6 lugares para reencontrarse con la inspiración

Mi inspiración lleva tu nombre... - Camila S.Subiabre¿A quién no le ha ocurrido? Esa desgana, ese bloqueo emocional, esa musa desconocida que desaparece de la vida durante días, semanas, incluso meses. El escritor se pone a trabajar y la inspiración no llega; las palabras parecen sucias pegatinas sin un párrafo al que adherirse. ¿Qué hacer en esos momentos? ¿Qué hacer cuando no hay inspiración?

Lo mejor es ir a buscarla: levántate de la silla, coge un cuaderno y acompáñame. Te mostraré varios lugares durante las musas abundan.

Un paseo por la playa o por la montaña.

Sea cual sea la situación geográfica y los gustos de cada uno, reencontrarse con la naturaleza es reencontrarse con el interior de uno mismo, con el alma más primigenia del ser humano. La naturaleza nos permite observar tanto interna como externamente de qué esta compuesto el mundo y nosotros mismos. El entorno natural nos permite citarnos con la divinidad, con el todo y la nada, con lo grande y lo pequeño, con la musa verde y dorada, con la lágrima y la sal.

En los parajes naturales las ideas fluyen como el agua y no es difícil encontrar nuevas promesas literarias.

Las estaciones, andenes y apeaderos

En un andén de la estación, en la cristalera de la parada de un autobús, en las cafeterías del aeropuerto donde la familia toma su último café. Lugares de encuentro entre amigos y comerciales, familiares y amantes; lugares donde abundan los abrazos y las lágrimas. Las historias en los aeropuertos, andenes y estaciones abundan tanto como las personas que los recorren. Cada uno es un tesoro que llama a las puertas de nuestra imaginación despertando a las musas dormidas.

No hay que dejar escapar el momento benigno para contar una historia mientras esperamos al transporte de turno.

Visita un bar desconocido

Un refresco o un café. Lo que desees. Pero vete solo a ese bar, taberna, pub, establecimiento, cafetería, etc. Sin más compañía que un cuaderno y un bolígrafo. Observa a los camareros, los clientes, los proveedores, la máquina expendedora de tabaco, la barra, los muebles, la música, la televisión, el brillo de los licores, el aroma de los zumos. Cada sensación te contará una historia sin que te percates de ello.

Adéntrate en un museo

Pinturas, esculturas, colecciones arqueológicas, un paseo por la etnología de un pueblo. Hay miles de museos, cada uno con sus secretos, con sus joyas expuestas en vitrinas o paredes. En estas entidades culturales, el arte abunda y, consecuentemente, la inspiración se recrea invariable y constante. Pocos momentos habrá, tan culminantes en el arte, como intentar desentrañar lo que otros artistas han querido decir. Igualmente, pocas sensaciones tan plenas habrá como lograr entender la historia, el relieve, la tecnología o la cultura de una comunidad.

Visita una biblioteca

Rodéate de libros, letras, palabras, cultura. Proponte un juego: abre un diccionario o una enciclopedia o novela aleatoria y busca una palabra cualquiera. Luego recorre la biblioteca por todos sus pisos y cuartos; tendrás que encontrar esa misma palabra en el título de alguna publicación. ¿Lo encontrarás? Y si lo haces, ¿qué encontrarás? La biblioteca es el lugar con la mayor concentración de inspiración y literatura; perderse en la misma obliga a perderse entre obras y musas. Que alguna de ellas nos hable, sólo es cuestión de tiempo.

De concierto en concierto

La música amansa a las fieras y excita la inspiración. Las musas de Apolo fueron artistas de las canciones, la armonía, la poesía, etc. No olvides rodearte de jazz, rock, rap, country, reggae, rumba, flamenco, pop, salsa… Cada ritmo guarda un pequeño microrrelato. Rodéate de instrumentistas y de fans y siente la vehemencia de la música latiendo en tu corazón al mismo ritmo que la percusión.

Las melodías del mundo son palabras en forma de aire y espíritu. Escúchalas y transcribe sus voces.

Escribe todos los días y haz algo nuevo cada vez

Estos son los últimos dos consejos y, posiblemente, los mejores, que resumen invariablemente lo que pienso sobre la inspiración. Hay que escribir todos los días, sean 100 o 1000 palabras, sea prosa o poesía, pero escribir algo todos los días. Además de visitar playas, montañas, estaciones, bares, museos, bibliotecas y salas de música, también hay que adentrarse en otros lugares, conociendo gente nueva y sumergiéndose en nuevos mundos.

El escritor vive de su escritura y de la experiencia. La novedad incita la inspiración. La monotonía mata la inspiración. Corre, vuela y háblale al mundo.

El mundo te contará sus historias.

