¿Cómo escribir un soneto? – Ejemplo final

Venus - Sabrina CampagnaEn los artículos anteriores, repasamos los pasos teóricos para elaborar un soneto, ilustrándolo después con un caso práctico. Tras unos días de meditación y aportaciones, aquí os muestro el resultado final.

Texto en prosa

“Caminaba en la noche oscura y distante, como un vagabundo más. A lo lejos una luz blanca tomaba forma de mujer. Me acerqué a ella dubitativo, creyendo haber visto un ángel, un misterio de fuego, una vida de plata que se escapaba de mí. Pero al doblar la esquina, ella desapareció, tan rápida como había surgido. Desde entonces vago a la misma hora en la misma calle, buscando un recuerdo.”

Ángel de madrugada

Andaba yo en la noche tan oscura
igual que un vil ladrón de madrugada,
mas a lo lejos vi una iluminada
raíz tomando femenina altura.
Me aproximé al lugar con mi locura,
sutil zancada. Vida plateada,
angelito de dulce llamarada;
de mí ella se alejaba blanca y pura.
Hasta el alba la estuve persiguiendo,
y ya no estaba, ¡desapareció!
Rápida como vino, se marchó.
En el mismo lugar y hora corriendo
voy siempre por los mismos callejones
condenado a buscar mis ilusiones.

Conclusión

La elaboración de un soneto no es difícil siguiendo unos pasos primordiales. En primer lugar, la redacción de un pequeño texto a versificar; después una abultada recopilación de palabras claves, sinónimos y metáforas, y finalmente, la división paulatina del texto en catorce líneas para componer así versos de once sílabas con rima consonante.

Como siempre, la práctica y la buena voluntad es vital para concluir este ejercicio lírico. Un poco de esfuerzo y las ideas claras posibilitarán que cualquiera pueda escribir un soneto.

En definitiva, no digo más: ¡manos a la obra!

¿Cómo escribir un soneto? – Caso práctico

“Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que
pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.”
Federico García Lorca

Textura poética

Antes de comenzar, quiero remarcar que escribir un soneto no es imposible, absurdo ni complicado. Sólo requiere tiempo, concentración y una íntima comunicación con el alma de cada uno, con el alma del poeta que todos llevamos dentro. Si en el artículo anterior explicaba los pasos teóricos para escribir un soneto, en éste intentaré plasmar dicho tutorial con un ejemplo práctico.

El tema o la idea principal

Lo primero es la elección de la temática. Puede ser cualquier cosa. Quizá lo más sencillo es buscar inspiración en recuerdos de amantes, amores y romances; una de las musas más suculentas para el poeta. A tal efecto, lo importante es comenzar a escribir, sin cesura, sin punto, sin salto de carro: que las ideas afloren. Intentemos formar un pequeño relato no superior a las cien palabras. Por ejemplo:

“Caminaba en la noche oscura y distante como un vagabundo más. A lo lejos una luz blanca tomaba forma de mujer. Me acerqué a ella dubitativo, creyendo haber visto un ángel, un misterio de fuego, una vida de plata que se escapaba de mí. Pero al doblar la esquina, ella desapareció, tan rápida como había surgido. Desde entonces vago a la misma hora y en la misma calle, buscando un recuerdo.”

Este texto que propongo se divide en cuatro partes: una introducción (el narrador vaga en la noche), un nudo (encuentra a una mujer), un desenlace (la persigue hasta que desaparece) y una conclusión (búsqueda eterna). Literalmente, esta estructura coincidirá con el primer cuarteto, el segundo cuartero, el primer terceto y el segundo terceto del soneto.

Palabras clave y sinonimia

Posteriormente debemos realizar un exhaustivo análisis de las palabras clave de nuestra pequeña narración. Una vez leído el texto, propongo lo siguiente:

Noche – vagabundo – encuentro – mujer – persecución – misterio– esquina – desaparición – vagar – calle – búsqueda – eternidad

Es una posibilidad, pero hay otras tantas. Seguro que se os ocurren mil variaciones. Lo importante es tener claro qué se quiere plasmar en el verso. Además, hay que buscar sinónimos, comparaciones o cualquier oración metafórica que sirva para profundizar en la idea a expresar.

Noche, vagabundo, ladrón de madrugada, perdido en la oscuridad, sombra ambulante. Visión de mujer, luz femenina, descubrimiento silencioso, encuentro de un ángel, forma de cuerpo. Persecución, seguir, laberinto de calles, frenético rastreo, desaparición final, nube invisible, búsqueda eterna, condena de espía, misterioso deseo agónico.

Aquí debemos escribir y escribir y escribir. Cuando luego intentemos elaborar los versos, nos remitiremos a estas ideas para lograr la composición final.

Primeras frases

Retornemos ahora al texto inicial. Lo dividiremos en cuatro bloques. Cada uno de estos se corresponderá con un futuro cuarteto o tercero. Además, separaremos cada bloque en varias líneas u oraciones, lo cual nos servirá como antecedente al verso.

– Bloque uno:

Caminaba en la noche oscura y distante
como un vagabundo más
a lo lejos una luz blanca
tomaba forma de mujer.

– Bloque dos:

Me acerqué a ella dubitativo
creyendo haber visto un ángel
un misterio de fuego
una vida de plata que se escapaba de mí.

– Bloque tres:

Pero al doblar la esquina
ella desapareció
tan rápida como había surgido.

– Bloque cuatro:

Desde entonces vago a la misma hora
en la misma calle
buscando un recuerdo.

Recordemos que el verso será endecasílabo. Algunas de las líneas anteriores superan por mucho las once sílabas y otras son muy breves. No importa. Ahora comenzaremos el trabajo del poeta de verdad.

Los cuartetos

Vamos a convertir los versos anteriores en versos endecasílabos, intentando mantener el acento en la sílaba 6 y en la 10. Tampoco hay que agobiarse en este proceso: queremos acercarnos a la métrica correcta, no al verso perfecto.

Como ayuda, podemos releer las palabras clave o frases del segundo punto, de tal forma que tengamos un gran abanico de posibilidades a la hora de reducir o alargar la oración.

Aquí estarían nuestros versos endecasílabos:

Caminaba en la noche tan oscura,
parecía un ladrón de madrugada.
Entonces vi a los lejos luces blancas
que tomaban la forma de mujer.
Me acerqué a ella, yo dubitativo
y silencioso. Pensé que era un ángel,
una vida de plata, un fuego dulce
que de mí se alejaba poco a poco.

¡Bravo! Métrica perfecta, aunque falla el acento métrico del verso 6; no importa. Ya tenemos unos posibles cuartetos en cuanto a estructura. Nos falta lo más difícil: la rima y mantener la forma y el sentido del verso.

Revisamos, a tal efecto, nuestras palabras finales. Actualmente son: oscura, madrugada, blanca, mujer, dubitativo, ángel, dulce, poco. Intentemos buscar rimas a las primeras dos palabras “oscura” y “madrugada”, cuyas terminaciones son bastante comunes en el castellano.


