El poder de tu figura

 - {author}
Si tu rostro está encendido,
color fuego en tu sonrisa,
y si sientes que la prisa
te ha insegura convertido,
suelta el aire, afianza el paso
y del miedo no hagas caso.
Si tu ser desprotegido
se halla al fin de una cornisa
y en el fondo se divisa
un futuro confundido,
medio lleno mira el vaso
que tu luz vence al ocaso.
Si tu mundo se revela
solitario o sin apoyo
como si el más firme escoyo
quisiese apagar tu vela,
en agua tu alma convierte
que no habrá nada más fuerte.
Si has perdido al centinela
que libraba todo embrollo
y cayendo tras un hoyo
sientes tu inestable estela,
ignora a quien detenerte
intenta trabar tu suerte.
Haya incertidumbre o miedo
o incluso vías de fuego,
nada habrá que a tu dulzura
pueda hacerle figura.

Iraultza Askerria

Pacto con el diablo

Demonio - {author}
Háblame de la historia del pecado
que en tu cara creó gracia y lindeza,
pues no habrá ningún sino más preciado
que aquel que dio un comienzo a tu belleza.
Por eso me pregunto atormentado
si con Satán pactaste la proeza
de que fuera tu faz mundo estrellado
otorgándole a cambio tu pureza.
¡Admítelo! ¡Admítelo mortal!
Astuta dama, fémina perfecta
cuya belleza el corazón me afecta,
que eres la primogénita del mal,
sirena, vampiresa sin amor
para este niño entrado en el terror.

Iraultza Askerria

Diana

Arco - Fernando Cordova

Sé que tuyo es el nombre de Dïana,
para mí, sin embargo, eres tristeza;
como lágrima de una estrella cana.
como piel impregnada de aspereza..
Para mí no eres virgen, cual la diosa,
eres la dionisíaca amante;
como nívea luna caprichosa
ligada al sol por ser más fulgurante.
Y pensar que te amé… ¡qué te amé yo!
¿Cómo fui tan cïego y tan inválido,
y aún peor… escribirte tanto verso?.
Pero ya se acabó… ¡ya se acabó!
Marcha lejos cuerpito dulce y cálido…
¡fuera sal de mi lírico universo!.

Iraultza Askerria

Azucena

Fragancia de Azucena - Aysha Bibiana Balboa

¡Ay!, hermosa azucena en este valle,
blanca miel en boca de serafín;
del ladrón codicioso su botín.
Ojalá entre mis brazos al fin te halle.

Como la vagabunda de la calle
que se expande de aquel a éste confín,
en mi corazón te extiendes afín,
por mi cuerpo con lujoso detalle.

Azucena estival, ¿dónde estarás?;
tu aroma en este valle y nada más,
y tus caricias solo en mi recuerdo.

Azucena querida, mi azucena,
inabarcables pétalos de pena,
convirtiendo en demente a un hombre cuerdo.

Iraultza Askerria

Complacencia femenina

Photo - {author}Estaba acostumbrada a masturbarse por la noche, después de haber pasado la tarde con él. Con la molesta presencia de sus padres al otro lado de la habitación, siempre presentes, solo le quedaba la soledad de la madrugada para disfrutar de su cuerpo mientras pensaba en su chico. En esos momentos, se acurrucaba bajo las sábanas y saboreaba la humedad de sus muslos con los dedos voluntariosos y firmes. La temperatura de su cuerpo acrecentaba hasta límites insospechados. El vapor egresaba de su boca, carrusel de gemidos. Sus manos se ahogaban en la pequeñez dilatada de un secreto que nadie había descubierto todavía, mientras su mente divagaba entre cuerpos sudorosos fundidos en un abrazo.

Una vez, incluso, había tonteado con un juguete vibrador, cortesía de su mejor amiga. Sin embargo, sus expectativas se acabaron pronto, cuando descubrió que carecía de la flexibilidad de sus dedos y de la suavidad de sus yemas. Comprendió que una máquina difícilmente podría reemplazar el sentido y la sensibilidad de un ser humano.

Varios meses después, perdió la virginidad con su novio. Fue como abrir una caja de bombones sin ningún dulce de chocolate. En las siguientes ocasiones, saboreó chocolatinas de todos los sabores y texturas.

Aun así, siguió masturbándose por las noches porque ninguno de sus novios supo nunca como complacerla de verdad. Y lo peor es que ninguno se molestó en preguntarla.