Iraultza Askerria

¿Qué es un soneto?

“Un soneto perfecto vale por un largo poema.”
Nicolás Boileau

Poesía

Seamos simples: un soneto es la estructura clásica de la poesía culta, compuesta por catorce versos de once sílabas y dividida a su vez en cuatro estrofas; la primera y la segunda formada por cuatro versos (cuartetos) y las últimas dos por tres versos (tercetos); y provista además de rima consonante de tipo ABBA ABBA CDE CDE, aunque la de los tercetos es variable.

Así de sencillo. Cualquier otro intento de definición no son más que florituras y añadidos detallistas, lo cual me encanta y resulta indispensable para conocer las variantes, requisitos y arquetipos de esta forma poética italiana.

Veamos un ejemplo de soneto:

 

Un soneto me manda hacer Violante, (11A)
que en mi vida me he visto en tal aprieto; (11B)
catorce versos dicen que es soneto: (11B)
burla burlando van los tres delante. (11A)

Yo pensé que no hallara consonante (11A)
y estoy a la mitad de otro cuarteto; (11B)
mas si me veo en el primer terceto (11B)
no hay cosa en los cuartetos que me espante. (11A)

Por el primer terceto voy entrando (11C)
y parece que entré con pie derecho, (11D)
pues fin con este verso le voy dando. (11C)

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho (11D)
que voy los trece versos acabando; (11C)
contad si son catorce, y está hecho. (11D)

Lope de Vega

 

Métrica y acento rítmico

Es fácilmente visible la estructura formada por dos cuartetos y dos tercetos, además de los versos endecasílabos (once sílabas), que he anotado junto a este poema de Lope de Vega. Por tanto, este ejemplo es un paradigma del soneto clásico: el soneto por antonomasia. No hay más que enumerar las sílabas de cada verso, respetando la sinalefa, para cerciorarse de la métrica correcta.

Además, he subrayado en cada uno de los versos una sílaba en concreto: se trata de la sílaba número seis, sílaba que en los endecasílabos debe estar acentuada; se considera que es un acento rítmico. Aunque pueda parecer una incongruencia, el acento rítmico de la sílaba seis, es más importante que la propia rima.

Para comprobar esto, cambiemos el primer cuarteto, no respetando el acento rítmico de la sexta sílaba:

Un soneto mándame hacer Violante,
que en mi vida nunca vi tal aprieto;
catorce versos tenemos soneto:
van, burla burlando, los tres delante.

Si se lee con atención, se percibirá un sonido inarmónico, una caótica confusión en el tercer verso, algo que nos obliga a cortar la lectura debido a la traba que supone el acento rítmico de la séptima sílaba. Los restantes versos disponen el acento rítmico en la sílaba cinco. Ninguno se marca en la sílaba seis, que es la regla universal del verso endecasílabo.

Ahora bien, como toda regla universal, puede infringirse, estableciéndose el acento rítmico en el verso 5, en el 4 y 8, etc. Pero sea cual sea el elegido, es primordial mantener una estructura fija para no obstaculizar la lectura y marcar el soneto con un ritmo musical y acompasado.

La rima

La métrica contempla la clásica estructura del endecasílabo, incluyendo su acento métrico de la sílaba seis. La rima es igual de respetuosa con el clasicismo del siglo de oro de las letras españolas.

Los cuartetos conforman la sucesión rimada de ABBA ABBA. Es la más extendida, aunque no la única. También es aceptable la forma ABAB ABAB, en cuyo caso los cuartetos se denominan serventesios.

Los tercetos son algo más complejos. Su rima se encadena entre uno y otro verso formando estructuras rimadas del tipo CDE-CDE, CDC-DCD y otras menos extendidas. Desde mi modesto punto de vista, la elaboración de un terceto es más complicada que la de un cuarteto, razón por la cual hay que tener muy clara la rima que se va a emplear.

Sea cual sea la elección, es importante elaborar el verso con rima consonante.

Las variantes

Hasta aquí se ha estudiado el soneto clásico, el mismo que nos legaron Lope, Quevedo y Góngora. Desde entonces, han transcurrido siglos y el soneto ha adquirido nuevas formas y diseños, desde el soneto alejandrino de Ruben Darío hasta el soneto polimétrico de Manuel Machado, sin olvidarnos de sonetos de arte menor conocidos como sonetillos de ocho, siete… y hasta tres sílabas. También se componen complicadísimos soneto con eco, del cual os cedo un ejemplo, o el prolongado soneto con estrambote.

Mil y una formas que nos demuestran la variedad de la poesía, y que siempre queda algo por inventar en un arte tan versátil como éste. Si quieres saber más sobre el soneto te recomiendo la lectura de un artículo histórico dedicado a sus orígenes y, si te atreves a escribirlo sigue mis consejos en cómo escribir un soneto.