Oscura: pura, altura, locura, cura, bravura, estructura, factura, insegura,
Madrugada: desposada, nevada, apocada, templada, llamarada, plateada, llamada

Procedamos a añadir alguna de las palabras anteriores al final de nuestros versos. Busquemos significados similares:

Caminaba en la noche tan oscura,
parecía un ladrón de madrugada
mas entonces vi a los lejos luces blancas / nevada
que tomaban la forma de mujer / altura.
Me acerqué a ella, yo dubitativo / insegura
y silencioso. Pensé que era un ángel, / plateada
una vida de plata, un fuego dulce / llamarada
que de mí se alejaba poco a poco / pura.

Ahora rehagamos el verso con las nuevas palabras, componiendo versos endecasílabos de rima ABBA.

Caminaba en la noche tan oscura
parecía un ladrón de madrugada
mas entonces vi a lo lejos nevada
luz que tomaba femenina altura.
Me aproximé con zancada insegura
y silencioso. Vida plateada,
era un ángel de dulce llamarada
que de mí se alejaba blanca y pura.

Los tercetos

Realicemos ahora los tercetos, elaborando primeramente los versos de once sílabas, como en el punto anterior:

La seguí hasta doblar la última esquina
y ya no estaba, ¡desapareció!
Rápida como vino, se marchó.
Ahora siempre a la misma hora vago
buscándola en los mismos callejones
condenado a una búsqueda infinita.

Casualmente, riman dos versos (2-3). Si mantenemos esta rima, debemos ceñirnos a la siguiente estructura de tercetos: CDD – CEE.

Busquemos por tanto sinónimos para “esquina” y “vago”, que deberán rimar, y para “callejones” e “infinita”. Si las palabras no aparecen, será suficiente con transformar el verso manteniendo el significado de la frase, buscando así nuevas formas de rima.

Esquina, rincón, calle, recodo, callejón, rúa, callejones
vago, deambulo, camino, ando, marcho, corro, recorro
búsqueda infinita, exploraciones, persecuciones

Aquí algunos versos alternativos:

La seguí hasta doblar la última esquina / la perseguí hasta el final del callejón / hasta el final la estuve persiguiendo
Ahora siempre a la misma hora vago / En el mismo lugar y a la misma hora / En el mismo lugar y hora corriendo

Este proceso puede ser largo, pero finalmente el esfuerzo se traducirá en dos tercetos con rima consonante y métrica regular:

Hasta el alba la estuve persiguiendo,
y ya no estaba, ¡desapareció!
Rápida como vino, se marchó.
En el mismo lugar y hora corriendo
voy siempre por los mismos callejones
condenado entre mil persecuciones.

Conclusión

Podemos tachar los tercetos de simplistas por el uso de derivaciones verbales, pero dado que se trata de un pequeño tutorial, no vamos a adentrarnos en la “perfección” poética. Este texto sólo pretende servir de esbozo, de guía, no reemplazar a los manuales teóricos de poesía y estilo.

En definitiva, demos por finalizado el soneto con la siguiente forma:

Caminaba en la noche tan oscura,
parecía un ladrón de madrugada.
Mas entonces vi a los lejos nevada
luz que tomaba femenina altura.
Me aproximé con zancada insegura
y silencioso. Vida plateada,
era un ángel de dulce llamarada
que de mí se alejaba blanca y pura.
Hasta el alba la estuve persiguiendo,
y ya no estaba, ¡desapareció!
Rápida como vino, se marchó.
En el mismo lugar y hora corriendo
voy siempre por los mismos callejones
condenado entre mil persecuciones.

Ahora cada instinto de poeta debe leer este incipiente soneto y mejorarlo cuanto pueda, ya que en realidad, se trata de una borrador final, no de un soneto final. Personalmente, hay sonetos que después de dos años he releído y modificado, mejorando sustancialmente su estructura. Por ello, recomiendo dejar reposar el soneto durante al menos un par de días, y después retomarlo con la mayor de las ilusiones.

En el siguiente artículo publicaré la versión final del soneto. Si os place, podéis ayudarme con el título del mismo o aportar posibles mejoras.

Gracias por la participación.

¿Cómo escribir un soneto? – Pasos teóricos

“Lo complicado no es escribir poesía, sino que se lea.”
José Corredor Matheos

Henry David Thoreau quote - Library Way - NY City - Kathleen Tyler ConklinPosiblemente, conozcáis de antemano la estructura poética del soneto: su métrica, su rima, sus variantes, sus autores más emblemáticos, y os hayáis peleado con la elaboración de uno de estos poemas.

Sea como fuere, tal vez sea el soneto la estructura poética más perfecta; aunque esto, claro está, es subjetivo. Dicha etiqueta solo puede ser impuesta por los cánones del momento, que naturalmente, mudan y cambian a lo largo de la historia.

En cualquier caso, el soneto sigue presente en el mundo poético, y pocos autores habrá que no se hayan enfrentado a la confección de uno. En una serie de pasos, trataremos de adentrarnos en cómo escribir un soneto.

El tema o la idea principal

Antes de empezar, hay que concentrarse en un pensamiento intimista, una emoción, un recuerdo. Puede ser cualquier cosa, desde un beso amargo hasta el roce de una ola. Cuando la idea aparezca, se debe desarrollar un pequeño texto de no más de cien palabras.

Este microrrelato deberá responder a la siguiente estructura narrativa: una introducción, un nudo, un desenlace y una conclusión. Literalmente, estos bloques coincidirán con la constitución del soneto: primer cuarteto, segundo cuartero, primer terceto y segundo terceto.

Una vez dispongamos de este prosaico borrador, podemos seguir con el siguiente punto.

Palabras clave y sinonimia

Previo a la búsqueda de la perfección métrica y la rima consonante, hay que anotar las palabras clave del futuro soneto, que no tienen que estar necesariamente escritas en el texto anterior.

Una vez asimiladas estas palabras clave hay que proceder a una búsqueda infatigable de sinonimias, metáforas o comparaciones que guarden el mismo significado. Cualquier idea, cualquier esbozo de creatividad, cualquier imagen será bienvenida.

Este paso es vital. ¿Por qué? Porque los versos requerirán toda imaginación posible. No es fácil lograr un verso perfecto que contenga rima consonante, métrica endecasílaba, acento rítmico y lirismo.

Primeras frases

La siguiente pauta a seguir es dividir el microrrelato original en cuatro bloques. Los primeros dos bloques deben disponerse en cuatro líneas cada uno. Los últimos dos en tres. Esto sustituirá a los versos del soneto.

Si aparecen frases demasiado largas o demasiado cortas, no hay que preocuparse. La poesía esconde recursos literarios como el encabalgamiento o la aliteración, lo que nos permitirá prolongar una oración en dos versos o repetir estructuras sintácticas.

Los cuartetos

Este paso se centrará exclusivamente en los primeros dos bloques, que se convertirán definitivamente en cuartetos endecasílabos de rima consonante.

Para ello, inicialmente, se transformará cada línea en un verso de once sílabas. Como ayuda, hay que tornar a las sinonimias del segundo punto que permitirán cambiar estos enunciados por otros, manteniendo el mismo significado pero aportando nuevas estructuras prosódicas.

