellos los paisajes idílicos de nuestro planeta.

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Pero… yo… yo no quiero verlos. Quiero solo tenerte a ti ante mis ojos, y que seas tu mi crepúsculo, mi constelación, mi lago, mi archipiélago. Tú mi paisaje, tú mi mundo. Tus cabellos mis ramos de rosas, tus ojos mis astros siderales, tu frente mi atardecer y mi aurora, tu risa mi céfiro apacible, tu boca mi islote de frutas, tú mi todo.

No quiero más paisaje que el de tu existencia. Ni más visión que la de tu cuerpo. No quiero más oír que el de tu palabra joven y experta, sabia y franca. No quiero más tacto que el de la lluvia de tus muslos y el vaivén de tus pechos y el abrigo de tu piel de alabastro. No quiero más ayuda que tus brazos de oro.

Mi paisaje, mi más idílico paisaje. Mi edén. Mi paraíso.

Tú, todo lo eres tú.

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Hambre

Photo - {author}Hambre. Hambre de tu corazón herido por el hambre. Hambre por comer insípidas criaturas rojas. Hambre de tus muslos de esponja y de tu pubis rosa. Hambre, hambruna, hamburguesa de aceite. Imagen de tu sexo hendido, sabroso, deleite. El hampa del vicio y el deseo. Hambreo sólo de pensar en ello.

Hambre tendrás de no comerme. Hambre tengo de que no me comas. Hambre padezco al no devorarte de los pies a la boca, hamacando tu cuerpo hambrío. Mi corazón hambrón, mi alma hambrienta, mi yo corroído por la inanidad, por la inanición, por sentirme exangüe y desnutrido, ambiguo en la ambición de comerte y dejarme comer.

Moriré de hambre en tu ausencia, matándome poco a poco a base de dulces ambarinos y refritos ambrosianos, hasta que llegado el momento encuentre mi banquete en el plato de tus labios flanqueados por los cubiertos de tu pecho.

Y entonces, te comeré y te quitaré el hambre.

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En este breve texto pretendía divagar en la aliteración y la paronomasia, acercándome a los conceptos del término ‘hambre’ y a sus variantes, tanto etimológicas como fonéticas. Aunque el intento no termina de convencerme, espero que el lector haya disfrutado de la lectura, sin trastabillar entre tanto repetición de sílabas.

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Quark

Photo - {author}Belleza de largos tendidos al son del viento, al sol violento, al sonar de los muslos frotándose. Tú y yo como gelatina, acaparando hoteles y dormitorios, desvistiendo colchones y humedeciendo bañeras. En los montes y en los mares, comernos la corteza mientras intercambiamos saliva. El olé de los orgasmos y el “qué tal” apremiado por descansar. La suerte de tenerte en el fondo de todos los átomos. Eres tú mi carga eléctrica, mi positrón y mi quark enamorado. Eternidad.

Iraultza Askerria

Blanco entre rojo y negro

Vampira - {author}Cabalgabas en tu carruaje de hierro y plata, en el mortecino silencio de la madrugada. Vestías, como siempre, tu vestido ajustado de color negro y habías pintado tus labios de un rojo brillante, que contrastaba temiblemente con la palidez de tu rostro. El pueblo murmuraba que eras un ser siniestro, oscuro, letal. Una criatura de los infiernos, inmortal y sedienta de sangre, que había encontrado en aquel hermoso cuerpo femenino el disfraz para cometer sus fechorías.

Mandaste detener al cochero frente a una mansión de mármol. Del interior flotaban voces achispadas y a través de las ventanas se deslizaban sombras humanoides. Te apeaste del carruaje y te encaminaste hacia el edificio.

Un mayordomo te abrió y te dio la bienvenida. Te invitó a entrar al gran salón, de donde provenía una música que invitaba al baile. Pero tú sabías que nadie bailaba. Nadie. Te esperaban a ti. A la diosa de la noche.

Y entonces, cuando traspasaste el umbral y tu cuerpo blanco surgió a la vista de todos, ataviada de negro, con el pelo largo ocultando el escote y los ojos grandes fulgurando por encima de los rojos labios, la audiencia te recibió entre aplausos.

Iraultza Askerria

Voz de trino

full moon week - {author}En los soportales de tus ojos quedé dormido, y aunque estaba a la intemperie no pasé frío. Me acunaste entre las pestañas como a un niño, cantándome aquella nana con tu voz de trino, y mientras pasaba la noche bajo tu nido, tú me cuidabas como si fuera un hijo. ¡Qué sensación tan plena: sentirme protegido! Feliz y arropado, lleno y querido. Habías en una noche conseguido que volviera a sentirme enteramente vivo.

Iraultza Askerria