Iraultza Askerria

También te puede interesar

Sobre la gente que grita

Empty shout [EXPLORED] - Joaquin VillaverdeMe río de la gente que grita. Esa gente que se limita a chillar como un cerdo degollado, furiosa de su personalidad y repleta de envidia hacia las personas que les rodea. Te gritan queriendo gritarse a sí mismos; te insultan mencionando las lacras que guardan dentro de su viciado espíritu, te vejan deseando las virtudes que ellos tachan de defectos.

Esos desgraciados individuos que gritan se odian tanto a sí mismos que son incapaces de ver más allá de su corazón. Con sus zumbidos de mosquito pretenden inculcar miedo, cuando son ellos quienes se aterrorizan a causa de la sombra de su propio desprecio.

Proclaman, como dictadores, que tienen razón —y derecho— en cada uno de los zarpazos y gruñidos que lanzan al aire, y claman con lágrimas al no entender ni poder controlar su voluntad. La mayoría de ellos cuando se percata de que nadie escucha sus alaridos de perro rabioso, proceden a levantar la voz, graznando aun más alto, y al final, se quedan sordos de egoísmo; algunos, incluso —y parece mentira—, también mudos.

Esas personas —que hay muchas en el mundo— nunca cambian. Se muestran, ante el espejo de la realidad, como seres superiores y orgullosos; se envalentonan ante cualquier nimiedad; se exaltan y se enfadan; y sobre todo gritan. No respetan a nadie ni se respetan a sí mismos. Son como buitres.

Pero en la soledad de su colchón, son menos que carroña. Hunden la cabeza en la almohada, lloran por la desdicha que empaña su vida y se aferran como un sueño a todo cuanto han despreciado durante el día. Cuando están solos, en un reservado silencio, maldicen su trabajo de diez horas en el pozo de alguna fábrica, se quejan de las tantas parejas que han formado a lo largo de su existencia porque ninguna las amó realmente, reclaman una oportunidad que evoque aquellas que dejaron pasar, imploran que el padre al que nunca dijeron “te quiero” les abrace por una vez. La gélida dureza que muestran ante la gente se derrite bajo el calor y el peso de la noche, y los gritos se convierten en súplicas.

En realidad, son criaturas indefensas, que anhelan ser lobos cuando no son más que corderos. Su propio orgullo les devora.

Lástima. Ellos gritan; yo sonrío.

Iraultza Askerria

Los primeros proletarios

“¡Proletarios de todos los países, uníos!”

El 1º de Mayo se recuerda a los martires de Chicago - rafa59(II)

Con esta frase se convertía en leyenda el Manifiesto del Partido Comunista, obra del filósofo Karl Heinrich Marx y Friedrich Engels y una de las proclamas más influyentes de la historia. Esta consigna de origen alemán sigue siendo uno de los lemas más representativos del comunismo internacional a pesar de sus más de 150 años de vigencia. Pero pese a su relativa modernidad y el merecido protagonismo que recibió el proletariado a partir de entonces, lo cierto es que el proletario existía desde hacía dos milenios.

¿Qué es el proletariado?

No obstante, antes de adentrarnos en el origen de esta interesante palabra, vamos a definir correctamente el término moderno de proletario. Así, un proletario es un integrante de la clase obrera (proletariado). Para sobrevivir, este miembro del estamento inferior tiene que vender su esfuerzo laboral a la burguesía y al capitalismo, quienes poseen los medios de producción, medios de los que carece el proletario.

El Diccionario de la Real Academia Española resume esta idea en su primera acepción:

1. adj. Perteneciente o relativo a la clase obrera.

Veamos a continuación el origen del vocablo.

El proletario en el latín

El proletario proviene de la palabra latina proletarĭus. El término está muy relacionado con prole, un sustantivo latino que hace referencia a la descendencia o linaje de alguien, es decir, los hijos nacidos del proletario.

La historia nos cuenta que en tiempos de la Antigua Roma, el proletario era un ciudadano romano que carecía de propiedades y, por tanto, no podía ofrecer ningún servicio al Estado, salvo uno: engendrar hijos.

Así pues, para la nación romana este pobre individuo solo servía para concebir descendientes, creando una extensa prole que pudiera más tarde alistarse en las siempre insuficientes legiones romanas. Tal era la pobreza de los proletarii que ni siquiera podían pagar impuestos sobre la propiedad o realizar el servicio militar, al contrario que sus descendientes, aunque esto último cambiaría con las reformas de Cayo Mario de 107 a. C..

Muy relacionada con la prole y la funcionalidad del proletario está el verbo proliferar: “Multiplicarse abundantemente”. Con todo, se ha expuesto con claridad el verdadero significado del proletario: un miembro de la más baja ralea que sólo servía para reproducirse y engrosar los ejércitos de la Antigua Roma.