Una vez completada la métrica endecasílaba, se debe trabajar en la rima. A este efecto, se buscarán las palabras finales de los versos endecasílabos, averiguando rimas que puedan prevalecer. Terminaciones como “-ado” o “-ido” son muy numerosas, al igual que otras como “-elo”, “-ero”, “-ón” y “-or”. Por el contrario, hay términos que un poeta no debería utilizar, como la mayoría de las esdrújulas (espíritu, ánima) o palabras llanas con dos consonantes consecutivas (dulce, calma).

Tras seleccionar la rima, se hará un análisis de palabras que compartan esta terminación silábica, recopilando una pequeña serie de vocablos rimados. Se optarán por aquellos que conserven un significado similar al final de los versos o que incluyan las ideas clave del soneto.

Una vez hallados, se intercalarán estas nuevas palabras al final de los versos, reconstruyendo, si fuera necesario, la métrica.

Finalizado este arduo trabajo, el poeta tendrá ante sus ojos dos cuartetos de rima consonante y métrica endecasílaba.

Los tercetos

El proceso de gestación de los tercetos es idéntico al de los cuartetos. Primero transformarlo en versos endecasílabos, posteriormente escoger la rima y buscar términos afines, y finalmente insertar estos vocablos rimados al final de los versos.

Sólo hay que tener en cuenta que los tercetos ofrecen mayor variedad que los cuartetos en cuanto a rima se refiere: CDD-CDD, CDE-CDE, CDC-DCD, CDC-EDE y otras variantes.

Conclusión

Estos pasos ayudarán a elaborar un soneto en su correcta forma y medida. Quizá, al principio, pueda parecer complicado, especialmente a la hora de incluir la rima, pero con práctica, tiempo y buena voluntad, se puede conseguir. La experiencia en la poesía es tan buena aliada como un diccionario.

Como anexo a este texto, publicaré próximamente un artículo práctico de elaboración de sonetos. En él, seguiré el orden expuesto en este texto para conformar paulatinamente los cuartetos y los tercetos del poema, dando forma definitoria a un soneto clásico.

Espero que pueda servir de ayuda.

Pautas para escribir una novela

23 de Abril - Día del Libro. - Julio  Codesal Santos

Yo no soy quién para decir cómo se debe escribir un libro. De hecho, posiblemente, sea el más irregular de los escritores y en el que menos se puede confiar. En cualquier caso, estoy seguro de que el mundo está repleto de autores mucho más constantes y laboriosos que yo, que podrán encontrar en la teoría literaria las pautas a seguir para desarrollar una novela.

1. Preliminares

Bajo este subtítulo quiero agrupar el desarrollo de la idea inicial de la novela. No ha de ser ni el final ni la trama compleja ni el desenlace ni las escenas estructuradas. Basta un pensamiento nimio, un razonamiento fugaz, una idea que podría atender a:

  • la imagen de un ambiente, como un bar atestado de gente, un cementerio donde sucede un asesinato, etc
  • la caracterización de un personaje, que no tiene porque ser el protagonista
  • una sucesión de escenas sin un claro trasfondo: pelea callejera, persecución automovilística, detención policial, fuga de una cárcel…

Una vez tengamos la idea, por vaga que fuera, hay que proceder a transformarla en concepto. Una investigación alrededor de dicho concepto ayudará a consolidarlo. Ver películas, leer libros, pasear por escenarios similares, hablar con personas de un perfil parecido al de nuestros protagonistas nos ayudará considerablemente. Luego será necesario condensar tanta información en escenarios, episodios y personajes.

Tras un duro sondeo, la ideal inicial se habrá convertido en un concepto argumental.

2. El hilo argumental

¿Cuál va ser la estructura narrativa de la novela? ¿Podemos utilizar un narrador omnisciente o es mejor emplear un narrador protagonista que se explaye emocionalmente durante la trama? ¿Podremos hacer uso de la técnica literaria in medias res o conviene limitarse al tradicional ab ovo? Ahora es un buen momento para responder a estas preguntas.

Cualquier historia gira alrededor de un conflicto que, por regla general, se opone al objetivo del protagonista. En las novelas clásicas podemos hallar algunos conflictos como “protagonista contra la naturaleza”, “protagonista contra lo sobrenatural”, “protagonista contra personaje” u “protagonista contra uno mismo”. Este último conflicto quizá sea el más difícil, y sólo algunos grandes autores como Oscar Wilde han sabido llevarlo a cabo con toda genialidad.

Queda la pregunta más difícil de responder: ¿cuál es el tema de la novela? La venganza, los celos, el amor, el crimen, el conocimiento, el orgullo, la supervivencia, el egoísmo son sólo algunos de los más utilizados. Es común que en una novela interfieran diferentes ejes temáticos.

Una vez respondidas dichas cuestiones, no queda más que resumir el hilo argumental, así como las escenas y los detalles más trascendentales. En definitiva, en este punto redactaríamos el primer guión, que no ha de ser, para nada, un férreo manual que seguir a rajatabla.

3. Los personajes

Sobre los personajes he publicado algunos artículos específicos, intentando abarcar la importancia de los mismos, como evitar errores y pequeños trucos para no olvidarnos de ellos. Los personajes hay que mimarlos durante la novela, porque son los verdaderos artífices de la historia.

Como regla ineludible, un personaje tiene que ser equilibrado. Ni en la vida real ni en la ficción los hay muy buenos ni muy malos. Tener clara esta limitación hará que los protagonistas y antagonistas tengan una personalidad real y acabada. Los defectos son tan vitales como las virtudes.

Una vez se dispongan los personajes, hay que entrar en su mente. Conocerlos, tocarlos, comprenderlos. Saber cada uno de sus movimientos, reacciones y características. Es, probablemente, el trabajo más peliagudo antes de entrar de lleno con la escritura de la obra, pero también el que más beneficios rendirá a la hora de la verdad.

4. El ambiente

Desarrollado el hilo argumental y los personajes de la trama, sólo queda pendiente diseñar los escenarios de la historia. Hay novelas donde el ambiente es mucho más importante que sus protagonistas. No hay que desdeñar la repercusión del escenario.

El primer paso es visualizar en la mente el lugar donde se desarrollará el argumento. La ambientación parte por dos preguntas clave: dónde y cuándo. Ciudades, pueblos, estilos arquitectónicos, interiores, climas, contingencias sociales, noches, mañanas, costas, paisajes extranjeros, comunicaciones, contexto histórico… Los detalles a tratar son innumerables.

El ambiente es perceptible tanto por los personajes como por los lectores. Consecuentemente, no vale centrarse únicamente en la vista; los sentidos del oído, el olfato, el tacto y el sabor son harto importantes. Sirva de muestra la novela El perfume, donde los aromas describen constante y grandemente los pasajes de la obra.

5. Y ahora ponte a escribir

Habiendo resumido la trama, los personajes y los ambientes, queda lo más difícil: escribir. No obstante, si se siguen las pautas anteriores, el proceso de escritura será más llevadero.

