Pacto con el diablo

Háblame de la historia del pecado que en tu cara creó gracia y lindeza, pues no habrá ningún sino más preciado que aquel que dio un comienzo a tu belleza. Por eso me pregunto atormentado si con Satán pactaste la …

Adiós

Tus palabras se han escapado, indomables y bohemias. Se han ido lejos, al otro lado del mundo, donde la realidad se confunde con los sueños y los sueños rozan la atemporalidad de la muerte. Allá te fuiste, prometiéndome que regresarías …

A imitación de los poetas clásicos

Yo quiero que tengamos un momento para leer a clásicos poetas que escribieron sonetos y saetas alentados por tierno sentimiento, y después imitar en nuestro aliento los mismos versos, rimas y cuartetas abrazando las mismas silüetas que guardan el amor …

Una pareja de enamorados

Tenía el rostro empapado por el sudor y los músculos doloridos por el monumental esfuerzo. Profirió un gemido de dolor, como si le estuvieran propinado una paliza, y luego se dejó caer sobre la cama, aliviando la agonía que aún …

A la perdición

Con el rostro desbordado por las lágrimas amargas, escuché un suspiro amargo de vosa alma desbordada. Yo no supe de tu labio encontrar sonrisa cara; y hoy así lo pago caro por faltarme tanta labia. Pues no supe darte amparo …

Mi fe divina

Permíteme tañer las cuerdas suaves de tu alma reventada por la ausencia de no tener tan cerca mi querencia y no poder gustar tus bienmesabes con mis labios capaces de hacer aves en tu boca extendida cual la esencia de una …

El trino de un pájaro

En el punto intermedio entre la razón y el alma, un pájaro sembró su trino. Era melódico, dulce, acompasado; como un gemido, como un arrullo, como un silencio sonriente. Tenía forma de cabello liso y de mirada radiante; también aroma …

Una tarde corriendo

Aquella tarde salimos a correr. ¿Lo recuerdas? No hacía mucho calor, pero se estaba bien a tu lado. Incluso, me atrevería a decir que, salvo nosotros, el resto del mundo se estaba congelando en su frialdad. Así son los sentimientos, …

Soneto en métrica descendente

Abrigo hecho de estrellas, arrópame en tus manos; en tus manos, mi príncipe, de nuevo hazme dichosa, dichosa como el sol, como una mariposa, mariposa que vuela por los montes decanos. Profésame el calor de los veranos; veranos de lujuria …

Su espalda desnuda

… y entonces contemplé su espalda desnuda. Se recortaba suave y perlada bajo la luz del dormitorio. Mis ojos se deslumbraron ante la belleza de los hombros desnudos, de la cintura estrecha y de la piel tersa y morena. Tanta …

Diana

Sé que tuyo es el nombre de Dïana, para mí, sin embargo, eres tristeza; como lágrima de una estrella cana. como piel impregnada de aspereza.. Para mí no eres virgen, cual la diosa, eres la dionisíaca amante; como nívea luna …

Haikus a un mar asustado

Olas que os rompéis en desgarrados gritos de cobardía. Aguas que os doléis por los nocturnos hitos de la agonía. Mares… ¡no lloréis! que entre truenos malditos llega otro día. Iraultza Askerria

El corazón fue hecho para amar

Tomé tus labios con los míos

Tomé tus labios con los míos, y con las manos tomé tus pechos. Tal vez fue locura, tal vez amargura, pero al cabo, mis lágrimas cayeron sobre tus pezones. -¿Qué te pasa, mi vida? -dijiste. -Nada… que no te quiero. …

El mundo nos pertenece

—El mundo nos pertenece —susurré. Luego me incliné sobre su cuerpo y la besé tiernamente. Mis labios se derritieron sobre los suyos, fundiéndose en una única boca. Bebimos a sorbos nuestras voces anhelosas mientras caminábamos por las arenas de nuestras …

Haiku de medianoche

La ciudad sueña sumida en la penumbra de las estrellas. El monte duerme cuando lo arrulla el canto de la corriente. Y yo descanso, que mi mente y la noche han hecho pacto. Iraultza Askerria

Envejeciendo

Tomaré de tus manos la fría primavera convertida en un vasto terreno desflorado, y la culpa daremos al hado despiadado por volver horroroso lo que precioso fuera. Tomaré luego triste lugar a tu ribera, recordando lo hermosa que fuiste en …

Ojos teñidos de lágrimas

Ojos teñidos de lágrimas me observaron durante la noche helada. Tú estabas acurrucada bajo un soportal, con las manos vistiéndote el rostro y los gemidos de tu voz envolviendo acompasadamente el perfil de tu figura. Menudo, como un arbolillo silvestre, …

Azucena

¡Ay!, hermosa azucena en este valle, blanca miel en boca de serafín; del ladrón codicioso su botín. Ojalá entre mis brazos al fin te halle. Como la vagabunda de la calle que se expande de aquel a éste confín, en …