6 lugares para reencontrarse con la inspiración

Mi inspiración lleva tu nombre... - Camila S.Subiabre¿A quién no le ha ocurrido? Esa desgana, ese bloqueo emocional, esa musa desconocida que desaparece de la vida durante días, semanas, incluso meses. El escritor se pone a trabajar y la inspiración no llega; las palabras parecen sucias pegatinas sin un párrafo al que adherirse. ¿Qué hacer en esos momentos? ¿Qué hacer cuando no hay inspiración?

Lo mejor es ir a buscarla: levántate de la silla, coge un cuaderno y acompáñame. Te mostraré varios lugares durante las musas abundan.

Un paseo por la playa o por la montaña.

Sea cual sea la situación geográfica y los gustos de cada uno, reencontrarse con la naturaleza es reencontrarse con el interior de uno mismo, con el alma más primigenia del ser humano. La naturaleza nos permite observar tanto interna como externamente de qué esta compuesto el mundo y nosotros mismos. El entorno natural nos permite citarnos con la divinidad, con el todo y la nada, con lo grande y lo pequeño, con la musa verde y dorada, con la lágrima y la sal.

En los parajes naturales las ideas fluyen como el agua y no es difícil encontrar nuevas promesas literarias.

Las estaciones, andenes y apeaderos

En un andén de la estación, en la cristalera de la parada de un autobús, en las cafeterías del aeropuerto donde la familia toma su último café. Lugares de encuentro entre amigos y comerciales, familiares y amantes; lugares donde abundan los abrazos y las lágrimas. Las historias en los aeropuertos, andenes y estaciones abundan tanto como las personas que los recorren. Cada uno es un tesoro que llama a las puertas de nuestra imaginación despertando a las musas dormidas.

No hay que dejar escapar el momento benigno para contar una historia mientras esperamos al transporte de turno.

Visita un bar desconocido

Un refresco o un café. Lo que desees. Pero vete solo a ese bar, taberna, pub, establecimiento, cafetería, etc. Sin más compañía que un cuaderno y un bolígrafo. Observa a los camareros, los clientes, los proveedores, la máquina expendedora de tabaco, la barra, los muebles, la música, la televisión, el brillo de los licores, el aroma de los zumos. Cada sensación te contará una historia sin que te percates de ello.

Adéntrate en un museo

Pinturas, esculturas, colecciones arqueológicas, un paseo por la etnología de un pueblo. Hay miles de museos, cada uno con sus secretos, con sus joyas expuestas en vitrinas o paredes. En estas entidades culturales, el arte abunda y, consecuentemente, la inspiración se recrea invariable y constante. Pocos momentos habrá, tan culminantes en el arte, como intentar desentrañar lo que otros artistas han querido decir. Igualmente, pocas sensaciones tan plenas habrá como lograr entender la historia, el relieve, la tecnología o la cultura de una comunidad.

Visita una biblioteca

Rodéate de libros, letras, palabras, cultura. Proponte un juego: abre un diccionario o una enciclopedia o novela aleatoria y busca una palabra cualquiera. Luego recorre la biblioteca por todos sus pisos y cuartos; tendrás que encontrar esa misma palabra en el título de alguna publicación. ¿Lo encontrarás? Y si lo haces, ¿qué encontrarás? La biblioteca es el lugar con la mayor concentración de inspiración y literatura; perderse en la misma obliga a perderse entre obras y musas. Que alguna de ellas nos hable, sólo es cuestión de tiempo.

De concierto en concierto

La música amansa a las fieras y excita la inspiración. Las musas de Apolo fueron artistas de las canciones, la armonía, la poesía, etc. No olvides rodearte de jazz, rock, rap, country, reggae, rumba, flamenco, pop, salsa… Cada ritmo guarda un pequeño microrrelato. Rodéate de instrumentistas y de fans y siente la vehemencia de la música latiendo en tu corazón al mismo ritmo que la percusión.

Las melodías del mundo son palabras en forma de aire y espíritu. Escúchalas y transcribe sus voces.

Escribe todos los días y haz algo nuevo cada vez

Estos son los últimos dos consejos y, posiblemente, los mejores, que resumen invariablemente lo que pienso sobre la inspiración. Hay que escribir todos los días, sean 100 o 1000 palabras, sea prosa o poesía, pero escribir algo todos los días. Además de visitar playas, montañas, estaciones, bares, museos, bibliotecas y salas de música, también hay que adentrarse en otros lugares, conociendo gente nueva y sumergiéndose en nuevos mundos.

El escritor vive de su escritura y de la experiencia. La novedad incita la inspiración. La monotonía mata la inspiración. Corre, vuela y háblale al mundo.

El mundo te contará sus historias.

Iraultza Askerria

La métrica de Venus y Darío

In space, no one can hear you scream - Carl JonesEn este blog, ya hemos hablado más de una vez del genial poeta nicaragüense Rubén Darío, el embajador del modernismo. Incluso nos atrevimos a adentrarnos en su más famoso libro Azul,inmortalizando algunas de sus citas sin pedir permiso al encomiable autor. En esta ocasión, volveremos a sumergirnos en esta obra para tratar de esclarecer la singular métrica de un soneto titulado Venus.