No olvides diseñar tu propio espacio para escribir y programar unas horas del día para dedicarte a ello. Si consigues transformar la escritura en hábito, no habrá nada que pueda obstaculizar la consolidación de tu novela. Ni de la primera ni de la última.

Espero que este pequeño tutorial tenga alguna utilidad para quiénes, con una idea en la mente, no sepan como desarrollarla. La literatura no es una ciencia de principios irrefutables, pero asimilar ciertas reglas permitirá llevarla a cabo con mayor facilidad.

Iraultza Askerria

El arte de revisar textos: ahora sí… ¡a revisar!

Serie Alfabetos 2002 - Silvia Cordero VegaEn el artículo anterior sobre el arte de revisar textos hacía una división, inquebrantable, de los procesos de redacción y revisión. La conclusión es bien sencilla: primero se escribe, luego se revisa. Nunca hay que llevarlas a cabo simultáneamente.

En el texto precedente explicaba algunos consejos o pautas a seguir durante el proceso de escritura de la novela o el relato en cuestión. Los siguientes consejos están orientadao tras finalizar el primer borrador de la obra. Es entonces cuando comienza el verdadero, tenaz, insoportable y agotador trabajo de corrector.

Ahora nos adentraremos en esta dura faena. Esperemos que salgamos ilesos.

Revisa la novela un año después de finalizarla, no antes

Paciencia, paciencia, descansa, descansa, relájate, haz un viaje y olvídate de cuanto haz escrito durante los meses pretéritos. Antes de iniciar el proceso de revisión, el autor tiene que realizar un esfuerzo considerable y quitarse de la memoria a personajes, escenarios, situaciones, etc. Olvidarlo todo. Sufrir amnesia literaria podríamos llamarlo.

¿Por qué? Porque los escritores tenemos una memoria selectiva para nuestros escritos. Consecuentemente, en vez de leer el texto escrito, leemos aquel que está introducido en el cerebro. Por eso, antes de iniciar la revisión de la novela hay que dejarla reposar un tiempo… puedes ser varios meses… un año. Todo depende del tiempo que hayamos invertido en la redacción de la obra y cuan absorbidos estemos por ella.

Mientras tanto, hay que aprovechar la espera para escribir otra novela.

Utiliza el corrector ofimático

Antes de adentrarse en la tediosa tarea de revisión, conviene utilizar los mecanismos que la informática ha puesto a nuestro alcance. Tanto LibreOffice Writer como Microsoft Office Word incorporarán un corrector gramatical y ortográfico decente. De hecho, lo mejor es utilizar los dos.

Con sus sugerencias se pueden subsanar muchísimos errores: falta de tildes, carencia de diéresis, palabras en minúsculas, puntuación incorrecta, doble separación entre palabras, etc. Revisar el borrador de la obra con estas herramientas puede llevar un día entero, pero el tiempo invertido merecerá la pena.

Un último consejo: nunca antepongas la sugerencia de la máquina a tu propia disposición. El humano siempre es más sabio que el ordenador.

Ponte siempre cerca un diccionario

Cuando digo un diccionario, digo un diccionario de verdad, no valen las enciclopedias en línea. No es que las primeras sean mejor que las segundas o viceversa, para nada. Es una forma de crear presión, de insistir. Cualquier palabra que suponga un ápice de duda, por pequeña que sea, hay que buscarla inmediatamente en el diccionario, y tener uno cerca sirve como medida de control. Te sorprenderán las cantidad de términos que usamos equivocadamente pensando que conocemos su significado correcto.

Igualmente, se recomienda el uso de un diccionario de sinónimos. Ahora bien, hay una regla inquebrantable que ningún escritor debe olvidar: una vez encontrado un sinónimo, búscalo prontamente en el diccionario de definiciones.

Has un desglose de las palabras más utilizadas por secciones o capítulos

Las repeticiones de palabras y frases son muy comunes en el primer borrador de la obra. Si estas reiteraciones ocurren espaciadamente no hay ningún problema. Por el contrario, si los términos se repiten en la misma página o aún peor en el mismo párrafo, conviene modificarlas con ideas afines.

Para saber las palabras que más se repiten en un texto, utilizo una herramienta web que hace un desglose de las más utilizadas. Es muy sencillo de usar y permite saber rápidamente cuáles son los términos más repetidos o si se están empleando justamente los sinónimos.

En este artículo, por ejemplo, las palabras más explotadas son las siguientes (se excluyen preposiciones y artículos):

  • revisión
  • texto
  • obra
  • diccionario
  • palabra
  • novela
  • borrador

Primero lee el texto, después escucha el texto

Un borrador hay que leerlo varias veces para encontrar cada una de las faltas que contenga. Sin embargo, la última revisión no pasa por una lectura del texto, sino por una escucha del mismo. Léelo en voz alta, o aún mejor, deja que otro lo lea.

Particularmente, utilizo herramientas informáticas que leen el texto automáticamente. La voz no es precisamente dulce y armoniosa, pera la entonación es más que correcta y permite revelar carencias y errores.

Recomiendo esta práctica insistentemente.

No entres en el bucle infinito de la revisión

Para terminar, he de admitir una cosa: todo texto es susceptible de mejora, independientemente del número de revisiones a las que se haya expuesto. Por consiguiente, los autores tienden a obcecarse en una revisión infinita de sus textos, corrigiéndolos una y otra vez. Es un vicio que conviene erradicar.

Seamos sinceros: la perfección no existe, y nuestra obra tampoco lo será. Por eso, la revisión sólo es el paso intermedio para que la novela alcance su objetivo. Primero ser escrita, luego ser revisada y finalmente ser leída. Esa es la función primordial: incitar la lectura, y para llegar a allí no debemos revisar eternamente la obra.

Espero que estos consejos sirvan a cualquiera que se embarque en la corrección de una obra literaria. Asimismo, me gustaría pedir vuestra colaboración para saber qué metodologías usáis a la hora de revisar textos. Como siempre, cualquier tipo de aportación será bienvenida.

¡Contenido extra!

La revisión de textos es un proceso mucho más duro que la propia escritura. Una novela se puede escribir en tres meses con plena dedicación. Ahora bien, la revisión se puede alargar, sin ningún problema, durante tres años.
El ser humano es un animal que comete errores, muchos errores. No tiene que sorprendernos encontrar incontables fallos en nuestras novelas. Es normal y, lo mejor de todo, enmendable.
La revisión de un texto es como una vacuna, como una medicina, como una operación de larga convalecencia. Pero, en cualquier caso, algo necesario.
Con el tiempo, los autores aprenden a revisar los textos con tanta pulcritud, que ya no temen que la corrección se alargue durante años.

Gracias por suscribirte al blog. Sólo por ser seguidor de esta bitácora, podrás leer este contenido extra.

Mientras escribo II

mientras-escribo-stephen-king

Como ya avanzamos la pasada semana, seguimos con el análisis de la obra Mientras escribo de Stephen King, sintetizando brevemente algunos de los consejos que podemos encontrar en este manual para escritores iniciados.

