Por un beso…

Un beso y un adiós - {author}

La brisa viste hermosa y dulce boca,
hermosa como canto de la prímula,
un canto dulce, limpio, que me estímula;
estímulo que incluso al alma toca.
Rocío de tu labio, nacarado
en sus profundidades, dame un beso,
un beso, y yo te cambio todo eso
por vida entera libre de pecado.
No dejes que me muera sin probarlo
¿permites por ventura a mí anhelarlo?
Muy poco tiempo tengo… ¡escucha esto!
El alma te daré, ser fiel contigo.
¿Me rechazas…? Entonces, me desdigo:
tan solo dame un beso… me iré presto…

Iraultza Askerria

Una pareja de enamorados

true love / amor verdadero - {author}Tenía el rostro empapado por el sudor y los músculos doloridos por el monumental esfuerzo. Profirió un gemido de dolor, como si le estuvieran propinado una paliza, y luego se dejó caer sobre la cama, aliviando la agonía que aún recorría las arterias de su entrepierna. El decreciente calor se volvió un frío acecho de oscuridad, que sólo pudo remediarse bajo los brillantes ojos de su chica y con el satinado contacto de su desnuda piel. La miró entre los resquicios de la penumbra y se embriagó de su belleza universal, tan universal como el arte de un desequilibrado poeta. Envolviéndose en la calidez del amor, la abrazó torpemente, sin la fuerza y el vigor que había demostrado un instante atrás mientras la llenaba con su simiente. Ella favoreció las caricias, acurrucándose bajo el pecho viril en busca del tacto de la protección, la seguridad, el sosiego. Se miraron mutuamente, dedicándose la devoción del más beato de los fieles, y se besaron irradiando los sentimientos más profundos y más bonitos del mundo. Porque no hay emoción más intensa y sublime que el amor. Porque el mejor de los versos y el más cálido de los acordes están inspirados en él: en el amor de una pareja de enamorados.

Iraultza Askerria

Una tarde corriendo

Photo - {author}Aquella tarde salimos a correr. ¿Lo recuerdas? No hacía mucho calor, pero se estaba bien a tu lado. Incluso, me atrevería a decir que, salvo nosotros, el resto del mundo se estaba congelando en su frialdad. Así son los sentimientos, un verdadero amparo contra la temperatura.

Después de la tercera vuelta, te quitaste la sudadera y la ataste a tu cintura… ¡Cuánto deseaba yo atarme a ella! Emprendimos la marcha y después de la primera zancada no pude evitar atisbar tus pechos contonearse bajo la camiseta de color crema. Parecían las manzanas del Árbol del Conocimiento. Lujurioso pecado, tomar tus frutos y probarlos… ¡Qué apetitoso! ¡Cuánta lascivia recorría mis venas!

Al respecto, hice algún chiste jocoso y tú me atravesaste con la mirada. No era la primera vez ni sería la última. Tengo el defecto de decir siempre lo que pienso. Soy así. Hombres.

Sin mayor reparo, seguimos nuestra carrera alrededor del polideportivo. La pista estaba vacía. Nos acercábamos irremediablemente a las diez de la noche, hora en la que la gente normal se recogía en sus casas. Pero ni tú ni yo éramos prototipos corrientes. Seguimos al trote un buen rato, hasta que nos cansamos.

No sé cómo, pero me convenciste para que te acompañara a casa de tus abuelos. Extraño que dijera que sí. Aunque no puedo arrepentirme de la elección, porque fue un paseo dulce, ameno y agradable. Nos cruzamos con personajes embozados en chalecos negros, mujeres más llenas de arrugas que de piel, adolescentes acosados por cenicientas nubes de tabaco y atronadores coches que parecían haber brotado de la jungla. Pero ante tanta imperfección, tu belleza lo deslumbraba todo. Todo.

Al llegar al porche de la casa de tus abuelos, te detuviste frente al portal. Bajo la luz de las estrellas -llamemos estrellas a tus ojos, porque la contaminación lumínica nos impedía disfrutar de los astros celestes-, me miraste con una mezcla de sobresalto y necesidad. Te despediste con tu innata suavidad, deseosa de desaparecer.

Pero yo no lo hice. No pensaba hacerlo. No pensaba perder una oportunidad tan buena.

Te besé, furtivo. Como un ladrón que acomete a su tesoro. Rocé tus labios apenas un segundo y me supieron a polvo de estrellas. Ricos como un sueño de algodón. Tú temblaste, y no dijiste nada. Así que te volví a besar. Esta vez, te apartaste de mí, sobresaltada, y me dijiste:

—No ha sido buena idea.

Posteriormente, te escabulliste hacia la casa.

Yo sonreí, inmune al dolor. ¡Claro que había sido buena idea! Si no estuviera completamente seguro de que tarde o temprano te enamorarías de mí, no te habría besado. Es así de sencillo.

Y ahora que estás durmiendo entre mis brazos, comprendes que tenía razón.

¿Verdad?

Iraultza Askerria

Al sentir tu mirada

Photo - {author}
Como baila el velero
a la luz de las sombras;
tus pestañas, tinieblas,
terciopelo y alfombras.
Como bailas, pupila,
en el mar de las dudas,
ojalá que en tu orgullo
a mis brazos acudas.
Como baila el deseo
ante hermosa malicia,
me destroza inclemente,
con cruel avaricia.
Siento así tu mirada.
¿Cómo haré con tus labios?
¡Qué me queman por dentro
al llenarme de agravios!