El símil comunista

En la teoría marxista se retoma el significado del proletario como referencia a aquel individuo de la clase social más baja, que igual que el ciudadano latino, carece de propiedades o medios de producción. El proletario antiguo aportaba sus hijos al estado y el proletario contemporáneo su fuerza de trabajo para sobrevivir, además de sus hijos que difícilmente saldrían de la miseria.

Aquí terminamos este breve artículo etimológico intentando explicar el significado real del proletario, “el que cría hijos”, y testificar que desde el Imperio Romano hasta los tiempos actuales, el proletario sigue siendo el miembro de la clase social inferior, empleado por el estado para recibir de él su esfuerzo, sus impuestos y, como no, su descendencia.

 

Iraultza Askerria

La métrica de Venus y Darío

In space, no one can hear you scream - Carl JonesEn este blog, ya hemos hablado más de una vez del genial poeta nicaragüense Rubén Darío, el embajador del modernismo. Incluso nos atrevimos a adentrarnos en su más famoso libro Azul,inmortalizando algunas de sus citas sin pedir permiso al encomiable autor. En esta ocasión, volveremos a sumergirnos en esta obra para tratar de esclarecer la singular métrica de un soneto titulado Venus.

Se trata de una poesía de Rubén Darío que uno lee dubitativo y termina devorándola enamorado. Ese poema es sentimiento, es acción, es recuerdo y pasión. Es un relato en verso y un diálogo con el alma del poeta. Es casi una obra de teatro comprimida en versos heptadecasílabos, métrica que se aleja del estándar de los sonetos.

Empieza así:

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.

Este nicaragüense ratificó el verso alejandrino como un emblema del modernismo y se destacó magistralmente en su empleo. Recordemos que el verso alejandrino consta de catorce sílabas, separadas en dos hemistiquios independientes de siete. Si el lector observa la métrica del verso anterior, notará que no se tratá de un endecasílabo, ni tan siquiera de un alejandrino. ¡Se trata de un verso de diecisiete sílabas!

Veamos el segundo verso:

En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.

Si enumeramos las sílabas estrictamente, nos encontramos con un total de dieciséis, contando la sinalefa incluida entre las palabras “bajé” y “al”. No obstante, el verso es en realidad heptadecasílabo, ya que debemos asimilar y diferenciar dos hemistiquios, existiendo una cesura entre las palabras “quietud” y “bajé”.

Por ello, el verso se divide en dos partes: “en busca de quietud”, siete sílabas puesto que es de terminación aguda, y “bajé al fresco y callado jardín”, de diez sílabas por la misma razón. Ambos hemistiquios repiten la métrica del verso inicial: diecisiete sílabas.

Igualmente, consideremos el último verso del primer cuarteto:

como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

Si contamos las sílabas de este verso respetando una supuesta sinalefa entre las palabras “ébano” y “un”, alcanzamos la cifra de diecisiete sílabas (métrica que se repite durante todo el soneto). A pesar de esta coincidencia, debemos distinguir el verso como dos hemistiquios separados entre la palabra “ébano” y “un”. Por tanto, no existe sinalefa. El primer hemistiquio de ocho sílabas “co-moin-crus-ta-doen-é-ba-no”, se reduce a siete por la postrera palabra esdrújula. El segundo hemistiquio, de diez sílabas gracias al acento agudo final, completa este verso heptadecasílabo.

Podríamos examinar todo el soneto y comprobaríamos que todos los versos respetan la misma métrica. Algunos hemistiquios juegan con palabras esdrújulas, otros son oxítonos. Todos ellos terminan sumando, de una u otra manera, diecisiete sílabas.

Los versos heptadecasílabos que introdujo Rubén no son sólo innovadores, sino una demostración de la capacidad creativa, rítmica y melódica de su autor. En este soneto, los acentos de cada verso galopan al unísono sin dejar atrás al compañero anterior o posterior. Son una caballería bien entrenada bajo los jinetes de las palabras.

Venus es para mí un soneto inolvidable, cálido y hermoso, que recomiendo leer y estudiar hasta empaparse uno de la grandeza de Ruben Darío.

Iraultza Askerria

Nominación a los Premios Versatile Blogger

versatile-bloggerÚltimamente, el exceso de trabajo me está impidiendo entrar en contacto con otros apasionados literatos de la blogósfera. El tiempo escasea y apenas unos minutos restan para dibujar una sonrisa ante las entradas más intensas y variopintas de los muchos artistas que pululan por Internet. No quiero parecer falsamente halagador, porque en verdad, pienso que todas aquellas personas que erigen una bitácora con esfuerzo, dedicación y constancia bien merecen definirse así: artistas.