Se trata de una poesía de Rubén Darío que uno lee dubitativo y termina devorándola enamorado. Ese poema es sentimiento, es acción, es recuerdo y pasión. Es un relato en verso y un diálogo con el alma del poeta. Es casi una obra de teatro comprimida en versos heptadecasílabos, métrica que se aleja del estándar de los sonetos.

Empieza así:

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.

Este nicaragüense ratificó el verso alejandrino como un emblema del modernismo y se destacó magistralmente en su empleo. Recordemos que el verso alejandrino consta de catorce sílabas, separadas en dos hemistiquios independientes de siete. Si el lector observa la métrica del verso anterior, notará que no se tratá de un endecasílabo, ni tan siquiera de un alejandrino. ¡Se trata de un verso de diecisiete sílabas!

Veamos el segundo verso:

En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.

Si enumeramos las sílabas estrictamente, nos encontramos con un total de dieciséis, contando la sinalefa incluida entre las palabras “bajé” y “al”. No obstante, el verso es en realidad heptadecasílabo, ya que debemos asimilar y diferenciar dos hemistiquios, existiendo una cesura entre las palabras “quietud” y “bajé”.

Por ello, el verso se divide en dos partes: “en busca de quietud”, siete sílabas puesto que es de terminación aguda, y “bajé al fresco y callado jardín”, de diez sílabas por la misma razón. Ambos hemistiquios repiten la métrica del verso inicial: diecisiete sílabas.

Igualmente, consideremos el último verso del primer cuarteto:

como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

Si contamos las sílabas de este verso respetando una supuesta sinalefa entre las palabras “ébano” y “un”, alcanzamos la cifra de diecisiete sílabas (métrica que se repite durante todo el soneto). A pesar de esta coincidencia, debemos distinguir el verso como dos hemistiquios separados entre la palabra “ébano” y “un”. Por tanto, no existe sinalefa. El primer hemistiquio de ocho sílabas “co-moin-crus-ta-doen-é-ba-no”, se reduce a siete por la postrera palabra esdrújula. El segundo hemistiquio, de diez sílabas gracias al acento agudo final, completa este verso heptadecasílabo.

Podríamos examinar todo el soneto y comprobaríamos que todos los versos respetan la misma métrica. Algunos hemistiquios juegan con palabras esdrújulas, otros son oxítonos. Todos ellos terminan sumando, de una u otra manera, diecisiete sílabas.

Los versos heptadecasílabos que introdujo Rubén no son sólo innovadores, sino una demostración de la capacidad creativa, rítmica y melódica de su autor. En este soneto, los acentos de cada verso galopan al unísono sin dejar atrás al compañero anterior o posterior. Son una caballería bien entrenada bajo los jinetes de las palabras.

Venus es para mí un soneto inolvidable, cálido y hermoso, que recomiendo leer y estudiar hasta empaparse uno de la grandeza de Ruben Darío.

Iraultza Askerria

Nominación a los Premios Versatile Blogger

versatile-bloggerÚltimamente, el exceso de trabajo me está impidiendo entrar en contacto con otros apasionados literatos de la blogósfera. El tiempo escasea y apenas unos minutos restan para dibujar una sonrisa ante las entradas más intensas y variopintas de los muchos artistas que pululan por Internet. No quiero parecer falsamente halagador, porque en verdad, pienso que todas aquellas personas que erigen una bitácora con esfuerzo, dedicación y constancia bien merecen definirse así: artistas.

Esta entrada sirve para acordarme de mis seguidores y a quienes sigo. La excusa es la doble dominación que recibí este mes al Premio Versatile Blogger. La primera nominación llegó desde el blog de Salvela, que amontona un contenido verdaderamente versátil, a fecha de 1 de mayo de 2014, momento en el que había desconectado merced a unas irresistibles vacaciones. La segunda fue entregada por Julie Sopetrán, autora de la bitácora El tiempo habitado, un sitio que deberían visitar todos los amantes de la poesía.

Agradecer a ambos blogers la nominación así como el impulso que dan a mi bitácora entre sus visitas y comentarios. Muchas gracias de corazón.

Ahora toca hablar un poco de los premios Versatile Blogger, que buscan la difusión del contenido dando a conocer a blogs y blogueros. Por eso, es hora de propagar estos galardones con mis propios nominados. Ahí van:

Comenzaré por el sitio web Ecos de la distancia, idóneo para conocer nuevas vertientes literarias, libros y autores; siguo con Cuentos de amor y sexo, que destaca por su prosa exquisita. Me acuerdo también de El artista que no está frustrado, lugar en el que se compagina ilustración, arte y relatos; de Lucía Bolívar, donde la prosa y la poesía van de la mano entre entradas reflexivas y metafóricas; Palabras Comunes, Narraciones y cuentos y Pluma Salvaje. En la poesía, recomendar los sonetos de El sonetero y la metafórica pornografía de Pornosonetos. Por supuesto, no puedo olvidarme del impecable sitio web de Juan V. Romero, consagrado a la lingüística y a los dobletes léxicos: Las dos vidas de las palabras.