El británico John Creasey, autor de novelas policiacas, escribió cinco mil novelas (sí, cinco mil) bajo distintos seudónimos. Yo he escrito unas treinta y cinco (algunas de extensión trollopiana) y se me considera prolífico, pero al lado de Creasey parezco un caso clínico de bloqueo.

Según su página oficial, John Creasey escribió 562 libros utilizando 20 seudónimos diferentes. 562 libros es una cantidad desproporcionada para cualquiera. John Creasey murió a los 65 años, por lo que suponiendo que aprendiera a escribir con 5, habría escrito ininterrumpidamente 9,3 novelas al año hasta el día de su muerte. No está mal… nada mal.

A pesar de todo, opino que la primera redacción de un libro (aunque sea largo) no debería ocupar más de tres meses, lo que dura una estación. Si tarda más (al menos en mi caso), empieza a quedar la historia como algo un poco ajeno.

No hay que tomarse los tres meses de King como una regla axiomática. En verdad, cada novelista tiene su propio ritmo a la hora de escribir. Lo importante es mantener una redacción fluida durante los 2, 5 o 12 meses necesarios para culminar el primer borrador.

Estar semanas sin escribir o unos pocos días puede menoscabar seriamente la trama; a veces incluso sin que el autor se percate de ello.

Me gusta hacer diez páginas al día, es decir, dos mil palabras. En tres meses son 180.000 palabras, que para un libro no esta mal.

No es mala cifra, no. Para hacernos una idea, la extensión de El Quijote es de 384.000 palabras. La extensión de Pedro Páramo, apenas 35.000. Stephen King cuantifica el trabajo diario en 2.000 palabras. Es una cantidad nada despreciable y aquí, un servidor, sólo alcanza esa cifra ocasionalmente.

Un escritor nobel debería tomarse metas mucho más sencillas como escribir 1.000 palabras al día. De esta forma, la novela seguirá su curso constante y siempre hacia arriba. En tres meses la novela podría estar terminada, suponiendo una extensión cercana a las 90.000 palabras (la traducción del El retrato de Dorian Gray ni siquiera alcanza las 80.000). No es muy recomendable que las primeras obras del autor sean especialmente largas.

La puerta cerrada es una manera de decirles a los demás y a ti mismo que vas en serio.

Escribir es una ocupación que exige una concentración plena. El ruido, las molestias, el teléfono, la vibración del móvil, el navegador de Internet…, por no hablar de los niños correteando por el pasillo. Cuando uno escribe, tiene que refugiarse en su mundo interior, cerrando la puerta a cualquier intruso.

Soy de las personas que necesitan un completo silencio para sumergirse en el mundo de la literatura. El mero pulsar del interruptor de la luz en la cocina (situada al otro lado de la casa), ya es motivo suficiente para distraerme. Consecuentemente, doy muchísima importancia a mi pequeño despacho: nadie entra si la puerta está cerrada y cualquiera que pase junto a ella debe tomar las precauciones necesarias para no importunar a un novelista delirante.

Yo trabajo con la música a tope (siempre he preferido el rock duro, tipo AC/DC, Guns’n Roses y Metallica), pero sólo porque es otra manera de cerrar la puerta. Me rodea, aislándome del mundo. ¿Verdad que al escribir quieres tener el mundo bien lejos? Claro que sí. Escribir es crearse un mundo propio.

Aquí entran en juego los gustos personales. Personalmente, prefiero escribir en un completo silencio, sin música. De hacerlo, las canciones pueden ejercer una enorme influencia sobre la redacción. El episodio puede llenarse de acción o de romanticismo si suena un corte duro o una empalagosa balada, respectivamente.

Para más inri utilizo tapones para los oídos. Me ayudan a aislarme del universo entero y cobijarme única y llanamente en la literatura.

La descripción arranca en la imaginación del escritor, pero debería acabar en la del lector.

Cuidado con el exceso de adjetivos, comparaciones, metáforas, etc. Las descripciones ayudan y son necesarias en la narrativa, pero hay que poner especial atención en no excederse. En última instancia es el lector quien se imaginará al personaje; él creará su perfil del protagonista. El escritor únicamente tiene que sentar las bases de esa fisonomía, pero jamás robarle al lector la oportunidad de crear su imagen particular.

Cuando se sufre un atasco imaginativo, el aburrimiento puede ser muy aconsejable. Mis paseos consistían en aburrirme y reflexionar sobre mi gigantesco despilfarro de páginas.

Es fundamental no forzar la imaginación. Si el episodio no avanza, si las palabras no fluyen, no insistas: cede. Tómate un respiro; detén un instante al caballo desbocado de la imaginación. Le falta resuello. Cuando el bloqueo mental nos impide continuar con la obra, es mejor aburrirse en tareas mundanas: limpiar la casa, pasear durante dos horas, incluso sentarse a meditar. El buen trabajador sabe cuando tiene que descansar.

Debajo de la firma del director, reproducida a máquina, figuraba a mano lo siguiente: «No es malo, pero está hinchado. Revisa la extensión. Fórmula: 2da versión = 1ra versión – 10%. Suerte.»

Stephen King menciona la recepción de uno de sus primeros trabajados por un editor profesional. La respuesta de este último no fue del todo mala: sólo le pidió aligerar la obra. Ocurre que, habitualmente, los escritores nos perdemos en nuestra creatividad concibiendo pasajes infinitos. Otras las descripciones se convierten en una amalgama de pomposo barroquismo, o los diálogos monólogos alternativos entre uno u otro personaje.

La solución es sencilla: aliviar la carga. No hay que tener miedo de resumir, compendiar o incluso suprimir. El borrador de una novela tiende a ser más largo que la edición final.

Escribir no es cuestión de ganar dinero, hacerse famoso, ligar mucho ni hacer amistades. En último término, se trata de enriquecer las vidas de las personas que leen lo que haces, y al mismo tiempo enriquecer la tuya. Es levantarse, recuperarse y superar lo malo. Ser feliz, vaya.

Stephen King termina Mientras escribo haciendo una alusión a un gravísimo accidente de coche que casi acabó con su vida. No murió atropellado por una furgoneta de puro milagro. La vida y la muerte son tan caprichosos que aparecen en los momentos más inesperados. Tristemente, somos mortales, y mortales moriremos.

Por esta razón, no hay que buscar en la literatura ni la fama ni la gloria. La prosa y la poesía son un vehículo hacia la felicidad. Esa es su verdadera función: hacernos felices a nosotros mismos y hacer felices a los lectores.

Mientras escribo

Al final de mis aventuras bebía cada noche una caja de latas de medio litro, y tengo una novela, Cujo, que apenas recuerdo haber escrito.

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Corría el año 2000 cuando Stephen King publicaba en ensayo mezcla de manual narrativo y autobiografía. En esta obra, el autor estadounidense desvelaba los quebraderos de cabeza de sus inicios como escritor, haciendo alarde, sin embargo, de un íntegro compromiso con la literatura.

Además, lejos de convertirse en unas memorias egocéntricas sobre la vida del autor, Mientras escribo es también un manual de instrucción para los escritores noveles. Aportando ideas llenas de sabiduría y recopilando un pequeño tutorial, Stephen King hace a la vez de narrador oral y simpático profesor.