Esta entrada sirve para acordarme de mis seguidores y a quienes sigo. La excusa es la doble dominación que recibí este mes al Premio Versatile Blogger. La primera nominación llegó desde el blog de Salvela, que amontona un contenido verdaderamente versátil, a fecha de 1 de mayo de 2014, momento en el que había desconectado merced a unas irresistibles vacaciones. La segunda fue entregada por Julie Sopetrán, autora de la bitácora El tiempo habitado, un sitio que deberían visitar todos los amantes de la poesía.

Agradecer a ambos blogers la nominación así como el impulso que dan a mi bitácora entre sus visitas y comentarios. Muchas gracias de corazón.

Ahora toca hablar un poco de los premios Versatile Blogger, que buscan la difusión del contenido dando a conocer a blogs y blogueros. Por eso, es hora de propagar estos galardones con mis propios nominados. Ahí van:

Comenzaré por el sitio web Ecos de la distancia, idóneo para conocer nuevas vertientes literarias, libros y autores; siguo con Cuentos de amor y sexo, que destaca por su prosa exquisita. Me acuerdo también de El artista que no está frustrado, lugar en el que se compagina ilustración, arte y relatos; de Lucía Bolívar, donde la prosa y la poesía van de la mano entre entradas reflexivas y metafóricas; Palabras Comunes, Narraciones y cuentos y Pluma Salvaje. En la poesía, recomendar los sonetos de El sonetero y la metafórica pornografía de Pornosonetos. Por supuesto, no puedo olvidarme del impecable sitio web de Juan V. Romero, consagrado a la lingüística y a los dobletes léxicos: Las dos vidas de las palabras.

Finalmente, los Premios Versatile Blogger exigen que cuente siete cosas sobre mí. Mucho habré contado ya en las páginas de este blog, pero comenzaré diciendo que disfruto amontonando libros en las estanterías de mi casa, especialmente, libros viejos y usados por su característico olor. Pese a todo, no soy una persona especialmente materialista. Quizá por ello no necesito mucho para vivir y ser feliz, aunque lo que requiero tiende a ser grande y vital. Asimismo, además de la literatura, soy un apasionado tanto de la historia como de los misterios de la ciencia; posiblemente la culpa sea del irrepetible Isaac Asimov.

Aquí termino esta entrada de agradecimiento a todos los seguidores de este blog y, también, a quienes han depositado la confianza en mí como escritor y redactor de artículos. Muchísimas gracias a todos los que leáis estas líneas.

Breve biografía de Esquilo

esquilo

De los tres poetas trágicos, Esquilo es el más antiguo de ellos. Se sabe que nació en el año 525 a. C. en Eleusis, ciudad situada a apenas 20 kilómetros de Atenas, en el seno de una familia noble de dramaturgos.

A pesar de que se dedicó a la poesía desde muy joven, no obtuvo su primera victoria en composición dramática hasta el año 484 a. C., cuando frisaba los cuarenta años. El número de ocasiones en que Esquilo se hizo con el primer premio es discutido, si bien algunos autores sitúan la cifra en trece, otros la elevan hasta las veintiocho victorias. Lo que es cierto es que de sus siete obras conservadas en la actualidad, seis fueron merecedoras del premio.

La genialidad de Esquilo queda defendida por el hecho de que, ya fallecido, sus obras siguieron presentándose en los certámenes trágicos, de la mano de su hijo Euforión. Su primogénito logró el primer premio en cuatro ocasiones presentando las obras de Esquilo. Aunque los jueces no permitían que las obras de los difuntos se repusieran en el certamen, con Esquilo hicieron una excepción, lo que atestigua la fe que Grecia tenía en él.

El grueso de su composición asciende a unas ochenta obras, si bien el número no ha podido ser corroborado aún y podría ser incluso mayor. Desgraciadamente, tenemos que contentarnos con apenas siete obras completas y otros tantos fragmentos.

Al igual que su legado trágico, la vida de Esquilo está salpicada de anécdotas muy interesantes. No en vano, tuvo la suerte de vivir en uno de los períodos mas trascendentales de Atenas, lo que dejó una importante huella en sus composiciones, tal y como veremos a continuación.

Esquilo sufrió la tiranía de Hipias, quien fue derrocado entorno al año 510 cuando el poeta era un adolescente. Con el ascenso de los partidarios del sistema democrático, se iniciaron movimientos sociales, reformas políticas y la desarticulación de antiguos grupos tribales que abusaban del poder. El objetivo final era promover la participación ciudadana en las instituciones.