Finalmente, los Premios Versatile Blogger exigen que cuente siete cosas sobre mí. Mucho habré contado ya en las páginas de este blog, pero comenzaré diciendo que disfruto amontonando libros en las estanterías de mi casa, especialmente, libros viejos y usados por su característico olor. Pese a todo, no soy una persona especialmente materialista. Quizá por ello no necesito mucho para vivir y ser feliz, aunque lo que requiero tiende a ser grande y vital. Asimismo, además de la literatura, soy un apasionado tanto de la historia como de los misterios de la ciencia; posiblemente la culpa sea del irrepetible Isaac Asimov.

Aquí termino esta entrada de agradecimiento a todos los seguidores de este blog y, también, a quienes han depositado la confianza en mí como escritor y redactor de artículos. Muchísimas gracias a todos los que leáis estas líneas.

Breve biografía de Esquilo

esquilo

De los tres poetas trágicos, Esquilo es el más antiguo de ellos. Se sabe que nació en el año 525 a. C. en Eleusis, ciudad situada a apenas 20 kilómetros de Atenas, en el seno de una familia noble de dramaturgos.

A pesar de que se dedicó a la poesía desde muy joven, no obtuvo su primera victoria en composición dramática hasta el año 484 a. C., cuando frisaba los cuarenta años. El número de ocasiones en que Esquilo se hizo con el primer premio es discutido, si bien algunos autores sitúan la cifra en trece, otros la elevan hasta las veintiocho victorias. Lo que es cierto es que de sus siete obras conservadas en la actualidad, seis fueron merecedoras del premio.

La genialidad de Esquilo queda defendida por el hecho de que, ya fallecido, sus obras siguieron presentándose en los certámenes trágicos, de la mano de su hijo Euforión. Su primogénito logró el primer premio en cuatro ocasiones presentando las obras de Esquilo. Aunque los jueces no permitían que las obras de los difuntos se repusieran en el certamen, con Esquilo hicieron una excepción, lo que atestigua la fe que Grecia tenía en él.

El grueso de su composición asciende a unas ochenta obras, si bien el número no ha podido ser corroborado aún y podría ser incluso mayor. Desgraciadamente, tenemos que contentarnos con apenas siete obras completas y otros tantos fragmentos.

Al igual que su legado trágico, la vida de Esquilo está salpicada de anécdotas muy interesantes. No en vano, tuvo la suerte de vivir en uno de los períodos mas trascendentales de Atenas, lo que dejó una importante huella en sus composiciones, tal y como veremos a continuación.

Esquilo sufrió la tiranía de Hipias, quien fue derrocado entorno al año 510 cuando el poeta era un adolescente. Con el ascenso de los partidarios del sistema democrático, se iniciaron movimientos sociales, reformas políticas y la desarticulación de antiguos grupos tribales que abusaban del poder. El objetivo final era promover la participación ciudadana en las instituciones.

Sin duda, Esquilo creía ciegamente en este sistema político, tan ecuánime y justo, lo cual se dejó sentir en la tragedia Las Euménides (458 a. C.), donde el consejo de Atenas simboliza la garantía de la justicia, el orden y el derecho. Si bien Esquilo vivió cuando ya la tiranía dejaba paso a la democracia, las competencias de una y otra siguieron enfrentadas durante varias décadas.

Muy importante es la participación militar de Esquilo, entre la década del 490 a. C. y 480 a. C., que coincidió con las aspiraciones expansionistas de los persas. Se sabe que participó en la popular Batalla de Maratón y en la Batalla de Salamina, que concluyeron en una victoria decisiva para el contingente griego. De las experiencias vividas en estas confrontaciones, Esquilo gestó la tragedia Los persas en el año 472 a. C..

No quedaba mucho, apenas cuatro años, para que Esquilo y Sófocles se enfrentaran en un concurso dramático que aupó al segundo por encima del primero. Posiblemente, esto significó el declive profesional de este enorme artista, que comenzó a frecuentar Siracusa y murió en la ciudad siciliana de Gela en el año 456 a. C..

Esquilo fue un poeta amante de ligar sus obras en trilogías, componiendo así una idea completa que podía independizarse en otros tantos conceptos. También destaca en él la trascendencia del desarrollo de la historia y los escenarios, minimizando la importancia de los personajes. Esto hace comprender la creatividad de Esquilo, experto en aprovechar las filigranas visuales de la escena.

En sus temas se encuentran varios elementos fundamentales, como puede ser la ideología política, ya mencionada anteriormente, o el dolor humano como eje central del guión que conduce al protagonista hacia el conocimiento, protagonista que, en multitud de ocasiones, hereda la culpabilidad de sus ancestros, convirtiéndolo en un personaje inocente que, sin embargo, sufre.

Aquí finalizamos esta breve biografía de Esquilo, habiendo querido introducir a este personaje clásico, tan importante en la literatura, gracias a obras tan descomunales como Agamenón o Los siete contra Tebas.

Iraultza Askerria

Las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides

Parthenon - . SantiMB .

Los nombres de Esquilo, Sófocles y Eurípides, también el de sus obras, se han venido archivando a lo largo de la tradición occidental, desde el siglo V a. C. hasta nuestros días. Por desgracia, el grueso de sus composiciones no se conserva y tan sólo han sobrevivido algunos pocos manuscritos medievales donde se incluyen las siete tragedias de Esquilo, las siete tragedias de Sófocles y las diecinueve obras de Eurípides.

