A imitación de los poetas clásicos

Il poeta - {author}

Yo quiero que tengamos un momento
para leer a clásicos poetas
que escribieron sonetos y saetas
alentados por tierno sentimiento,
y después imitar en nuestro aliento
los mismos versos, rimas y cuartetas
abrazando las mismas silüetas
que guardan el amor que por ti siento.
Luego realizaremos distinción
entre el amor de antaño y el de ahora,
entre el verso de ayer y nuestro caso.
Y entenderemos bien y con razón
que nuestro amor y verso hasta mejora
a Bécquer, Espronceda y Garcilaso.

Mi fe divina

Photo - {author}

Permíteme tañer las cuerdas suaves
de tu alma reventada por la ausencia
de no tener tan cerca mi querencia
y no poder gustar tus bienmesabes
con mis labios capaces de hacer aves
en tu boca extendida cual la esencia
de una tormenta azul en cuya herencia
suenan gemidos mientras no te acabes
en el indescriptible y tenaz gozo
que carcome tu piel acelerada
mientras mi lengua se hunde en rojo pozo
donde brilla una perla cristalina
diminuta, escondida y remojada
a la que demostrar mi fe divina.

Iraultza Askerria

El universo se detiene

Photo - {author}Quiero coger tus palabras al vuelo y acunarlas en mi boca para que no quede perdido el eco de tu voz y pueda filtrar por mi alma los tibios pensamientos tuyos.

Quiero desnudarte con los dedos y con los labios vestirte, lamiéndote el frío para que no quede nunca tu cuerpo desamparado en la intemperie de la distancia.

Quiero que choquen nuestras mejillas y se aten las manos y que reste espacio para el trotar de los besos; que siempre estemos unidos, inseparables, con las bocas fundidas y los labios pegados.

Iraultza Askerria

Soneto a tu boca

Pamela Machado - Pamela Machado

Sabe que son tus labios ambrosía
ruinas azucaradas del deseo
en cuya remembranza me recreo
esperando besarlas otro día,
pues conociendo ya la dulce vía
de tu boca, me he vuelto yo un ateo
del resto de mujeres donde es feo
el placer que en tu caso es gloria mía.
Pues digo yo, sincero, que besarte
es rozar un instante el vasto ciello
levantando endeudado el estandarte
que desea también tocar tu sello,
y hacer en su textura un poco de arte
digno de quien te escribe algo tan bello.

Iraultza Askerria

Yo te he buscado

THE PATH _ there's something on my mind - {author}

Yo te he buscado
entre las rocas de un imposible,
ante los muros de un monte enhiesto
que se acrecienta con cada paso.
Yo te he buscado
entre los humos de un rato libre,
ante las pocas gracias del lento
adiós del ágil labio encarnado.
Yo te he buscado
entre el rechazo y la agonía,
ante la espalda que aquel instante
volviste a un rostro enamorado.
Yo te he buscado
entre las noches y entre los días,
ante el deseo que se equivale
con el amor más fiel y franco.
Yo te he buscado
Yo te he anhelado
Yo te he sentido ante mis labios.
Yo te he querido,
yo te he vestido,
yo te he cubierto de regalos.
Tú te has marchado,
tú te has cansado
de un loco atento enamorado.
Tú te has rehecho,
tú te has deshecho
de una memoria que nada importa.

Iraultza Askerria

La puerta de los cielos

Bello Amanecer - Fernando Reyes Palencia

La puerta de los cielos me revelas
suspiro de tus labios nacarados,
tras un instante luego están sellados,
obstáculo de célicas parcelas.
¿Mas cómo franquear las dos gemelas
si en tan precioso edén no hay invitados?
Tan solo el aire pasa por sus lados
dejando allí diáfanas estelas.
¡Al fin! ¿Esa es la lógica de entrada?
Un soplo de mi boca en sus umbrales
e iré cual fugitivo de pasada.
¡Acierto! Y curo al fin los tantos males,
pues trabas mil pusieron en tu amada
y dulce boca de hábitos marciales.

Iraultza Askerria

Lazo rosa

Rosa - {author}Lazo rosa, de piña colada, con una sutil textura picante. Tierna gracia sin fin, como la fresa que al morderla exhala cálidas vitaminas. Pan de molde cuya miga de pan se mantiene siempre blanda. Fogosa delicia que despide una fragancia única. Flor de doble pétalo rosado, cuyas semillas blancas traen frutos de ensueño, no hallados en ningún otro edén del universo, más que en tu cara.