Ahora ya sé qué significa estar borracho: una vaga sensación de buena voluntad, otra más nítida de tener casi toda la conciencia fuera del cuerpo, flotando encima como una cámara en una película de ciencia ficción y filmándolo todo, y por último el mareo, el vómito y el dolor de cabeza. No, me digo que esa gripe no volveré a cogerla, ni en este viaje ni nunca. Es suficiente una vez, sólo para averiguar de qué se trata. Repetir el experimento sería de imbéciles, y dedicar una parte de la vida a beber, de locos, locos masoquistas.

El libro bien puede dividirse en dos mitades, con la primera dedicada a las experiencias del autor y la segunda más orientada a una guía de iniciación a la escritura. En esta segunda sección voy a centrarme, citando el texto de Mientras escribo en un intento de resumir los consejos que en él podemos encontrar.

A veces se tiene la sensación de estar acumulando mierda, y al final sale algo bueno.

Ciertamente, un escritor sólo publica un porcentaje irrisorio de cuanto escribe. Decenas de poemas, relatos, cuentos, ensayos y novelas se quedan en el trastero de la cabeza, a veces con una forma vaga e indeterminada y otras con una configuración total.

Al igual que la vida, la mente del escritor cambia y evoluciona constantemente. Lo que uno escribió hace años puede quedar oculto para siempre. Otras veces, entre todos los papeles amontonados en el contenedor de la locura, se encuentra una obra maestra, un escrito que merece la pena. ¿Quién no ha hallado alguna vez un texto digno en ese cajón donde se amontonan papeles sin memoria?

Poner al vocabulario de tiros largos, buscando palabras complicadas por vergüenza de usar las normales, es de lo peor que se le puede hacer al estilo. Es como ponerle un vestido de noche a un animal doméstico.

Sobre todo el escritor nobel, debe dosificar el uso de cultismos, palabras desconocidas para la mayoría o complejas formas subordinadas. La lectura ha de ser sencilla; nadie leerá un manuscrito si eso supone un insufrible dolor de cabeza. Alejarse de las cursilerías, de los adjetivos ornamentales, de los trucos ostentosos y la pomposidad extrema es lo mejor que podemos hacer al escribir. Lo bueno si breve, dos veces bueno, y si sencillo, aún mejor.

La mejor manera de atribuir diálogos es «dijo».

Informó, manifestó, contestó, respondió, habló, interpeló… son posibles sinónimos del archiconocido “dijo” que abunda en cualquier texto de narrativa. Stephen King defiende el uso de este verbo y ciertamente, no hay palabra más indicada para la introducción de diálogos. Sin embargo, si bien “dijo” debería ser el término más utilizado, no debería ser el único. En la variedad se encuentra la verdadera belleza, y “dijo” no arrastra la misma emoción que otros verbos como “exclamó”, “gritó” o “suplicó”.

Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho. No conozco ninguna manera de saltárselas. No he visto ningún atajo.

Y no lo hay.

Tradicionalmente las musas eran mujeres, pero el mío es varón. Habrá que acostumbrarse.

Cuanto menos curiosa esta relación del autor con la inspiración. Si bien la mayoría de los mortales, quizá por cierta debilidad por el clasicismo griego, juega y crea con una o varias musas; Stephen King, por su parte, se deja agasajar por el “muso”, su musa masculina.

La mayoría de la gente se acuerda de cuándo perdió la virginidad, y la mayoría de los escritores se acuerdan del primer libro cuya lectura acabaron pensando: yo esto podría superarlo.

En este último punto, admito que los escritores somos unos engreídos, condenados a delirar en los textos que escribimos creyéndolos mejor que lo escrito anteriormente. Es el orgullo del artista, su mayor maldición.

Efectivamente, me vienen a la mente algunos libros cuya lectura me reveló que yo mismo podía haberlos escritos peor, aunque posiblemente me equivocaba. En cualquier caso, saber mejorar las obras de otros es una gran virtud que supone un conocimiento considerable del lenguaje y la escritura.

Leyendo prosa mala es como se aprende de manera más clara a evitar ciertas cosas.

No podría estar más de acuerdo. No hay que centrase exclusivamente en la lectura de obras maestras. También es necesario e interesante leer novelas mediocres de autores sin renombre.

¿Por qué? Alguno puede pensar que es una pérdida de tiempo. Lo cierto es que cualquier libro esconde cierta sabiduría, por escasa que sea. Además, la mala literatura exhibe errores garrafales. Aquel escritor que aprenda a reconocerlos evitará cometerlos en su prosa. Leer lo malo para no reproducirlo. Leer lo bueno para imitarlo.

Si no te diviertes no sirve de nada. Vale más dedicarse a otra cosa donde puedan ser mayores las reservas de talento, y más elevado el cociente de diversión.

Debido a la extensión del artículo, aquí cierro este pequeño análisis que continuaré el próximo domingo. Espero que la lectura haya servido para conocer algunas de las reglas de la escritura, así como la opinión que los escritores consagrados tienen sobre las mismas.

Independientemente de que nos gusten los relatos de Stephen King, se trata de un autor magistral con una creatividad terrible. Novelas tiene muchas y estoy seguro de que muchos de vosotros habéis leído alguna… ¿me equivoco?

El arte de revisar textos: durante el proceso de redacción

(7/52) Corregir - Irene ChaparroLa revisión de novelas, cuentos, relatos y demás ficciones es toda una vocación. No sólo se necesita un conocimiento expreso de gramática, ortografía y estilo, sino también nociones de historia, educación, política, ecología, industria y cualquier otra ciencia habitual, dependiendo de la ambientación de la obra.

Creo firmemente que la mayoría de los autores, escriben mal y revisan bien. Aquellos que escriben bien son simplemente los maestros de la literatura (uno de cada cien mil escritores, diría yo), y lógicamente, no soy uno de ellos. Los malos autores debemos aprender a revisar bien nuestro trabajo, para que al menos pueda resultar legible.

En los siguientes artículos intentaré abarcar fundamentos al respecto de la revisión de nuestras obras, textos y redacciones, un trabajo mucho más laborioso y aún más insoportable que la propia redacción. En este primer capítulo me centraré, sencillamente, en compaginar la revisión con la redacción del texto, dando a este último proceso mucha más importancia que al primero.

Escribe o revisa, pero nunca hagas las dos cosas

Un autor debe discernir entre dos acciones complementarias pero íntegramente diferentes: escribir y revisar. Escribir es una cosa y revisar otra. La segunda sigue a la primera, pero no deben ir de la mano, no deben sucederse simultáneamente.

Aquel que escribe un párrafo e inmediatamente lo revisa, ni escribe ni revisa. Simplemente, pierde el tiempo. Lo digo tan abruptamente porque lo he sufrido durante años. Hay que dejar que la pluma se deslice sin óbice. Después ya habrá tiempo para revisar, corregir, buscar sinónimos, asimilar significados, reconstruir tramas y anotar cualquier frase oportuna.