Sin duda, Esquilo creía ciegamente en este sistema político, tan ecuánime y justo, lo cual se dejó sentir en la tragedia Las Euménides (458 a. C.), donde el consejo de Atenas simboliza la garantía de la justicia, el orden y el derecho. Si bien Esquilo vivió cuando ya la tiranía dejaba paso a la democracia, las competencias de una y otra siguieron enfrentadas durante varias décadas.

Muy importante es la participación militar de Esquilo, entre la década del 490 a. C. y 480 a. C., que coincidió con las aspiraciones expansionistas de los persas. Se sabe que participó en la popular Batalla de Maratón y en la Batalla de Salamina, que concluyeron en una victoria decisiva para el contingente griego. De las experiencias vividas en estas confrontaciones, Esquilo gestó la tragedia Los persas en el año 472 a. C..

No quedaba mucho, apenas cuatro años, para que Esquilo y Sófocles se enfrentaran en un concurso dramático que aupó al segundo por encima del primero. Posiblemente, esto significó el declive profesional de este enorme artista, que comenzó a frecuentar Siracusa y murió en la ciudad siciliana de Gela en el año 456 a. C..

Esquilo fue un poeta amante de ligar sus obras en trilogías, componiendo así una idea completa que podía independizarse en otros tantos conceptos. También destaca en él la trascendencia del desarrollo de la historia y los escenarios, minimizando la importancia de los personajes. Esto hace comprender la creatividad de Esquilo, experto en aprovechar las filigranas visuales de la escena.

En sus temas se encuentran varios elementos fundamentales, como puede ser la ideología política, ya mencionada anteriormente, o el dolor humano como eje central del guión que conduce al protagonista hacia el conocimiento, protagonista que, en multitud de ocasiones, hereda la culpabilidad de sus ancestros, convirtiéndolo en un personaje inocente que, sin embargo, sufre.

Aquí finalizamos esta breve biografía de Esquilo, habiendo querido introducir a este personaje clásico, tan importante en la literatura, gracias a obras tan descomunales como Agamenón o Los siete contra Tebas.

Iraultza Askerria

Las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides

Parthenon - . SantiMB .

Los nombres de Esquilo, Sófocles y Eurípides, también el de sus obras, se han venido archivando a lo largo de la tradición occidental, desde el siglo V a. C. hasta nuestros días. Por desgracia, el grueso de sus composiciones no se conserva y tan sólo han sobrevivido algunos pocos manuscritos medievales donde se incluyen las siete tragedias de Esquilo, las siete tragedias de Sófocles y las diecinueve obras de Eurípides.

Se trata de una recopilación de treinta y tres obras de la Antigua Grecia, germen de lo que fue el teatro antes de nuestra era, cuya cifra, aunque pueda ser considerable, no es más que un vestigio de cuanto escribieron los poetas trágicos. Gracias a las citas de los tragediógrafos contemporáneos de Esquilo, Sófocles y Eurípides, así como a los fragmentos que han sobrevivido de los mismos, podemos hacernos una idea de las muchas composiciones que el tiempo y el olvido le han robado al arte.

Sea como fuere, son muchas las obras irrecuperables de estos tres dramaturgos clásicos, pero por suerte, las que han perdurado permiten comprender, de primera mano, el teatro de la Antigua Grecia y la trascendencia de estos tres personajes.

Resumiendo, el estudio de Esquilo, Sófocles y Eurípides se limita a las treinta y tres obras conservadas por los manuscritos medievales, en ediciones impresas a partir del siglo XV. Las obras pueden enumerarse siguiendo la fecha de composición, que en ocasiones es confusa, aunque todas ellas fueron escritas en el siglo V a. C.. Aprovecho la ocasión para incluir un enlace a cada obra.

Del listado anterior se puede extraer que Esquilo era el más veterano de los tres dramaturgos, seguido por Sófocles y por Eurípides. Aunque éste último era el más joven, murió a la vez que Sófocles, en el año 406 a. C..

Sin embargo, dado que estas treinta y tres composiciones responden, en mayor o menor medida, a los mitos clásicos de Grecia, también es posible estructurarlos de acuerdo al suceso cronológico que narran, de tal forma que se simplifica la posibilidad de estudiar estas leyendas. La mayoría de estos temas corresponden a varias sagas, como el ciclo troyano o el ciclo ático-tebano, o sigue las aventuras y desventuras de determinada estirpe noble, como es el caso de los hijos de Agamenón. No obstante, en caso de querer numerar todas estas obras de teatro siguiendo el orden temporal de los acontecimientos que narran, quedaría así:

  • Esquilo (458?) – Prometeo encadenado
  • Eurípides (413-412) – Ion
  • Esquilo (463) – Las suplicantes
  • Eurípides (406) – Las bacantes
  • Eurípides (431) – Medea
  • Eurípides (428) – Hipólito
  • Sófocles (430-424) – Edipo Rey
  • Sófocles (401) – Edipo en Colono
  • Esquilo (467) – Los siete contra Tebas
  • Eurípides (411) – Las fenicias
  • Sófocles (442) – Antígona
  • Eurípides (423) – Las suplicantes
  • Eurípides (438) – Alcestis
  • Eurípides (414) – Heracles
  • Sófocles (442?<) – Las traquinias
  • Eurípides (430-427) – Los Heraclidas
  • Eurípides (406>) – Ifigenia en Áulide
  • Eurípides (440<?) – Reso
  • Sófocles (450?) – Ayax
  • Sófocles (409) – Filoctetes
  • Eurípides (415) – Las troyanas
  • Eurípides (424) – Hécuba
  • Eurípides (413) – El cíclope
  • Esquilo (458) – Agamenón
  • Esquilo (458) – Las coéforas
  • Sófocles (415?) – Electra
  • Eurípides (417-413) – Electra
  • Eurípides (412) – Helena
  • Eurípides (408) – Orestes
  • Esquilo (458) – Las euménides
  • Eurípides (414) – Ifigenia entre los tauros
  • Eurípides (425) – Andrómaca
  • Esquilo (472) – Los persas

La única obra de teatro con tema histórico que se conserva es esta última: Los persas, de Esquilo. El resto de las tragedias están repletas de personajes míticos, formando un largo repertorio de leyendas, donde ganan por mayoría las dedicadas al ciclo troyano, ocupando la mitad del total. Avanzaremos en estas obras en los próximos capítulos, donde hablaremos también del teatro de la Antigua Grecia y de sus tres máximo exponentes: Esquilo, Sófocles y Eurípides.

Iraultza Askerria

El teatro: arte y literatura

Teatro Griego de Taormina, Sicilia. - Pedro Pablo Pinacho Davidson

La literatura está formada por tres núcleos artísticos: la prosa, la poesía y el teatro. La mayoría de nosotros nos sumergimos en el primer género literario, sintiendo desconfianza ante algo, aparentemente más elaborado, como la poesía o el teatro. Sin embargo, autores como Bécquer o Shakespeare, han ayudado mucho a que los lectores ahonden respectivamente en estos dos géneros literarios.

De los tres, siempre he creído que el más apartado del gusto convencional es el teatro, a pesar de que tanto tragedias como comedias simbolizan muchos mitos modernos, además de un largo glosario de palabras que encuentran su origen etimológico en este punto de la literatura; sobre alguna de ellas, como “persona”, ya hemos hablado en este mismo blog.

En cualquier caso, pienso que conocer el teatro más primitivo, nos ayuda a comprender mejor la historia de la humanidad, además del periplo de las artes escénicas y literarias alrededor de los siglos, porque no olvidemos que el drama tiene su origen siglos antes de advenimiento de Cristo. Asimismo, todavía hoy, el teatro es un espectáculo puro y magnífico, inherente a grandes ciudades como Nueva York o Londres, pero que también puede encontrarse en su versión más minimalista en centros cívicos, asociaciones, clubs y colegios.

Por todo ello, voy a embarcarme en un ambicioso proyecto sobre el teatro más primitivo, el teatro de la Antigua Grecia. A tal efecto, me centraré en tres de sus dramaturgos más recordados: Esquilo, Sófocles y Eurípides, los poetas trágicos por excelencia.

Por el momento, nos basta saber que el teatro occidental se gestó en Atenas, alrededor del siglo V a. C., siendo los mencionados poetas clásicos los fundadores del teatro tal y como lo conocemos hoy en día, salvando las distancias. Pero antes de comprender la importancia de sus obras y de sus clásicos personajes como el maldecido Edipo, la vengativa Medea o las desesperadas troyanas, más nos vale comprender un poco el contexto histórico y cultural de la Antigua Grecia, civilización donde comenzó el teatro.

Pero de todo ello hablaremos en una larga serie de artículos que comenzaré a publicar próximamente. Finalmente recordemos que el teatro, así como la prosa o la poesía, no es más que otra pata del profundo y vasto arte de escribir.

Iraultza Askerria

¿Por qué escribimos? II

It's not about demographics, it's about productivity growth! - JFabra

En el anterior artículo, desvariaba abiertamente y sin tapujos sobre las razones que nos motivaban a escribir. Repasaba varios puntos como la necesidad de imitar a los genios que leemos o reproducir las experiencias que nos consumen por dentro. También hablaba de la escritura como una vocación, un pasatiempo personal tan válido como quien colecciona minerales o gusta de cazar palomas. Además, razonaba como el escritor vivía de la aceptación de sus lectores, sin los cuales es incapaz de seguir adelante.