Iraultza Askerria

El anhelo de poseerte

 - Alejandro Cordón
Arrastrarás cual lino tus caderas
en una desnudez de puro fuego,
deslizándote en húmedas calderas
por mi cuerpo sumido en amor ciego.
Ascenderé tus tímidas laderas
hasta encumbrar un beso, para luego
a la sombra dormir de sus palmeras,
calmando levemente nuestro juego.
Y almizclados del azúcar del sexo
tuyo, abierto, rosado y expectante,
te miraré a los ojos un instante.
Para luego fundirnos como un nexo,
morir agonizando en un abrazo,
roto por el dolor de un arañazo.

Iraultza Askerria

Soneto a tu boca

Pamela Machado - Pamela Machado

Sabe que son tus labios ambrosía
ruinas azucaradas del deseo
en cuya remembranza me recreo
esperando besarlas otro día,
pues conociendo ya la dulce vía
de tu boca, me he vuelto yo un ateo
del resto de mujeres donde es feo
el placer que en tu caso es gloria mía.
Pues digo yo, sincero, que besarte
es rozar un instante el vasto ciello
levantando endeudado el estandarte
que desea también tocar tu sello,
y hacer en su textura un poco de arte
digno de quien te escribe algo tan bello.

Iraultza Askerria

Redoma de beso rosa

Photo - {author}Redoma de beso rosa, ¡qué dominio de la daga en mi piel desnuda! Lanzas la sábana al crespado pubis y apaciguas su fortaleza con un roce húmedo. Cubren el pudor los cabellos negros y mis manos toman débilmente el rostro que se acuna en mi vientre. La órbita de un cometa atravesando el dormitorio azul, y una esfera titilante simulando una enana blanca. Vibra y brilla. Espasmos de átomos rotos entre jadeos de sangre.

Lame el gemido, mi hembra morena. Hombre desquiciado en su cerrazón ocular. Ver más allá de la realidad cuando es cierto lo imposible y el paraíso parece oasis terrenal. Simplificando el placer para derribar el odio, mientras sonríen los gases nobles en la polución del sexo.

Saliva diáfana contra diáfana saliva. Claroscuros de sabores entre aromas almizclados. La boca susurra un embudo y en la presión de una ventosa se inhibe la piel lacerada por la lengua. Oblicua punzada tras íntegra envoltura. Se queda abierta la sima y libre el pedestal, antes de otra profunda ingestión.

Y tan profunda…

… que se rompe la agonía en mil pedazos y el corazón se tambalea insolente, sin apenas pedir perdón ni permiso. Llora con un gruñido gutural mientras el beso rosa prosigue en su maestría. Explosión de llamas.
Tus labios teñidos de mí como una flor de azucena en su zigurat de luz.

Iraultza Askerria

Sobre el amor, el desamor y algo más

Pasión incontinente,
señor que al cuerpo débil da calor.
Locura de la mente,
un rostro sonriente de color.
¡Todo eso es el amor!
Pesar, cuchillo hiriente,
veneno cual resaca de licor.
Castigo tan ardiente
que el alma sufre y grita de dolor.
¡Todo eso el desamor!
El beso que se siente,
suspiro que la llama consumió.
Sonrisa que no miente,
amor que con los años se apagó.
¿Qué somos tú y yo?

Iraultza Askerria

Beso rosa

Kiss - {author}Lanzar la sábana al encrespado pubis y apaciguar su fortaleza con un roce húmedo. Cubren el pudor los cabellos negros y las manos toman débilmente el rostro acunado sobre el vientre.

Hembra rosa. Hombre ciego. Ver más allá de la realidad cuando es cierto lo imposible. Simplificando el placer para derribar el odio, mientras sonríen los gases nobles en la polución del sexo.

Saliva contra saliva. Claroscuros de sabores entre aromas almizclados. Embudar la boca y lacerar con la lengua. Oblicua punzada tras íntegra envoltura. Se queda abierta la sima y libre el pedestal ante otra profunda ingestión.

Y tan profunda…

… que se rompe la agonía en cien pedazos. El corazón se tambalea sin pedir perdón ni permiso. Llora un gruñido gutural sin que el beso rosa se inmute. Explosión de llamas.

Los labios teñidos de blanco como una flor de azucena en su zigurat de luz.

Iraultza Askerria

La puerta de los cielos

Bello Amanecer - Fernando Reyes Palencia

La puerta de los cielos me revelas
suspiro de tus labios nacarados,
tras un instante luego están sellados,
obstáculo de célicas parcelas.
¿Mas cómo franquear las dos gemelas
si en tan precioso edén no hay invitados?
Tan solo el aire pasa por sus lados
dejando allí diáfanas estelas.
¡Al fin! ¿Esa es la lógica de entrada?
Un soplo de mi boca en sus umbrales
e iré cual fugitivo de pasada.
¡Acierto! Y curo al fin los tantos males,
pues trabas mil pusieron en tu amada
y dulce boca de hábitos marciales.

Iraultza Askerria