Haz una breve revisión de lo escrito el día anterior

Intenta revisar una o dos páginas escritas el día anterior. Esto te permitirá entrar en consonancia con el tono de la redacción y habituar la inspiración al momento narrativo, además de impulsar una pequeña corrección del texto, en la que es vital no demorarse mucho tiempo.

Se trata simplemente de un modelo a seguir para aclimatar la voz narrativa y que sirve, además, como una minúscula, breve y fugaz revisión. Así matamos dos pájaros de un tiro.

Anota instintivamente códigos de revisión durante la escritura de textos

Quizá complicada, pero una práctica muy recomendable. Mientras uno escribe le pueden acometer dudas y faltas: un sinónimo para esta palabra, cómo se escribe realmente el nombre de este médico escocés, a cuántos kilómetros esta Almería de Madrid, se acentúa o no se acentúa esta palabra y cuál es la maldita forma del pretérito pluscuamperfecto del verbo ser.

Lo más importante es no detenerse ante estas vacilaciones y seguir el curso de la escritura. En mi caso, he implementado lo que podríamos llamar un automatismo de códigos que me permite remarcar cada término dudoso para una futura revisión.

Por ejemplo, para cada palabra que necesariamente hay que corregir, suelo enfatizarla con un asterisco (*). Se puede lograr mayor precisión añadiendo códigos alfanuméricos, como los siguientes:

  • *o: duda ortográfica, de acentuación.
  • *g: duda gramatical, muy útil para determinados tiempos verbales.
  • *i: duda informativa, cuando se necesita recavar más datos sobre un personaje, un acontecimiento histórico, un producto de lavandería, una marca de ropa…
  • *d: duda de definición, para lo cual será necesario utilizar un diccionario en el futuro.
  • *s: buscar un sinónimo para la palabra en cuestión.

Un pequeño ejemplo para ilustrar este método:

Pisé el acelerador sin más preámbulos*d. El coche resurgió como un buitre en la carrera desolada. No había nadie: ni coches*s, ni rastro de vehículos ajenos, ni tan siquiera aquel Ferrari Testa Rosa*i del año 1986*i. Por ello, bajé las ventanillas y subí la radio a tope*s. La autopista se llenó de rock & roll.

En este caso, el escritor ha preferido seguir con la escritura sin pararse a revisar el verdadero significado de “preámbulos”, o buscar información sobre la forma correcta de escribir el modelo de ese Ferrari y su año de fabricación. Además, el autor también necesitará encontrar un sinónimo para un dicho tan vulgar como “a tope”, pero esta labor la realizará en otro momento, durante el periodo de revisión y corrección.

La revisión mensual

Como último consejo, recomiendo a los autores realizar una revisión completa a final de mes, pero sólo de lo escrito ese último mes. Nunca de la obra entera. Siguiendo este proceso el escritor clarificará sus pensamientos en torno a la novela, realizará anotaciones sobre personajes, acontecimientos o escenarios, aprovechará para modificar algún punto crítico del capítulo en cuestión, etc. Es importante no demorarse más de dos días en esta revisión mensual. Es sólo una revisión, no una corrección completa.

Si bien en este artículo he aportado pautas para revisar un texto alternándolo con la redacción y sin influir negativamente en ésta, en el próximo capítulo hablaré de consejos para corregir una obra ya finalizada.

Espero que estos trucos os sirvan de ayuda tanto como a mí.

¡Contenido extra!

La revisión de textos es un proceso mucho más duro que la propia escritura. Una novela se puede escribir en tres meses con plena dedicación. Ahora bien, la revisión se puede alargar, sin ningún problema, durante tres años.
El ser humano es un animal que comete errores, muchos errores. No tiene que sorprendernos encontrar incontables fallos en nuestras novelas. Es normal y, lo mejor de todo, enmendable.
La revisión de un texto es como una vacuna, como una medicina, como una operación de larga convalecencia. Pero, en cualquier caso, algo necesario.
Con el tiempo, los autores aprenden a revisar los textos con tanta pulcritud, que ya no temen que la corrección se alargue durante años.

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¿Cuánto escribes al mes?

Bands I saw from Dec 17 1977 - 1980 - Nicholas Noyes

Hace pocos días, en una charla con un viejo compañero de guerra, nos formulamos esta imperiosa cuestión. El objetivo de la respuesta no era vencer en una batalla literaria de vanidad y supremacía intelectual, sino al contrario, localizar la frecuencia del hábito de escribir, así como los momentos más creativos del día.

La charla sirvió para conocernos mejor como escritores y saber, después de tantos años, que el proceso de redacción atendía a una rutina, a un modus operandi, a un guión preestablecido y a una actitud inherente al alma del poeta.

Las conclusiones fueron de los más enorgullecedoras y anotaré a continuaciones las mías como respuesta a la pregunta del título. Fijaos que para cuantificar la escritura mensual, me decanto únicamente por la cifra de palabras redactadas, no por el tiempo invertido.

Artículos para terceros

El trabajo de articulista es, indudablemente, el que más tiempo me requiere como escritor. Supone elaborar un texto académico, objetivo, informativo, veraz y sin ningún tipo de error. También es mi carta de presentación, mi bolsa de horas y mi primer recurso económico.

A la semana, suelo redactar unos cinco artículos, con extensiones variables entre las 400 y 600 palabras. Haciendo un cálculo aproximado se obtiene la cifra de 10.000 palabras al mes, cuantificadas en una veintena de textos.

La entrada dominical

Quienes siguen mi blog, seguramente habrán leído alguno de los textos publicados los domingos, como éste. Se trata siempre de artículos de historia, etimología, literatura, biografías, comentarios de novelas, recursos para escritores y temáticas similares. Mi intención con ello es expandir mi gusto por estas materias y esperar que el lector se enamore de las mismas tanto como yo.

Entrando de llenos en el meollo de la cuestión, esta entrada dominical suele ocupar una extensión relativa a las 800 palabras. Ojalá pudiese escribir un artículo de estas características todos los días, pero la falta de tiempo y disposición me lo impide. Aún así, en los últimos meses he sido fiel a mi propuesta dominical, que traducido en palabras asciende a la cantidad de 3.200 al mes.

La inspiración de los ratos muertos

A pesar del estrés de la vida diaria y de la volatilidad del tiempo, siempre hay espacio, aunque sea minúsculo, para que la musa se materialice en los momentos más impredecibles. Es entonces cuando una simple hoja de papel, un archivo de texto en el ordenador o alguna nota en el teléfono móvil memorizan la creación de un microrrelato, cuento o poema.

Son, por lo general, textos muy cortos, que suelo publicar los martes y los jueves, y a los que tampoco dedico mucho tiempo. Igualmente su extensión también es pobre; por lo que esta actividad literaria, tan imprevisible y difícil de planificar, origina un número cercano a las 3.000 palabras al mes.

La novela como centro creativo

Sea como fuere, el mayor tiempo dedicado a la escritura está protagonizado por la novela. Aunque la elaboración de estas extensas obras se puede alargar durante años, intento en la medida de lo posible escribir algo día a día. Desgraciadamente, ese “algo” suele ser muy breve.

