Entre palabras

Photo - {author}Una palabra me viene a la mente y otra al corazón. Arriba se repite como un eco, siempre chocando contra las paredes de mis sesos y tornando a hacerse oír, como un manifestante fervoroso. Abajo los latidos impulsan el sonido del término por encima de los pulmones hasta quedar ahogado en el fondo de la garganta.

Mi boca, como siempre, enmudece; incapaz de acallar los gritos iracundos de la mente y el corazón. Ella siempre fue dulce, suave, melosa; instrumento violado por la codicia de los otros dos. Nunca supo rebelarse contra el despotismo de sus hermanos mayores y siempre vivió bajo su yugo.

En esta ocasión, mi boca estaba aterrada, inválida y desprotegida. De un lado a otro le venían frases, oraciones, palabras. No sabía a quién hacer caso: si a la mente siempre tan racional, sensata y juiciosa; o al corazón, implacable sentimiento de la fogosidad, la audacia y la juventud.

Y mientras tanto, el tiempo pasaba y mis ojos observaban cómo se iba el presente. Ante ellos se expandía la infinidad de la carretera, directa a la ciudad. Junto a mí, sentada en el asiento del copiloto, se hallaba una joven mujer. Era de mi edad, soltera como yo, bonita, dulce, simpática, amante del cine clásico y de la gastronomía mediterránea; trabajaba como secretaría de mi jefe.

Habíamos salido tarde de la oficina y me había visto obligado a llevarla a casa al perder ella el transporte público. No me había importunado en absoluto. Tampoco me hubiese importado viajar con ella a Londres, a donde acudiría dentro de dos días por un viaje de negocios y donde se hospedaría durante dos semanas.

Como ya se habrá percatado el lector, esa chica me gustaba mucho, me encantaba más bien, pero en ningún momento de nuestra relación profesional había podido ni había intentado conquistarla. Mi corazón estaba ansioso de salir con ella esa misma noche, de invitarla a cenar, de tomar unas copas, de conocerla mejor. Así se lo hacía saber a mi boca. Mi mente, en cambio, tenía una opinión totalmente opuesta: lo más adecuado era esperar a que regresase de Londres y entonces invitarla a un inofensivo almuerzo en el restaurante de la oficina.

Entre los argumentos de uno y los alegatos del otro, mi boca ignoraba qué hacer. Estaba aterrada, sintiendo los punzantes electrodos de la mente y las hondas palpitaciones del corazón. Emociones en medio de una guerra que no sabían que bando elegir.

El motor resonaba como los tambores de una batalla y marcaba el ritmo de la disputa entre el pecho y la cabeza. La garganta, muda en mitad de aquel cuerpo divido en dos, callaba y callaba, moviendo con su silencio las agujas del tiempo.

La quería para mí, la quería para esa misma noche. Entre mis brazos, entre mi aliento, entre mi móvil erecto. Sin embargo, la mente razonaba que la paciencia era una virtud y que ninguna conquista se sucedía en un día. Las cosas premeditadas funcionaban mejor. La opinión del corazón, contraria a la otra, giraba revoltosamente en la punta de la lengua, impulsando el músculo bocal fuera de los labios. La empujaba a emitir un sonido dulce, un clamor leve e intenso. Pero allí estaba el labio cerrado, siempre fiel a la mente hipócrita.

Finalmente, detuve el coche frente a su casa y no pude hacer nada más que mirar cómo ella se apeaba del automóvil y me abandonaba para siempre.

Nunca regresó de Londres.

Iraultza Askerria

Desfallecernos

Photo - {author}En la cama, tú y yo. Sol y tierra. Orbitando entre llamaradas, fogonazos, destellos, luminarias que desde los ojos alumbran la oscura habitación. Cósmica, de ensueño, éter tangible que destila el sudor de tu piel. Vuelta y vuelta alrededor del eje del amor. Entrelazando las perpendiculares de nuestros muslos. Enderezando un camino de átomos lubrificados a través de túneles angostos, vedados para los demás, abiertos para nosotros. Tú te expandes, yo me contraigo. El sistema fluye con sus órganos a flor de piel, ventilados por los suspiros… y los gemidos al correrse.Plenitud del universo en tus labios acompasados, retornando de su agonía a su sosiego, mientras soporta mi peso desfallecido.