Se trata de una recopilación de treinta y tres obras de la Antigua Grecia, germen de lo que fue el teatro antes de nuestra era, cuya cifra, aunque pueda ser considerable, no es más que un vestigio de cuanto escribieron los poetas trágicos. Gracias a las citas de los tragediógrafos contemporáneos de Esquilo, Sófocles y Eurípides, así como a los fragmentos que han sobrevivido de los mismos, podemos hacernos una idea de las muchas composiciones que el tiempo y el olvido le han robado al arte.

Sea como fuere, son muchas las obras irrecuperables de estos tres dramaturgos clásicos, pero por suerte, las que han perdurado permiten comprender, de primera mano, el teatro de la Antigua Grecia y la trascendencia de estos tres personajes.

Resumiendo, el estudio de Esquilo, Sófocles y Eurípides se limita a las treinta y tres obras conservadas por los manuscritos medievales, en ediciones impresas a partir del siglo XV. Las obras pueden enumerarse siguiendo la fecha de composición, que en ocasiones es confusa, aunque todas ellas fueron escritas en el siglo V a. C.. Aprovecho la ocasión para incluir un enlace a cada obra.

Del listado anterior se puede extraer que Esquilo era el más veterano de los tres dramaturgos, seguido por Sófocles y por Eurípides. Aunque éste último era el más joven, murió a la vez que Sófocles, en el año 406 a. C..

Sin embargo, dado que estas treinta y tres composiciones responden, en mayor o menor medida, a los mitos clásicos de Grecia, también es posible estructurarlos de acuerdo al suceso cronológico que narran, de tal forma que se simplifica la posibilidad de estudiar estas leyendas. La mayoría de estos temas corresponden a varias sagas, como el ciclo troyano o el ciclo ático-tebano, o sigue las aventuras y desventuras de determinada estirpe noble, como es el caso de los hijos de Agamenón. No obstante, en caso de querer numerar todas estas obras de teatro siguiendo el orden temporal de los acontecimientos que narran, quedaría así:

  • Esquilo (458?) – Prometeo encadenado
  • Eurípides (413-412) – Ion
  • Esquilo (463) – Las suplicantes
  • Eurípides (406) – Las bacantes
  • Eurípides (431) – Medea
  • Eurípides (428) – Hipólito
  • Sófocles (430-424) – Edipo Rey
  • Sófocles (401) – Edipo en Colono
  • Esquilo (467) – Los siete contra Tebas
  • Eurípides (411) – Las fenicias
  • Sófocles (442) – Antígona
  • Eurípides (423) – Las suplicantes
  • Eurípides (438) – Alcestis
  • Eurípides (414) – Heracles
  • Sófocles (442?<) – Las traquinias
  • Eurípides (430-427) – Los Heraclidas
  • Eurípides (406>) – Ifigenia en Áulide
  • Eurípides (440<?) – Reso
  • Sófocles (450?) – Ayax
  • Sófocles (409) – Filoctetes
  • Eurípides (415) – Las troyanas
  • Eurípides (424) – Hécuba
  • Eurípides (413) – El cíclope
  • Esquilo (458) – Agamenón
  • Esquilo (458) – Las coéforas
  • Sófocles (415?) – Electra
  • Eurípides (417-413) – Electra
  • Eurípides (412) – Helena
  • Eurípides (408) – Orestes
  • Esquilo (458) – Las euménides
  • Eurípides (414) – Ifigenia entre los tauros
  • Eurípides (425) – Andrómaca
  • Esquilo (472) – Los persas

La única obra de teatro con tema histórico que se conserva es esta última: Los persas, de Esquilo. El resto de las tragedias están repletas de personajes míticos, formando un largo repertorio de leyendas, donde ganan por mayoría las dedicadas al ciclo troyano, ocupando la mitad del total. Avanzaremos en estas obras en los próximos capítulos, donde hablaremos también del teatro de la Antigua Grecia y de sus tres máximo exponentes: Esquilo, Sófocles y Eurípides.

Iraultza Askerria

El teatro: arte y literatura

Teatro Griego de Taormina, Sicilia. - Pedro Pablo Pinacho Davidson

La literatura está formada por tres núcleos artísticos: la prosa, la poesía y el teatro. La mayoría de nosotros nos sumergimos en el primer género literario, sintiendo desconfianza ante algo, aparentemente más elaborado, como la poesía o el teatro. Sin embargo, autores como Bécquer o Shakespeare, han ayudado mucho a que los lectores ahonden respectivamente en estos dos géneros literarios.

De los tres, siempre he creído que el más apartado del gusto convencional es el teatro, a pesar de que tanto tragedias como comedias simbolizan muchos mitos modernos, además de un largo glosario de palabras que encuentran su origen etimológico en este punto de la literatura; sobre alguna de ellas, como “persona”, ya hemos hablado en este mismo blog.

