Colores

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El verde es el color de la esperanza. También lo es de tu alegría, de tu mueca trucada en abiertas sonrisas. Del pecho enardecido cuando respira atosigado. De ti misma en estado puro, abierta como la primavera, verdaderamente paciente en tu verde anímico.
El azul es el color de la libertad y de tu sexo que sabe amar y sabe a mar cuando se libera de sus bragas. En el azul de tus muslos naufrago como Odiseo no buscando más Penélope que tú misma. Y en las azuladas vertientes del ocaso y el crepúsculo, te me vuelves azul como un ruiseñor, ola gemebunda en su canto extasiado.

El negro es el color de la elegancia, de tu pelo, de tu vello, de tus faldas y tus vestidos, de tus ojos oscuros, de los universos paralelos y del futuro que no nos espera. Con él me ahogo sudoroso cuando me pego a ti en la oscuridad de un dormitorio y en el fluir de las sombras fluyen los abrazos ciegos y se tientan los ojos, comiéndose.

El blanco es el color de la inocencia, de la pureza y de la suciedad cuando me corro sobre ti. Es el símbolo brillante de tu piel esponjosa, marea baja cubierta de arena que resplandece bajo tus ojos. Me recuerda a la castidad y a la timidez que perdimos en la capital iberoamericana. Pero ante todo me recuerda al camino sin fin que recorreré contigo.

Y el rosa no es un color. Es tu color. Te llama y te viste de soltura, de donaire, de carácter, de intelecto, de simpatía y bienestar. Las rosadas auroras te pintan, mientras insinúan tus curvas de escándalo y te levantan por encima del mundo como una diosa ejemplar.

Pero ante todo, tú eres mucho más que un color. Lo eres todos. Tonalidades y matices que al juntarse recrean tu cuerpo cálido, esbozan tu existencia, sabiéndose descendientes de tu gloria infinita. Perfección absoluta en mujer.
Color en este mundo sombrío.

Iraultza Askerria

Luciérnaga de verde esperanza

luciernaga - {author}Luciérnaga de la noche. Te veo brillar en la oscuridad. Luz de esmeralda, verde esperanza. Aleteo en forma de susurro que agita los latidos de mi corazón dormido. Resplandeciente luciérnaga velando mis sueños.

En la distancia revoloteas como un ave infinita. Mandas tu aliento minúsculo hasta mis oídos encendidos. Arrastras una tibia brisa hasta mis labios. Me besas entonces. Y entre tanto, no dejas de iluminarme la vida, con tu color de esperanza.

Verde luciérnaga, verde amor. Dirección del ocaso. Por las tinieblas del mundo me apoyo en tu guía para seguir hacia el frente. Destello que, al sentirlo, me alegra el alma. Luciérnaga mía, como vivir una noche sin sentir tu calor, tu color, tu celo, tu ciclo de vida.

Ven a mí, luciérnaga verde, que en la ilusión de vivir marcas mi esperanza.

Iraultza Askerria