Así pienso que es tu boca: una obra perfecta de la naturaleza, con sus largas comisuras y su carnosidad caliente, donde germina todo un jardín de sensaciones. Habla y grita, muerde y saborea, destila el meloso gusto de tu lengua punzante, como la espina de un rosal, que protege coquetamente el borde de los labios.

Es allí donde florecen los deseos de este hombre, tibios y sinceros, que encuentran en la profundidad de tu garganta el escondrijo en el que ocultar sus razones, sus secretos, su amor y su alma entera.

Iraultza Askerria

El beso

Photo - {author}

La sonrisa de la luna en un rostro de estrella
cuando la noche llora y es fría la tormenta,
hasta mis labios llega tuyo el sabor de menta
y guerrean las lenguas en fogosa querella.
Te paras un instante. Yo muerdo la grosella
de una boca que juega con mi amor que acrecienta.
Pero la abres de nuevo y en la lucha violenta
me recuerdas quien manda bajo la noche bella.
Tus dientes se han clavado. Mi labio escapa presto.
Tu lengua me envenena cual adictiva droga.
Tu fuerza me encadena bajo invencible peso.
Mi yo se desvanece sin resistir tu gesto
y quedan mis memorias bajo tu sed que ahoga.
Me rindo y me someto a tan terrible beso.

Iraultza Askerria

A una boca terca

Sueño - {author}

Terca boca escrupulosa
de unos besos cariñosos,
encuentras más pasión entre los restos
de un paladar ambicioso.
Terco labio lacerado
por la gracia de un fogoso,
como del sol ardiente llamarada
que quema hasta lo más hondo.
Terca niña que entre llantos
corres en busca de un hombro
sobre el que lamentar, siempre ignorando
que caminas entre locos.
Terca razón femenina
me apartaste como a pocos.
Ora, dañada, vuelves a mi vida
para ahogarme con tus lloros.

Iraultza Askerria

Besos enajenados

Photo - {author}Tus pestañas parecían derretirse como cera bajo el influjo de mis besos. Con los ojos cerrados y el cuerpo inmóvil, te rendías ante los encantos de un desconocido, que bien podría haber sido un violador o, peor aún, un asesino.

Pero cuando mis labios actuaban, no había mujer que pudiera resistirse a mis encantos.

Esto lo descubrí siendo adolescente, cuando me revolqué en la playa con la chica más egocéntrica, prepotente, avariciosa e irascible de todo el instituto. Una vez mis labios rozaron los suyos, la chica dejó a un lado su carácter ególatra y antipático para convertirse en una princesa en apuros, dulce e inocente. A mi merced.

Igualmente, a ti te tocaba ahora estar a merced de mi voluntad, sin más defensa que un agudo gemido atemporal que poco me importaba escuchar.

Lo cierto es que terminé rápidamente contigo y con tu complacencia empalagosa, y después de eso, abandoné tu lecho, tu habitación y tu casa para rendirme a la penumbra de la noche; igual que tantas otras veces había hecho ya.

Al fin, exhalando la libertad de la madrugada, deambulé sin destino alguno por las avenidas y los parques de Ginebra. La luna me perseguía, acosadora, desde aquella lejana vez en la cual alcé la cabeza y sin pensarlo mucho la mandé un beso. Desde entonces, ella tampoco había podido resistirse a mis labios, y me seguía a todas partes.

En este punto, me perdí en el amplio Parque de los Bastiones. Crucé sus calzadas pedregosas, avancé por el Muro de los Reformadores y me encaminé hacia los gigantescos tableros de ajedrez pintados en la misma plaza. Llegué a un recodo y me detuve un instante junto a un enorme matorral de forma triangular.

Alcé la vista por encima del arbusto y visualicé a una joven pareja acomodada en un banco metálico de color verde. Una farola se alzaba por encima de ellos, iluminando a los amantes como el foco de un teatro. Al ver tanta luminosidad, yo me sentí desterrado a una sombra perpetua de la que no podía escaparme.

El chico se encontraba sentado en el banco. La chica se había acomodado sobre la cadera de su amante con las piernas flexionadas y abiertas. Ella se inclinaba para besarle en la boca apasionadamente. El chico parecía extasiado ante los besos de su amante y pude ver en sus ojos el mismo destello, el mismo gozo, la misma falta de voluntad que yo veía en todas las mujeres que probaban mis labios. En ese instante, la chica volvió la cabeza hacia mí y me miró con sus ojos radiantes, seguros, lujuriosos e indiscutibles.

Sentí envidia, deseo y un tímido agarrotamiento en mis músculos.

Acababa de encontrar a mi media naranja.

Iraultza Askerria