En cualquier caso, pienso que conocer el teatro más primitivo, nos ayuda a comprender mejor la historia de la humanidad, además del periplo de las artes escénicas y literarias alrededor de los siglos, porque no olvidemos que el drama tiene su origen siglos antes de advenimiento de Cristo. Asimismo, todavía hoy, el teatro es un espectáculo puro y magnífico, inherente a grandes ciudades como Nueva York o Londres, pero que también puede encontrarse en su versión más minimalista en centros cívicos, asociaciones, clubs y colegios.

Por todo ello, voy a embarcarme en un ambicioso proyecto sobre el teatro más primitivo, el teatro de la Antigua Grecia. A tal efecto, me centraré en tres de sus dramaturgos más recordados: Esquilo, Sófocles y Eurípides, los poetas trágicos por excelencia.

Por el momento, nos basta saber que el teatro occidental se gestó en Atenas, alrededor del siglo V a. C., siendo los mencionados poetas clásicos los fundadores del teatro tal y como lo conocemos hoy en día, salvando las distancias. Pero antes de comprender la importancia de sus obras y de sus clásicos personajes como el maldecido Edipo, la vengativa Medea o las desesperadas troyanas, más nos vale comprender un poco el contexto histórico y cultural de la Antigua Grecia, civilización donde comenzó el teatro.

Pero de todo ello hablaremos en una larga serie de artículos que comenzaré a publicar próximamente. Finalmente recordemos que el teatro, así como la prosa o la poesía, no es más que otra pata del profundo y vasto arte de escribir.

Iraultza Askerria

¿Por qué escribimos? II

It's not about demographics, it's about productivity growth! - JFabra

En el anterior artículo, desvariaba abiertamente y sin tapujos sobre las razones que nos motivaban a escribir. Repasaba varios puntos como la necesidad de imitar a los genios que leemos o reproducir las experiencias que nos consumen por dentro. También hablaba de la escritura como una vocación, un pasatiempo personal tan válido como quien colecciona minerales o gusta de cazar palomas. Además, razonaba como el escritor vivía de la aceptación de sus lectores, sin los cuales es incapaz de seguir adelante.

Pero pienso que la respuesta a “¿por qué escribimos?” es tan amplia como variopinta, y cada autor podrá redactar un tomo entero como contestación a dicha cuestión. Cada alma lírica es un universo y cada cual sabrá las razones por las que se dedica a escribir.

Yo intentaré desentrañar las mías.

Dinero

Sinceramente, dudo que haya algún escritor de arte que escriba por mero dinero. Aunque los autores de best-seller ganen una millonada en concepto de ventas, estoy seguro de empezaron a escribir novelas por vocación, porque se lo pedía el alma.

Creo, además, que quien escribe de una forma regular, holgada y esforzada termina convirtiendo en profesión lo que al principio era una vocación. No se escribe por dinero, pero escribir puede ayudar a conseguirlo.

De hecho, uno de los sentimientos más enriquecedores es poder materializar en patrimonio lo que en verdad nos gusta: escribir. Si bien, nunca seremos multimillonarios con nuestros textos, es muy posible que nos dé para vivir.

Entendimiento

Porque escribir, en la inmensidad inimaginable de todos los espacios, es todavía la mayor de las aventuras.

Robert Coover

Dijo Sócrates aquello de “conócete a ti mismo”. El ser humano, como ser emocional, siente dudas existenciales a lo largo de toda su vida, dudas que carcomen profundamente tanto el alma como la cabeza del elegido. Afortunadamente, el mero hecho de escribir ayuda a desentrañar las vacilaciones y recobrar la seguridad en uno mismo.

Escribir es una forma de entender la naturaleza y saber cuáles son los sentimientos del alma humana. Pienso que la escritura no es más que una lectura analítica, donde la razón se empapa de sabiduría. Puesto que todo el conocimiento del ser humano, todas las ideas, se transmiten bien con iconos o con palabras, escribir es el puente para desempolvar dicha sabiduría.

Se puede decir, en definitiva, que escribo para entenderme a mí mismo y para entender al mundo. Posiblemente, nunca consiga ni lo uno ni lo otro, razón por la que seguiré escribiendo toda la vida.

Supervivencia

Pienso que el nivel de empatía de los escritores es tan inmenso que son incapaces de guardarse sus propios sentimientos. O cuentan lo que sienten o explotan. Para ellos escribir es la necesidad de mantenerse vivos, casi tan importante como el dormir o el comer.

Esta razón, imperecedera y real, está firmemente asociada al deseo de escribir. Es una necesidad anhelada, una adicción de la que ningún autor puede desprenderse. Moldear las palabras, reproducir los eventos, hacer magia con las vocales y las consonantes. Todo ello para no morir en el vano intento de vivir.

Escribir es nuestra razón de ser y, por tanto, nuestra vida.

Escribo para ser yo misma y para hacer que mi pueblo exista

Mircea Dinescu

Pero, en resumen, ¿por qué escribo?

A lo largo de estos dos artículos he pretendido desnudar mi alma en un intento, casi categórico, de responder a dicha pregunta. Han brotado las siguientes palabras clave: imitación, aceptación, vocación, dinero, entendimiento y supervivencia. Ahora llega el momento de olvidarse de la filosofía más académica para hablar de mí y de mi literatura, con la mayor de las franquezas.