Iraultza Askerria

Poesía…

Photo - {author}Poesía son tus nalgas desnudas bajo mis mordientes labios. Poesía es la cerrazón de tus muslos, que en su línea turgente esconden perlas rosas en un mar modesto. Poesía son tus lunares espolvoreados cual chocolate sobre la piel bronceada. Poesía es tu ombligo redondo, salino, perfumado, erótico, demencial. Poesía son tus ojos, tus ojos redondos y grandes, gigantescos, teas, luces, estrellas, soles. Poesía es tu gemido trotando sobre mi prado negro y enraizado. Poesía son tus giros y contorsionismos cuando me abandonas para besar el cielo. Poesía es tu corazón desbocado, irrefrenable, a punto de caer al acantilado de los sueños y los placeres. Poesía son tus manos cuando me masturban. Poesía es tu cuerpo de sirena hundido en la espesura de un orgasmo con sabor a semen. Poesía son las cosas que me dices al oídos cuando pierdes el pudor y el romanticismo. Poesía es hacerlo contigo y hacérselo a tu boca y a las entradas prohibidas de tu celo de princesa. Poesía eres tú, en ti misma, renovada mujer de cuento y fantasía. Toda la poesía que puedo escribirte mientras desfallezco.

Iraultza Askerria

El gerente ocupado

Despacho de Mauricio Macri, Jefe de Gobierno - {author}—María, toma nota de cuanto voy a decirte. A las diez, entrevista con el director de Industrias Petrolíferas. A las doce reunión con nuestro departamento de marketing. A la una estaré en mi despacho. Bajaré a comer a las dos. A las tres tengo que asesinar al señor Black, y por último…

—Perdón, ¿cómo ha dicho?

—¡Vaya! Se me ha escapado. Lo siento María. Apunta que a las cinco tendré que matarte.

Iraultza Askerria

El caballo de Helena

Caballo 003 - {author}Sobre la alfombra de la habitación, reposa un caballo de juguete. Está esculpido en madera, con unos ojos cilíndricos de color azul que parecen estallar en lágrimas. En su lomo se ha cincelado un epígrafe con letras rojas, apasionadas, llenas de cariño. Rezan lo siguiente: “betirako maite zaitut”, y debajo, con una grafía diminuta, aparece el nombre del escultor. Al lado, el de la princesa a quien va dedicado semejante regalo. Un juguete con forma de caballo y corazón que llora ante la soledad a la cual se le ha desterrado.

En la misma habitación, en una cama individual que limita con la alfombra, se escuchan unos gemidos intermitentes, agudos e intensos. Los muelles del colchón gritan infieles ante la ofensa de su uso. La almohada se encoje ante el sudor lujurioso de los dos amantes. Y el caballo de madera, exiliado en la alfombra, contempla entre lágrimas cómo su amada abre las piernas a un amor desconocido.

El aire se vicia y la luz se ensombrece; los segundos se ahogan y el cariño agoniza; la vida parece una ironía y la muerte un destino anhelado. Ante los ojos del juguete de madera, su Helena ha regresado con Menelao.

El caballo cierra los párpados, incapaz de asistir a tanta deslealtad y desapego. No quiere mirar; se enclaustra en sus pensamientos recordando el duro trabajo que le supuso al escultor tallar su cuerpo.

Unos minutos después, el hombre se baja de la cama y aterriza encima del juguete de madera.

El caballo se parte en dos, como un corazón roto.

Iraultza Askerria

Diciendo adiós

Photo - {author}Tarde o temprano todo el mundo siente que la vida, en un principio maravillosa y tierna, aparece infatigablemente cruel y ladina al otro lado del muro de la ilusión. Es allí donde surgen sus garras más temidas, mezcladas de casualidad y sofisticada conspiración, para arrancar en un instante la mera ilusión de existir, la esperanza de mantenerse con vida.

Di adiós a la alegría, di adiós a la felicidad, da la bienvenida a un amor que te puso los cuernos y, después, si tienes cojones, pégate un tiro.

