Eso eres tú

Esa sonrisa - {author}

Planetas que giran
en torno una estrella.
Suspiros que avivan
la luz de una vela.
Eso eres tú:
¡el fuego, la llama y mi reina!
Árboles que beben
caudal de la tierra.
Pétalos que mecen
el más dulce néctar.
Eso eres tú:
¡el agua, la miel y mi esencia!
Olas encrespadas
por el suave céfiro.
Pájaros que cantan
en el firmamento.
Eso eres tú:
¡el canto, la brisa y mi cielo!
Ojos que se cierran
en único beso.
Latidos que yerran
bajo un mismo pecho.
Eso eres tú:
¡el tacto, la fuerza y mi cuerpo!

Los versos compuestos,
sutil melodía
de amores eternos
de todos los días.
Eso eres tú:
¡el tiempo, el arte y mi vida!

Iraultza Askerria

Entre palabras

Photo - {author}Una palabra me viene a la mente y otra al corazón. Arriba se repite como un eco, siempre chocando contra las paredes de mis sesos y tornando a hacerse oír, como un manifestante fervoroso. Abajo los latidos impulsan el sonido del término por encima de los pulmones hasta quedar ahogado en el fondo de la garganta.

Mi boca, como siempre, enmudece; incapaz de acallar los gritos iracundos de la mente y el corazón. Ella siempre fue dulce, suave, melosa; instrumento violado por la codicia de los otros dos. Nunca supo rebelarse contra el despotismo de sus hermanos mayores y siempre vivió bajo su yugo.

En esta ocasión, mi boca estaba aterrada, inválida y desprotegida. De un lado a otro le venían frases, oraciones, palabras. No sabía a quién hacer caso: si a la mente siempre tan racional, sensata y juiciosa; o al corazón, implacable sentimiento de la fogosidad, la audacia y la juventud.

Y mientras tanto, el tiempo pasaba y mis ojos observaban cómo se iba el presente. Ante ellos se expandía la infinidad de la carretera, directa a la ciudad. Junto a mí, sentada en el asiento del copiloto, se hallaba una joven mujer. Era de mi edad, soltera como yo, bonita, dulce, simpática, amante del cine clásico y de la gastronomía mediterránea; trabajaba como secretaría de mi jefe.

Habíamos salido tarde de la oficina y me había visto obligado a llevarla a casa al perder ella el transporte público. No me había importunado en absoluto. Tampoco me hubiese importado viajar con ella a Londres, a donde acudiría dentro de dos días por un viaje de negocios y donde se hospedaría durante dos semanas.

Como ya se habrá percatado el lector, esa chica me gustaba mucho, me encantaba más bien, pero en ningún momento de nuestra relación profesional había podido ni había intentado conquistarla. Mi corazón estaba ansioso de salir con ella esa misma noche, de invitarla a cenar, de tomar unas copas, de conocerla mejor. Así se lo hacía saber a mi boca. Mi mente, en cambio, tenía una opinión totalmente opuesta: lo más adecuado era esperar a que regresase de Londres y entonces invitarla a un inofensivo almuerzo en el restaurante de la oficina.

Entre los argumentos de uno y los alegatos del otro, mi boca ignoraba qué hacer. Estaba aterrada, sintiendo los punzantes electrodos de la mente y las hondas palpitaciones del corazón. Emociones en medio de una guerra que no sabían que bando elegir.

El motor resonaba como los tambores de una batalla y marcaba el ritmo de la disputa entre el pecho y la cabeza. La garganta, muda en mitad de aquel cuerpo divido en dos, callaba y callaba, moviendo con su silencio las agujas del tiempo.

La quería para mí, la quería para esa misma noche. Entre mis brazos, entre mi aliento, entre mi móvil erecto. Sin embargo, la mente razonaba que la paciencia era una virtud y que ninguna conquista se sucedía en un día. Las cosas premeditadas funcionaban mejor. La opinión del corazón, contraria a la otra, giraba revoltosamente en la punta de la lengua, impulsando el músculo bocal fuera de los labios. La empujaba a emitir un sonido dulce, un clamor leve e intenso. Pero allí estaba el labio cerrado, siempre fiel a la mente hipócrita.

Finalmente, detuve el coche frente a su casa y no pude hacer nada más que mirar cómo ella se apeaba del automóvil y me abandonaba para siempre.

Nunca regresó de Londres.

Iraultza Askerria

Despertar

Un instante, una vida - {author}
No existe amanecer o despertar
más hermoso que el que ocurre a tu lado.
Abre uno la mirada por mirar
el más bonito ser que el mundo ha dado.
Sobre la cama sabes semejar
la perfección del arte y es probado,
el grande privilegio que es amar
a esta niña, que me ha enamorado.
Que suerte tuve yo al quitarme el sueño
junto a la desnudez de tu pureza
la misma que de mí se hacía dueño,
porque un hombre se vuelve por ti siervo
al contemplar la alborada belleza
que dormita en tu piel, ahora mi acervo.

Iraultza Askerria

Semblante celeste

PENSANDO EN ... (hdr) - {author}

Las nubes funden gasas y fulgores
bajo el sol y la luna, cual luceros
con sendos nubarrones carceleros,
par de avizores van tocando ardores.
Bajo de ellos con pálidos colores
en oval se aglutinan agujeros
y se extienden de ahí por los veleros
tomando como imagen los albores.
Que tus mejillas rosas, labios rojos,
eterna y blanca tez, mirada en celo,
son del cielo invencible grata fronte.
Pues al mirar arriba desde el suelo
espejo de tu rostro entra en mis ojos
como si fueras par del horizonte.