Escribo para no quedarme tonto. De hecho, si llevo unos pocos días sin escribir, noto como mis pensamiento se ensucian, las palabras se entorpecen en mis labios y soy incapaz de razonar. El proceso de escribir es un mecanismo para excitar mis neuronas y mi cerebro; sin él, me atrofio. No hay sensación más frustrante que sentirse inútil, y esa impotencia aparece cuando no escribo.

Escribir es además la única herramienta que tengo para buscar la eternidad, aunque sea una eternidad insuficiente o imposible. La mera reflexión de saberme un ser caduco, con los días contados, me desespera, me enloquece, y de esta manera, busco en la literatura una firma que trascienda a mi lápida.

La escritura me permite además servir de memoria, tanto individual como colectiva. En mis textos, escritos a lo largo de los años, se esconde una parte de mi vida y de la de mi entorno, unos recuerdos que, una mente olvidadiza como la mía, sólo puedo inmortalizar al escribirlos. Es por eso que, al leer viejos textos, evoco vívidamente episodios pasados de este universo que comparto con vosotros.

Finalmente, tengo que hablar del placer que me produce la escritura. En parte es uno de las goces más completos. Escribir es la satisfacción de crear escenarios, paisajes, ambientes, mundos, universos y vidas; algo así como una paternidad, como la sensación de ser padre y sentirse orgulloso de sus hijos. La escritura produce en mí un placer solitario, casi onanista, que solo puedo compartir, mucho tiempo después, con mis lectores.

Iraultza Askerria

Pautas para escribir una novela

23 de Abril - Día del Libro. - Julio  Codesal Santos

Yo no soy quién para decir cómo se debe escribir un libro. De hecho, posiblemente, sea el más irregular de los escritores y en el que menos se puede confiar. En cualquier caso, estoy seguro de que el mundo está repleto de autores mucho más constantes y laboriosos que yo, que podrán encontrar en la teoría literaria las pautas a seguir para desarrollar una novela.

1. Preliminares

Bajo este subtítulo quiero agrupar el desarrollo de la idea inicial de la novela. No ha de ser ni el final ni la trama compleja ni el desenlace ni las escenas estructuradas. Basta un pensamiento nimio, un razonamiento fugaz, una idea que podría atender a:

  • la imagen de un ambiente, como un bar atestado de gente, un cementerio donde sucede un asesinato, etc
  • la caracterización de un personaje, que no tiene porque ser el protagonista
  • una sucesión de escenas sin un claro trasfondo: pelea callejera, persecución automovilística, detención policial, fuga de una cárcel…

Una vez tengamos la idea, por vaga que fuera, hay que proceder a transformarla en concepto. Una investigación alrededor de dicho concepto ayudará a consolidarlo. Ver películas, leer libros, pasear por escenarios similares, hablar con personas de un perfil parecido al de nuestros protagonistas nos ayudará considerablemente. Luego será necesario condensar tanta información en escenarios, episodios y personajes.

Tras un duro sondeo, la ideal inicial se habrá convertido en un concepto argumental.

2. El hilo argumental

¿Cuál va ser la estructura narrativa de la novela? ¿Podemos utilizar un narrador omnisciente o es mejor emplear un narrador protagonista que se explaye emocionalmente durante la trama? ¿Podremos hacer uso de la técnica literaria in medias res o conviene limitarse al tradicional ab ovo? Ahora es un buen momento para responder a estas preguntas.

Cualquier historia gira alrededor de un conflicto que, por regla general, se opone al objetivo del protagonista. En las novelas clásicas podemos hallar algunos conflictos como “protagonista contra la naturaleza”, “protagonista contra lo sobrenatural”, “protagonista contra personaje” u “protagonista contra uno mismo”. Este último conflicto quizá sea el más difícil, y sólo algunos grandes autores como Oscar Wilde han sabido llevarlo a cabo con toda genialidad.

Queda la pregunta más difícil de responder: ¿cuál es el tema de la novela? La venganza, los celos, el amor, el crimen, el conocimiento, el orgullo, la supervivencia, el egoísmo son sólo algunos de los más utilizados. Es común que en una novela interfieran diferentes ejes temáticos.

Una vez respondidas dichas cuestiones, no queda más que resumir el hilo argumental, así como las escenas y los detalles más trascendentales. En definitiva, en este punto redactaríamos el primer guión, que no ha de ser, para nada, un férreo manual que seguir a rajatabla.

3. Los personajes

Sobre los personajes he publicado algunos artículos específicos, intentando abarcar la importancia de los mismos, como evitar errores y pequeños trucos para no olvidarnos de ellos. Los personajes hay que mimarlos durante la novela, porque son los verdaderos artífices de la historia.

Como regla ineludible, un personaje tiene que ser equilibrado. Ni en la vida real ni en la ficción los hay muy buenos ni muy malos. Tener clara esta limitación hará que los protagonistas y antagonistas tengan una personalidad real y acabada. Los defectos son tan vitales como las virtudes.

Una vez se dispongan los personajes, hay que entrar en su mente. Conocerlos, tocarlos, comprenderlos. Saber cada uno de sus movimientos, reacciones y características. Es, probablemente, el trabajo más peliagudo antes de entrar de lleno con la escritura de la obra, pero también el que más beneficios rendirá a la hora de la verdad.