Debido al resto de las responsabilidades de la vida, no puedo consagrarme a una novela durante ocho horas al día. De hecho, muchas veces, ni siquiera tengo media hora libre. Por lo tanto, el tiempo que dedico a escribir una novela es menos de lo que me gustaría.

En la actualidad, la novela que tengo en curso crece a un ritmo de 12.000 palabras al mes. Número aproximado, naturalmente, pero bastante fiable gracias al recurso del diario del escritor.

La valoración final

Tras hacer un recuento, obtenemos la cifra de 28.200 palabras mensuales, divididas en los siguientes contenidos:

  • Artículos: 13.200
  • Poemas y relatos: 3.000
  • Novela: 12.000
  • Total: 28.200 palabras al mes

Resulta esclarecedor saber que empleo el mismo tiempo para escribir artículos para terceros que para redactar mi novela. Los poemas, microrrelatos y cuentos ocupan un lugar irrisorio en esta producción; donde como ya dije en las primeras líneas, no se tiene en cuenta el tiempo invertido. Las horas de escritura ascienden a decenas y decenas.

La valoración final es bien sencilla: escribo mucho menos de lo que me gustaría. Por eso, durante los periodos vacacionales la producción literaria tiende a duplicarse. Pero ciertamente, y esto es aplicable a cualquiera que posea esta vocación, la escritura debe ser una constante en la vida del autor, independientemente de la calidad y la cantidad. Después, ya habrá tiempo para llenar la papelera de basura prosaica o dar un último empuje de creatividad a nuestras obras.

Espero que el lector pueda sacar sus propias conclusiones, así como exponerlas en sus comentarios; nada me gustaría más. De igual modo, le invito a contestar a la pregunta del título si así lo desea.

Gracias por vuestra lectura.

¡Contenido extra!

Antes de responder a la pregunta del título, hay que aclarar la unidad de medida. Aunque me he basado en la cifra de palabras, también es válido cuantificar horas o incluso páginas.
Una página a DINA 4 con fuente Times New Roman a 12 puntos, sin espaciado y con márgenes de 2.0 cm, puede contener unas 700 palabras. Con el formato de DINA 5, el que más se asemeja al tamaño de un libro de novela, se puede alcanzar las 350.
Entrando de lleno en el apartado del tiempo, personalmente, yo suelo escribir 1.000 palabras por hora; aunque en momentos de verdadera inspiración y quietud absoluta, he llegado a casi duplicar esta cifra.

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5 ideas para empezar un cuento

Pen to Paper - mbgrigbyA todos nos ha pasado que, aunque con muchas ganas de escribir, las palabras quedan atoradas en la nada. El silencio de la inspiración embiste furioso nuestra musa y nosotros nos quedamos paralizados ante ese aciago, funesto, horrible y atroz papel en blanco.

Es en ese momento cuando más deseamos comenzar una historia, un cuento, un relato. El deseo se convierte en una necesidad palpitante. Sin embargo, no sabemos cómo hacerlo y el destino se burla de nuestra creatividad.

Por eso, para esos momentos en los que la inspiración no llega, propongo alguna pautas para empezar un cuento o, como poco, para incentivar la imaginación y la escritura.

1. Con dos palabras

Este es uno de mis métodos preferidos, quizá por su aparente sencillez. Basta con seleccionar aleatoriamente dos palabras, cualesquiera. Por ejemplo: carbón y ratón; o mejor aún, pañuelo y jolgorio. A partir de la elección, uno tiene que ponerse a escribir. Lo que sea; con la única condición de que la historia contenga esas dos palabras.

Personalmente, para este método, siempre me auxilio de una aplicación web que genera palabras aleatorias. Basta refrescar la página o pulsar la tecla F5 y… ¡listo! Dos palabras preparadas para inspirar un cuento.

Ejemplos de relatos que surgieron utilizando este método son: El riachuelo y la cadena.

2. Un cuento en el mundo al revés

¿Qué pasaría si la Bella Durmiente sufriese en realidad un tenaz insomnio? ¿Y si Blancanieves fuese secuestrada por siete gigantes? Ha aparecido otra bruja descuartizada, ¿los sanguinarios Hansel y Gretel habrán tenido algo que ver?

Emplear historias arraigadas en la tradición, paradojas absorbidas por la sociedad, refranes de culto o cualquier cuento conocido por todos y, posteriormente, revertir la idea principal, el núcleo de la cuestión o los atributos principales, concebirá una nueva trama, un nuevo cuento, una nueva historia lista para ser redactada.

Ejemplos de relatos que surgieron con este método son: Pinocho sin nariz.

3. Agrupar bajo un mismo relato varios cuentos o historias

¿Imagináis a Aladín y a Caperucita Roja intentando escapar de un malvado lobo que ha devorado a la lámpara maravillosa y a la alfombra mágica? ¿Sí? Pues empezad a escribir.

¿Qué ocurriría si la armada del Imperio Otomano se hubiese apoderado del submarino del capitán Nemo y procediese a asestar un duro golpe sobre Londres? ¿Logrará Hércules Poirot encontrar las pistas que conduzcan al paradero de la nave submarina antes de que la Gran Guerra se decante del bando turco?

Como veis, las posibilidades son inmensas en un mundo que mezcla ficción y realidad. Todo un abanico de historias. Basta entremezclar varios aspectos históricos o ilusorios para ensamblar un relato lleno de acción, intriga y suspense.

4. Cambiar un detalle del mundo real

¿Cómo sería un mundo sin Europa? ¿Y con dos lunas? ¿Y sin sol? ¿Qué pasaría si el fuego no quemase nuestra piel? ¿Y si hubiese más zurdos que diestros? Tantas posibilidades permiten la concepción de un millar de microrrelatos, paradojas, fábulas o textos reflexivos.

Con este método pueden lograrse textos de ficción muy breves, idóneos para motivar la escritura e incentivar la redacción. Cuando el tiempo es escaso y la inspiración no llega, modificar un punto de la realidad es una forma perfecta de facilitar la escritura.

Ejemplos de relatos que surgieron con este método son: El lobo herbívoro.

5. Copiar el final y el principio de un texto y escribir el contenido restante

Naturalmente, el plagio de obras consagrados o autores desconocidos es algo despreciable y punible. No así la imitación de los textos ajenos, sean de Eurípides o de Munro, puesto que no hay que olvidar que el arte es la imitación de la naturaleza. Imitar, y digo imitar, —nada de copiar las bondades de otros escritores—, facilita considerablemente la imaginación general del artista.

Cuando la musa se evapora, es una opción completamente válida imitar los textos de obras consagradas. A tal efecto, bastará con reescribir la primera frase de un libro y la última de otro. A partir de ese momento, sólo cuenta el esfuerzo particular de redactar el contenido restante, utilizando el punto de partida y el de llegada.

¿Qué seríais capaces de escribir si vuestro relato comenzase con “Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia” y finalizase mediante la siguiente oración: “Al examinar sus dedos y ver los anillos descubrieron finalmente de quién se trataba”?

No digo nada más. Lo dejo en vuestras manos. Y naturalmente os invito a comentar vuestras metodologías a la hora de comenzar un relato. ¡Muchas gracias!