la sirena triste

La sirena triste

Cuando lloras y me miras con tus ojos de agua pura, me ahogo como un náufrago en tu honda tristeza. La sal hiende la herida varada en mi corazón y el dolor crece y crece como mareas huracanadas. No veo …

La casa en llamas

El fuego envolvía por completo la casa abandonada. Trepaban las llamaradas por los altos muros, como serpientes vivas y rojas que se arrastraban zigzagueando por la superficie pétrea. Los bomberos y vecinos agolpados a las puertas del edificio convivían en …

Mi ángel, mi demonio

Me derrites el alma, corazón congelado. Eres ardiente y húmeda en mis brazos de cal. Pedacito de río y desierto eternal como un mundo en dos tierras cercenado. Elixir de mïeles ponzoñoso y letal. La caricia que araña por rencor …

Pinocho sin nariz

Pinocho sin nariz

Pinocho no tenía nariz, al contrario que los otros niños de la escuela. Cuando estos mentían quedaba de testigo una prominente punta nasal, la cual se extendía a cuanto más falso era el embuste. Pero pinocho, al carecer de nariz, …

Una niña llorando

En la habitación a oscuras, una luna discordante ilumina una cama que chirría. Y chirría con dos cuerpos atenazados sobre el colchón; uno abalanzado sobre el otro. Los gruñidos del hombre pegados al pelo de su esposa, cuyos ojos vacíos …

Queriendo olvidar

Confiné en un ropero tus vestidos, calciné en una hoguera mis memorias, y aún sin importar por donde vaya persígueme tu sombra. ¿Acaso tendré yo que recluirme en lo más hondo de un baúl de ropa y rezar para que …

Sexo en la calle

Sexo en la calle

Te apoyas en la farola como una parte indisoluble del mobiliario urbano. Miras, contemplas. Traduces en versos el caminar de las doncellas. El poeta en la calle. Alberti. Pero hoy no quieres hablar de revolución. Hoy quieres hablar de sexo. …

El caminante

Por sendas de Castilla camina el caminante; ninguna compañía, tan solo fe en el cielo. Morral tiene a la espalda, la vista por delante, y dentro va una biblia guardada con gran celo. Camina el peregrino, ningún acompañante; no hay …

Estrellas rotas

Se rompen las estrellas. Lloran. Una ensordecedora explosión que nadie puede oír. Agujas pinchando la materia del universo solapadas por la incomprensión. Gritos sin eco. Amparo desvestido de ondas de luz. A nada puede agarrarse. ¿Qué hacer cuando se hunde …

Avellana

Quiero pelarte como a una avellana, quitarte el sobrante de tu cuerpo y dejarte desnuda y pura, ante mi ávida mirada. Recorrer tu afrutada piel con la lengua, prodigando entre sus lunares y recovecos el claro color de la saliva. …

El lobo herbívoro

El lobo herbívoro

Érase una vez un lobo. Pero no feroz. ¡Qué va! Era dulce como la miel, cariñoso como una semilla de algodón, amante de la cocina herbívora más sofisticada y un fanático de la peluquería, razón por la cual conservaba un …

El bolígrafo silencioso

El bolígrafo silencioso

Tenía un bolígrafo en la mano y la mente ahíta de tinta seca, tiesa, tísica. Las palabras quedaban inmóviles ante la frigidez de los pensamientos y el bolígrafo escuchaba en silencio voces que no decían nada. Frente al artilugio prosaico, …

Y ahora te lamentas

Y ahora te lamentas

Nunca quisiste creerme, nunca confiaste ciegamente en mí, nunca hiciste caso de mis opiniones, y mis consejos no valían nada. Y ahora te lamentas. Fui tu conocido, tu compañero, tu amigo, tu amante, tu amor, tu amante, tu amigo, tu …

El recuerdo de tu cara

El recuerdo de tu cara

Los pensamientos se deslizan por mi mente y paulatinamente adquieren la silueta de tu rostro. Es entonces cuando siento un deseo de besarte tan fuerte, que inexorablemente me pongo a llorar. Iraultza Askerria

El corazón enterrado

Al poco de enterrar mi corazón en el fondo del río, me sentí más relajado y ligero. Me quité un peso de encima, doscientos ochenta gramos de inútil músculo y una responsabilidad un tanto tediosa. El lecho del río abrigaba …

Fuegos artificiales

Fuegos artificiales en el cielo nocturno que parecen iris arcos. Traviesos infantiles en sus barcos siguiendo el rayo leve del señuelo. Como fieros astados, aun en celo, penetran los cerrados y albos marcos vistiendo de clamores tantos charcos y de …

Violadores y poetas desorientados

El mundo estaba lleno de oportunidades. Rubias, morenas, incluso pelirrojas. Algunas de piernas delgadas, otras gruesas, todas llamando a una boca ávida. En cualquier lugar aparecían: en los sueños, en el cielo, en cualquier punto del universo… Incluso en los …

Onicofagia

Te muerdes las uñas, deseoso de dolor. Se contrae tu cara en la adicción máxima de comerte a ti mismo. Brillan tus ojos al ver el desgarro continuo de la carne. Sonríe tu alma de placer cuando tus fauces se …