4. El ambiente

Desarrollado el hilo argumental y los personajes de la trama, sólo queda pendiente diseñar los escenarios de la historia. Hay novelas donde el ambiente es mucho más importante que sus protagonistas. No hay que desdeñar la repercusión del escenario.

El primer paso es visualizar en la mente el lugar donde se desarrollará el argumento. La ambientación parte por dos preguntas clave: dónde y cuándo. Ciudades, pueblos, estilos arquitectónicos, interiores, climas, contingencias sociales, noches, mañanas, costas, paisajes extranjeros, comunicaciones, contexto histórico… Los detalles a tratar son innumerables.

El ambiente es perceptible tanto por los personajes como por los lectores. Consecuentemente, no vale centrarse únicamente en la vista; los sentidos del oído, el olfato, el tacto y el sabor son harto importantes. Sirva de muestra la novela El perfume, donde los aromas describen constante y grandemente los pasajes de la obra.

5. Y ahora ponte a escribir

Habiendo resumido la trama, los personajes y los ambientes, queda lo más difícil: escribir. No obstante, si se siguen las pautas anteriores, el proceso de escritura será más llevadero.

No olvides diseñar tu propio espacio para escribir y programar unas horas del día para dedicarte a ello. Si consigues transformar la escritura en hábito, no habrá nada que pueda obstaculizar la consolidación de tu novela. Ni de la primera ni de la última.

Espero que este pequeño tutorial tenga alguna utilidad para quiénes, con una idea en la mente, no sepan como desarrollarla. La literatura no es una ciencia de principios irrefutables, pero asimilar ciertas reglas permitirá llevarla a cabo con mayor facilidad.

Iraultza Askerria

¿Por qué escribimos?

Colección visual de caligrafía - Silvia Cordero Vega

Hay una cuestión, imperecedera, genuina y constante, que sobrevuela la mente de cualquier artista dedicado a la literatura. ¿Por qué escribimos los escritores? ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo intrínseco que nos impulsa a sobrellevar una carga tan pesada con los sentimientos de nuestros protagonistas? ¿Qué hace que amemos tanto la soledad de un escritorio y la ardiente intimidad de la bombilla de un flexo? ¿Cómo es posible que un ser humano tenga tanta disposición, tanta ansia, tanto deseo de estampar palabras y pensamientos sobre una lámina de papel blanco?

¿Dinero? ¿Fama? ¿Vocación? ¿Sosiego? ¿Comprensión? ¿Sabiduría? ¿Compañía? ¿Ética? ¿Moral? ¿Mera fatalidad del destino? ¿Simple encuentro con uno mismo? ¿Desmesurado orgullo? ¿Tímido hastío con la realidad? ¿Exceso de demencia e imaginación?

Las respuestas son muchas, tan variables como agotadoras, y cada escritor, cada novelista, cada poeta podrá esgrimir su propia explicación. Lo cierto es, que sea cual sea la contestación, no es una respuesta fácil. Sin embargo, voy a intentar aclarar esta histórica pregunta desde la experiencia personal, simplemente, por el mero deseo de desnudarme ante vosotros.

Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención.

George Orwell

Imitación

La mayoría de los escritores no nacen de escribir, nacen de leer. Las lecturas ininterrumpidas, como un virus, malsanas, resultan contagiosas para la mente humana, y así como el Quijote se sintió tentado de reproducir las aventuras caballerescas que devoraba en su biblioteca, los escritores necesitan simular lo que leen. De esta manera comienza un escritor: leyendo.

Tras tantos años dedicados a la lectura y a la escritura de todo tipo de libros, me doy cuenta de que los autores imitados forman una larga lista: Homero, Vladimir Nabokov, William Shakespeare, Gustavo Adolfo Bécquer, John Ronald Reuel Tolkien, Stephen King, etc. Fueron los maestros remotos, los examinadores ausentes de las viejas glorias de un niño extraviado, los incitadores de la inspiración.

Pero el escritor no sólo emula a los genios que lee. Existe algo mucho más sereno, íntimo y portentoso: la simulación de la propia realidad. Reproducir las experiencias, los sentimientos, lo que vemos, oímos, tocamos, olemos y saboreamos. Posiblemente sea ésta una de las razones más primigenias por la que el escritor escribe.

Escribo para contar mi realidad, para narrar los episodios de mi mundo único, para desempolvar recuerdos, para hablar de mí, de ti, de nosotros, de ellos y de cuanto me rodea.

Vocación

Pero hablando en plata y con la franqueza más objetiva, nosotros, los escritores, escribimos porque nos gusta. Otras respuestas no son más que filigranas y ornamentos para volver ostentoso y genial este simple motivo.

Escribir es una vocación, un pasatiempo, un hobby, un acto donde se sustenta la comodidad y la calma del autor. Emborronar de palabras la imaginación es la droga que nos mantiene sonrientes, el ocio en el que se extrapolan nuestros placeres.

La vocación de contar historias, la vocación de escribir finales, la vocación de jugar con vidas de hombres y mujeres que no existen, la vocación de regodearse con algo que sólo es nuestro, la vocación de originar multiversos en nuestra mente inmensa.