Iraultza Askerria

Tatuajes

Photo - {author}
Tinta azul en tu piel de alabastro.
Hay cartas que se escriben y nunca llegan.
La palabra escrita bajo tu epidermis tersa.
Correspondencia ahogada en una playa distinta.
Los recuerdos son pájaros que emigran al sur
entre el negro escaparate de los sellos oxidados.
Tantos buzones repletos de mentiras
como verdades hay en tu corazón de migrañas.
¿Y las alimañas? Esas que envenenan
la carne y las letras de esponja
que absorben los amores y disuelven
las alegrías con martillos y discusiones.
Exilio. El ave vuela.
Un maletín de folios.
No más direcciones
ni caminos ni veredas.
Todo soterrado por la arena.
¿A dónde llegarán las alas
de tinta hueca?

Iraultza Askerria

Desfallecernos

Photo - {author}En la cama, tú y yo. Sol y tierra. Orbitando entre llamaradas, fogonazos, destellos, luminarias que desde los ojos alumbran la oscura habitación. Cósmica, de ensueño, éter tangible que destila el sudor de tu piel. Vuelta y vuelta alrededor del eje del amor. Entrelazando las perpendiculares de nuestros muslos. Enderezando un camino de átomos lubrificados a través de túneles angostos, vedados para los demás, abiertos para nosotros. Tú te expandes, yo me contraigo. El sistema fluye con sus órganos a flor de piel, ventilados por los suspiros… y los gemidos al correrse.Plenitud del universo en tus labios acompasados, retornando de su agonía a su sosiego, mientras soporta mi peso desfallecido.

Iraultza Askerria

Poesía…

Photo - {author}Poesía son tus nalgas desnudas bajo mis mordientes labios. Poesía es la cerrazón de tus muslos, que en su línea turgente esconden perlas rosas en un mar modesto. Poesía son tus lunares espolvoreados cual chocolate sobre la piel bronceada. Poesía es tu ombligo redondo, salino, perfumado, erótico, demencial. Poesía son tus ojos, tus ojos redondos y grandes, gigantescos, teas, luces, estrellas, soles. Poesía es tu gemido trotando sobre mi prado negro y enraizado. Poesía son tus giros y contorsionismos cuando me abandonas para besar el cielo. Poesía es tu corazón desbocado, irrefrenable, a punto de caer al acantilado de los sueños y los placeres. Poesía son tus manos cuando me masturban. Poesía es tu cuerpo de sirena hundido en la espesura de un orgasmo con sabor a semen. Poesía son las cosas que me dices al oídos cuando pierdes el pudor y el romanticismo. Poesía es hacerlo contigo y hacérselo a tu boca y a las entradas prohibidas de tu celo de princesa. Poesía eres tú, en ti misma, renovada mujer de cuento y fantasía. Toda la poesía que puedo escribirte mientras desfallezco.

Iraultza Askerria

El gerente ocupado

Despacho de Mauricio Macri, Jefe de Gobierno - {author}—María, toma nota de cuanto voy a decirte. A las diez, entrevista con el director de Industrias Petrolíferas. A las doce reunión con nuestro departamento de marketing. A la una estaré en mi despacho. Bajaré a comer a las dos. A las tres tengo que asesinar al señor Black, y por último…

—Perdón, ¿cómo ha dicho?

—¡Vaya! Se me ha escapado. Lo siento María. Apunta que a las cinco tendré que matarte.

Iraultza Askerria

De fuego y carmín

 - {author}
Es de fuego y carmín, combustible nevado,
donde alegre perdura tu aniñada sonrisa
que discurre sin fin por tu boca deprisa
sonando en el apuro de mi amor encerrado,
pues palpita mi pecho, cuando llega a mi lado
el certero y el tibio, el clamor de tu risa
que se vuelve un alivio del yo, necesitado,
de corazón maltrecho, por tu lejana brisa.
Que necesito oírte, y oír bien a tu boca
y beber del enjuague de tus húmedos labios,
honda caverna dulce, que a mi alma vuelve loca.
Ojalá llegue el día para unir a ti mi alma
al reencontrarnos más ardientes y más sabios
y besarnos, reírnos, mientras te escucho en calma.

Iraultza Askerria

El caballo de Helena

Caballo 003 - {author}Sobre la alfombra de la habitación, reposa un caballo de juguete. Está esculpido en madera, con unos ojos cilíndricos de color azul que parecen estallar en lágrimas. En su lomo se ha cincelado un epígrafe con letras rojas, apasionadas, llenas de cariño. Rezan lo siguiente: “betirako maite zaitut”, y debajo, con una grafía diminuta, aparece el nombre del escultor. Al lado, el de la princesa a quien va dedicado semejante regalo. Un juguete con forma de caballo y corazón que llora ante la soledad a la cual se le ha desterrado.

En la misma habitación, en una cama individual que limita con la alfombra, se escuchan unos gemidos intermitentes, agudos e intensos. Los muelles del colchón gritan infieles ante la ofensa de su uso. La almohada se encoje ante el sudor lujurioso de los dos amantes. Y el caballo de madera, exiliado en la alfombra, contempla entre lágrimas cómo su amada abre las piernas a un amor desconocido.

El aire se vicia y la luz se ensombrece; los segundos se ahogan y el cariño agoniza; la vida parece una ironía y la muerte un destino anhelado. Ante los ojos del juguete de madera, su Helena ha regresado con Menelao.

El caballo cierra los párpados, incapaz de asistir a tanta deslealtad y desapego. No quiere mirar; se enclaustra en sus pensamientos recordando el duro trabajo que le supuso al escultor tallar su cuerpo.

Unos minutos después, el hombre se baja de la cama y aterriza encima del juguete de madera.

El caballo se parte en dos, como un corazón roto.

Iraultza Askerria