Iraultza Askerria

Mi universo

Photo - {author}
Has sido esculpida con trocitos del universo: polvo de estrellas, soles ardientes, enanas blancas y nebulosas de gas. La canción del cosmos a la puerta de tus labios y tus pensamientos surcando a la velocidad de la luz. Alrededor tuyo orbito como un planeta condenado a no alcanzarte, deseoso de que te unas a mí en una explosión agónica.

Iraultza Askerria

La tabernera

Photo - {author}Allá en los albores de este siglo, conocí a una tabernera fea, fondona, vestida de cinturones que parecían faldas y delantales más largos que una mesa de comedor. Un tímido bigote le asomaba sobre el labio y unas frondosas cejas coronaban su testuz de calabaza. Los parroquianos la llamaban burlonamente «la Macha», riéndose a su costa.

Yo sentí lástima por ella, o quizá odio hacia aquellos borrachines de mala lengua. En esto estaba, cuando resolví acostarme con ella esa misma noche. De lo que ocurrió en su dormitorio nada os diré. Pero sí las consecuencias de aquella relación:

Debido a mi incipiente fama, «la Macha» comenzó a protagonizar las portadas de las revistas del corazón, a exhibirse en los programa de tertulia de sobremesa y a ganar más y más dinero debido a las entrevistas y a la prostitución de imagen.

Yo desaparecí de su vida, pero los parroquianos que tanto la habían menospreciado, comenzaron a cortejarla con rosas, poemas, cartas de amor y mil y un requiebros.

Ninguno consiguió nada.

Iraultza Askerria

El amor de mi vida

copa y papel arrugado - {author}

Los versos se acumulan entre dolor y retazos de papel. Las palabras se amontonan ante el espejo de la soledad. Y tú en ellos apareces, como una estrella de fugaces resplandores, iluminando la desdicha de mi vida con el fuego del amor. Pero tan rápido como llegas, marchas, ¡desapareces!, y la efímera fortuna, agotada, me estrangula. El desgarro de tu ausencia me mata; la incapacidad de mis deseos me ahoga, y todo víctima de un sentimiento que sólo a tu lado puede ser hermoso.

Doy la vuelta a la hoja, la observo entre lágrimas. Los versos se destiñen ante mi lamento, y la tinta -color de mi sangre- me envenena. Aprieto el papel con la ira de mis puños, harto. Con furia arrojo la hoja lejos de mí, en un intento vano de alejar mi pesar. Pero al volver la cabeza, encuentro sobre mi escritorio más y más papeles que se abalanzan sobre mí, siendo tan solo un cúmulo de sueños y fantasías con forma de frases armoniosas. Nada más que una plaga de poemas, desconocidos por la musa que los inspiró. Por ti… mi vida.

¿Qué es la vida sino un momento?
¿Qué eres tú si no la eternidad?
¿Qué soy yo si no un lamento
y un resto de soledad?

Tantos versos se abren y luchan por salir a flote, como inmensa es la impotencia que me roe las vísceras. La furia me embarga, y solo hay oscuridad mientras mis puños se ceban con los hijos que yo mismo escribí. Los papeles blancos se tornan rojos y mis uñas sangran, sangran por pecadoras. En la habitación del demonio, gritos dementes y desgarradores dan la bienvenida al infierno.

Pero entonces, todo termina y el caos se diluye bajo la fuerza del cariño. Porque entre los inútiles papeles garabateados, surge una pequeña foto, un retrato de tu rostro que, majestuoso y divino, surte efecto ante el caos incontenible que me asola.

Los ojos de almendras, llenos de vida; los cabellos de ébano y lisos como un océano templado; las mejillas tersas y dulces; y los labios de fresa llenos de secretos. Todo ello se dibuja en la fotografía bajo el pincel de una sonrisa, de tu sonrisa. Una sonrisa que retrata en una pequeña lámina de papel la imagen más bonita del universo entero.

En ese instante, comprendo por qué te amo tanto y, más aún, por qué te necesito tanto. Aferro el retrato con fuerza y lo acerco a mis trémulos labios. Te beso como si fuese el último beso…, que te di… o que te daré… ¡quién sabe! Pero te beso con fuerza, con total ternura, sabiendo que eres el único amor de mi vida.

Iraultza Askerria