Escribo porque me gusta, escribo porque cuando lo hago el mundo se detiene a cada palabra que anoto y se alivia con cada coma y se enternece con cada adjetivo y actúa con cada verbo. Ser dios y escritor es casi lo mismo.

Escribo porque es lo mío.

Aceptación

Pienso, y lo pienso desde el pecado, que los escritores somos especialmente orgullosos. Nuestra vanidad roza la egolatría diría yo. Firmamos nuestras obras con una meticulosidad propia de quien se cree eterno. Quizá una dura referencia a la complejidad mortal del ser humano, empeñado en trascender su propia muerte.

Sea como fuere, el artista, y de esta manera, el escritor busca la incansable admiración del lector, que la fama romana expanda los rumores de su literatura de un lado a otro de los continentes. La consagración del artista, la popularidad del inventor de cuentos, un sueño perseguido, en mayor o menor medida, por los escritores de a pie que, llanamente, necesitan ser aceptados por la sociedad.

Porque al ser humano le encanta ser el centro del mundo y captar la atención de los demás. Muchos lo consiguen con la especulación, con la seducción, con la competitividad, con la simpatía… pero otros desgraciados, como los escritores, sólo pueden alcanzar la fama con una herramienta tan prosaica como la literatura y ser aceptados en un mundo cruel, meramente, por lo que escriben.

Escribo para no ser escrito.

Rodolfo Enrique Fogwill

Por temor a que este artículo se alargue en demasía, voy a dar por finalizada esta primera parte, esperando publicar la continuación en unas pocas semanas. Hasta entonces que decir tiene que cualquier respuesta a la pregunta ¿por qué escribimos? será bienvenida. Sin duda, las opiniones y puntos de vista serán incontables.

Iraultza Askerria

Falta poesía, sobra miedo

faltpoesiasobremiedoCaminaba yo a las siete de la mañana por la calle, pensando en lo poco que había dormido y en lo mucho que no había escrito, cuando de repente, en una esquina desconocida y asombrada de sombras, divisé unas letras de color rosa. Rezaban lo siguiente:

Falta poesía sobra miedo

Me detuve un instante y observé el pétreo muro conmovido por la emoción. En su pared desconchada el fino trazo de una musa se deslizaba dispuesta a sembrar una revolución. Pero en la calle nadie se había percatado del eslogan; el mundo giraba agobiado sin un momento para detenerse a mirar el cielo.

Falta poesía sobra miedo

Resonaban los vocablos en el interior de mi cabeza, encadenando tras su eco un recóndito vaivén de palabras y pensamientos.

Sobra miedo… ¿Miedo? Miedo a perder un trabajo ingrato, miedo al embargo de una casa hipotecada, miedo a que la esposa sea infiel, miedo a que el marido regrese borracho tras el partido de fútbol, miedo a que el niño suspenda las asignaturas impuestas por un gobierno nada intelectual, miedo a que la muchacha pierda la virginidad con quince años, miedo a la muerte que es la vida, miedo a la propia vida, miedo a la charla, miedo a ayudar, miedo a preguntar y a responder, miedo a leer y miedo a escribir, miedo a mirar y miedo a escuchar, miedo a los animales y a los seres humanos, miedo a la verdad y miedo a la mentira, miedo a la inseguridad y a la policía. Miedo en un mundo gobernado por el miedo.

Falta poesía sobra miedo

Falta poesía, ¿qué es poesía? Y entonces sí, afloran las respuestas. Poesía eres tú. La poesía no la entiende ni dios. La poesía no sirve de nada. Pero sí, poesía eres tú; hagamos poesía porque falta poesía. ¿Dónde quedaron Lorca y Bécquer? ¿Quién traducirá a Shakespeare o a Baudelaire en los años venideros? ¿Habrá otro bello navío iluminado por un rayo de luna. ¿Quién conoció a Hernández? ¿Y a Aleixandre? ¿Y a Darío? No, no hablo del rey persa. Y dime, ¿serás tú el próximo caudillo lírico capaz de luchar contra el miedo de la gente? ¡Salid poetas y con sonetos componed barricadas! ¡Salid y con rimas proclamad libertades! El poeta en la calle, el poeta en la revolución, el poeta que habla porque no le asusta leer lo que escribe.

En todo esto pensaba yo, a las siete de la mañana de un lunes, cuando eché a correr hacia la estación ferroviaria por miedo a perder el tren. En el vagón leí algún poema de Machado, pero por miedo a saltarme la parada abandoné la lectura a los pocos minutos. Llegué a la oficina pensando en como culminar aquel soneto que había dejado a medias y al llegar a mi despacho me atiborré de dos cafés por miedo a quedarme dormido en mitad de la jornada. En ese instante, cuando la cafeína activaba el sistema nervioso, me percaté de que aquel anónimo rebelde tenía razón.

Falta poesía sobra miedo

Incluso a los poetas nos sobraba el miedo.

Al día siguiente pasé por la misma calle a la misma hora. Me percaté de que aquel verso había desaparecido. Supongo que algún empleado a cargo del ayuntamiento había borrado la poesía por miedo a perder su trabajo.

Sirva este pequeño artículo como recuerdo de aquella efigie borrada.

Falta poesía sobra miedo

Iraultza Askerria