Pero pienso que la respuesta a “¿por qué escribimos?” es tan amplia como variopinta, y cada autor podrá redactar un tomo entero como contestación a dicha cuestión. Cada alma lírica es un universo y cada cual sabrá las razones por las que se dedica a escribir.

Yo intentaré desentrañar las mías.

Dinero

Sinceramente, dudo que haya algún escritor de arte que escriba por mero dinero. Aunque los autores de best-seller ganen una millonada en concepto de ventas, estoy seguro de empezaron a escribir novelas por vocación, porque se lo pedía el alma.

Creo, además, que quien escribe de una forma regular, holgada y esforzada termina convirtiendo en profesión lo que al principio era una vocación. No se escribe por dinero, pero escribir puede ayudar a conseguirlo.

De hecho, uno de los sentimientos más enriquecedores es poder materializar en patrimonio lo que en verdad nos gusta: escribir. Si bien, nunca seremos multimillonarios con nuestros textos, es muy posible que nos dé para vivir.

Entendimiento

Porque escribir, en la inmensidad inimaginable de todos los espacios, es todavía la mayor de las aventuras.

Robert Coover

Dijo Sócrates aquello de “conócete a ti mismo”. El ser humano, como ser emocional, siente dudas existenciales a lo largo de toda su vida, dudas que carcomen profundamente tanto el alma como la cabeza del elegido. Afortunadamente, el mero hecho de escribir ayuda a desentrañar las vacilaciones y recobrar la seguridad en uno mismo.

Escribir es una forma de entender la naturaleza y saber cuáles son los sentimientos del alma humana. Pienso que la escritura no es más que una lectura analítica, donde la razón se empapa de sabiduría. Puesto que todo el conocimiento del ser humano, todas las ideas, se transmiten bien con iconos o con palabras, escribir es el puente para desempolvar dicha sabiduría.

Se puede decir, en definitiva, que escribo para entenderme a mí mismo y para entender al mundo. Posiblemente, nunca consiga ni lo uno ni lo otro, razón por la que seguiré escribiendo toda la vida.

Supervivencia

Pienso que el nivel de empatía de los escritores es tan inmenso que son incapaces de guardarse sus propios sentimientos. O cuentan lo que sienten o explotan. Para ellos escribir es la necesidad de mantenerse vivos, casi tan importante como el dormir o el comer.

Esta razón, imperecedera y real, está firmemente asociada al deseo de escribir. Es una necesidad anhelada, una adicción de la que ningún autor puede desprenderse. Moldear las palabras, reproducir los eventos, hacer magia con las vocales y las consonantes. Todo ello para no morir en el vano intento de vivir.

Escribir es nuestra razón de ser y, por tanto, nuestra vida.

Escribo para ser yo misma y para hacer que mi pueblo exista

Mircea Dinescu

Pero, en resumen, ¿por qué escribo?

A lo largo de estos dos artículos he pretendido desnudar mi alma en un intento, casi categórico, de responder a dicha pregunta. Han brotado las siguientes palabras clave: imitación, aceptación, vocación, dinero, entendimiento y supervivencia. Ahora llega el momento de olvidarse de la filosofía más académica para hablar de mí y de mi literatura, con la mayor de las franquezas.

Escribo para no quedarme tonto. De hecho, si llevo unos pocos días sin escribir, noto como mis pensamiento se ensucian, las palabras se entorpecen en mis labios y soy incapaz de razonar. El proceso de escribir es un mecanismo para excitar mis neuronas y mi cerebro; sin él, me atrofio. No hay sensación más frustrante que sentirse inútil, y esa impotencia aparece cuando no escribo.

Escribir es además la única herramienta que tengo para buscar la eternidad, aunque sea una eternidad insuficiente o imposible. La mera reflexión de saberme un ser caduco, con los días contados, me desespera, me enloquece, y de esta manera, busco en la literatura una firma que trascienda a mi lápida.

La escritura me permite además servir de memoria, tanto individual como colectiva. En mis textos, escritos a lo largo de los años, se esconde una parte de mi vida y de la de mi entorno, unos recuerdos que, una mente olvidadiza como la mía, sólo puedo inmortalizar al escribirlos. Es por eso que, al leer viejos textos, evoco vívidamente episodios pasados de este universo que comparto con vosotros.

Finalmente, tengo que hablar del placer que me produce la escritura. En parte es uno de las goces más completos. Escribir es la satisfacción de crear escenarios, paisajes, ambientes, mundos, universos y vidas; algo así como una paternidad, como la sensación de ser padre y sentirse orgulloso de sus hijos. La escritura produce en mí un placer solitario, casi onanista, que solo puedo compartir, mucho tiempo después, con mis lectores.

Iraultza Askerria