Dedos

No supe entender lo que pedían tus carnes, ávidas de un cuerpo en celo. Quizá, incluso, tuve miedo de comprenderlo. Me limité a hacer contigo lo que tú querías hacer conmigo, prohibiéndote el placer de masturbarme, obligándote a dejarte masturbar …

El anhelo de poseerte

Arrastrarás cual lino tus caderas en una desnudez de puro fuego, deslizándote en húmedas calderas por mi cuerpo sumido en amor ciego. Ascenderé tus tímidas laderas hasta encumbrar un beso, para luego a la sombra dormir de sus palmeras, calmando …

Soneto a tu boca

Sabe que son tus labios ambrosía ruinas azucaradas del deseo en cuya remembranza me recreo esperando besarlas otro día, pues conociendo ya la dulce vía de tu boca, me he vuelto yo un ateo del resto de mujeres donde es …

Exótica imitación

En un susurro tan silencioso como los céfiros del ancho mar, oí a tus voces dulce rimar, un dulce cántico, tema amoroso. Pensé que un sueño, un dulce engaño, con una exótica imitación, burlado había mi corazón para con lágrimas …

Las semillas de los cuatro vientos

Profundo pensador, que desde su retiro de Getafe lanzaba a los cuatro vientos sus prosas. Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino (1944-49). La gente de ideas férreas tiende a expresarse con gravedad, promulgando argumentos aquí y allá para …

Luz

Es inexplicable lo que ante mí se sucede con un carácter imaginario y demencial. Parece tan extraordinario como el propio amor y tan fantástico como la mente de un escritor alcohólico. Pero lo más importante no es esta extraña cualidad …

Rosa de mi tumba

Ya habiéndose mi amor adormilado en el lecho aciago de la memoria, acudió una princesa hasta mi tumba a adornarla de rosas. Yo me revolví junto a los gusanos que roían mi piel poca a poca, queriendo conocer a esa …

Disolución

Una persiana entornada y, entre sus rendijas, la luz de las farolas iluminando el interior de la habitación. Los cuerpos desnudos, oleosos, sibilinos, amordazados el uno contra el otro sin más interrogante que los besos mordientes en los labios hinchados. …

Guerrero

Soy el marcial de tus labios, el guerrero inmortal de tus ojos canela, el defensor acérrimo de tu libertad, de tu gloria, de tus muslos en celo. Soy yo el libertador, el Cid, un torneador de lanzas y espadas, un …

Cenicienta

Cenicienta. Zapatitos de cristal. La corona que relumbra en tu frente. Los ojos… abiertos, pétalos, tesoros, estrellas, mansos ríos y agitadores vientos. Carmín derretido en la curva de tu sonrisa. Las mejillas frágiles…, pedazos de pan, caliente y húmedo de …

Noches que me atormentan

En las noches de tu ausencia me alimento de recuerdos, me alimento de los besos que nos dimos entre estrellas. En las noches, tu presencia la recuerdo como un mito, la recuerdo mientras grito: “¡qué regrese mi princesa!” En las …

Ilusión

Misteriosa luna azul, curiosidad engreída, arco iris de palabras, pedacito de mi vida. Unos versos que en silencio forman una voz querida. Una pluma de los mares, una Jane desconocida. En la tacita de plata la perla más exhibida, de …

La casa abandonada

Nadie habitaba la casa desde hacía décadas. Estaba desolada, vacía, con los cristales rotos, las paredes desconchadas y el tejado desnudo de losas. Ningún hombre se había atrevido a entrar en ella, a ocuparla, a reclamarla para uno mismo. La …

Soneto a una tierra ofendida

Soy el paraíso, el ánima que riega los riachuelos dulces que descienden por las montañas níveas que hienden la voluntad del éter que ciega. Soy el planeta que amado debiera por las personas que viven de mí, y a defenderme …

Ave rosa

Ave de rosa entre las ramas secas del otoño, llega el invierno y llegan mis besos para abrir tus alas. Llenar tu trino con mi penetrante atisbo de sexualidad, y con gruñidos servir de base a tu canto celestial. Golondrina …

La sirena

Tomé sus ojos con los míos aquella noche de verano. Recuerdo, como una imagen lejana pero profunda, que sus labios me respondieron sin que yo pudiera remediar el ataque. Me besaron con locura cuando y mientras mi razón intentaba explicarme …

Almíbar

Almíbar. Así sabía tu boca. Aún sediento, tras haber bebido de tu cuerpo, me imaginaba saciándome en ti, que no contigo. Quizá ese sentimiento egoísta fue consecuencia de la ingente felicidad que me hiciste sentir, y que nunca quise compartir …

La puerta

Abriste la puerta de tu corazón a ese niño perdido durante años por el mundo. Parecías el arco iris que siempre surge a través de la lluvia, como recordando la pervivencia de la luz entre la agotadora lluvia. Me acunaste …