Iraultza Askerria

A la musa

 - Paula Aparicio
Yo creo que mereces que te escriba
un soneto que alabe tu mirada,
tu sonrisa, tu cara inmaculada,
todo tu cuerpo, desde abajo arriba.
Pues me encanta también que seas viva,
como un cielo de azul o llamarada
que nunca está brumoso o apagada,
siempre abierta, melosa y efusiva.
Así que niña de la antigua Bética
aquí te cedo mi ronco cariño
para que feliz hagas a este niño,
y te conviertas en su vida y ética,
en su diosa presente aunque distante,
en Margarita, Lo o Bea de Dante.

Iraultza Askerria

Dedos

Up in Smoke 02 - WirosNo supe entender lo que pedían tus carnes, ávidas de un cuerpo en celo. Quizá, incluso, tuve miedo de comprenderlo. Me limité a hacer contigo lo que tú querías hacer conmigo, prohibiéndote el placer de masturbarme, obligándote a dejarte masturbar por mí. Casi esclava de mis dedos, expertos artífices de músicas, te contorsionabas abiertamente junto a mi cuerpo.

Estabas tendida cuan larga eras sobre una cama de apenas un metro. A pesar de tu atractiva largura, toda tu alma se había reducido a un nimio punto de vestigio fálico. Por ese lugar sentías, veías, escuchabas, olías y saboreabas. En el núcleo de tu emoción, la presión de los sentidos era inmensamente desproporcionada, demasiado grande como para albergarla en un cuerpo tan pequeño.

Pero yo no me detuve en ningún instante, y menos cuando vi como tus caderas se movían arriba y abajo, describiendo tímidos círculos alrededor de mi mano, mecánico objeto de tu satisfacción personal. Me contenté con abrigarte bajo la sombra de mi cuerpo erguido a media altura, con sentir entre mis dedos un tacto húmedo que besaba y devoraba mi piel. La ventosa se atragantaba por la fuerza de mi movimiento rectilíneo, a punto de alcanzar un placentero cólico que te mataría de hambre.

Iraultza Askerria

Cenicienta

Cristal. - Marcos de MadariagaCenicienta. Zapatitos de cristal. La corona que relumbra en tu frente. Los ojos… abiertos, pétalos, tesoros, estrellas, mansos ríos y agitadores vientos. Carmín derretido en la curva de tu sonrisa. Las mejillas frágiles…, pedazos de pan, caliente y húmedo de mi saliva, de mi ansia. Cuerpito de dócil fuego, ardiente arena, morena luz… ¡todo eso eres tú! Cenicienta por una noche, que al amanecer desapareces tras un sueño de cenizas y dolorosas nostalgias.

Iraultza Askerria

La puerta

Puertas abiertas - . SantiMB .

Abriste la puerta de tu corazón
a ese niño perdido durante años
por el mundo.
Parecías el arco iris que siempre surge
a través de la lluvia,
como recordando la pervivencia de la luz
entre la agotadora lluvia.
Me acunaste entre tus manos,
entre tus senos,
entre tus labios,
y yo lloré como el niño,
como un hombre viejo
enzarzado con el vino.
Oro en la copa de mi mirada.
Espada desnuda que se bastó con tu vaina.
Y creció y creció
el niño mayor.
Dentro de ti había espacio para los griegos,
para las flores,
las luces,
colores;
para mi, para exnovios,
para ti, para exnovias
y recuerdos
y lamentos
y carcajadas
de gloria,
y también alguna lágrima
que sabía a íntima victoria.
Abriste la puerta de tu corazón
a un desconocido,
a un mendigo
que deambulaba por rotondas y veredas
pidiendo limosna,
limosneando ternura.
Monedas guardaba en unos bolsillos plagados de agujeros.
Pero tú me enseñaste a coser.
Remedaste las heridas,
aquellas por las que hervía la misoginia.
Me hiciste hombre,
no como aquellas
que me hicieron niño,
que llenaron de sales los criterios,
de azúcar mis celos
para ver o esconder o dar
la falsedad
del tarro de miel.
Pero tú fuiste diferente…
Apareciste embutida en la noche,
ebria de una mano, de una palabra lejana,
remota, inhóspita, secreta, antigua.
Y suena el vocablo: abierto,
cierto,
muerto
por la lengua que representaba
pero bien vivo por la boca
que lo pronunciaba.
Así me abriste la puerta,
me hiciste hombre,
guiaste al niño desamparado
y fuiste la ola que arrastra el pasado
para humedecer la arena infeliz
con la caricia de una sirena.
Y cuando la ola se retiró
la puerta siguió abierta.

En el éxtasis

 - Lumosmaxima.Los ojos entornados contra la penetrada oscuridad, las piernas entreabiertas ante la luz creciente, la boca quejumbrosa bajo un peso atroz y los brazos aferrados a un sudoroso mundo; un sentimiento tan agónico que la dejó finalmente desprotegida, herida e incluso devastada por el huracán ardiente que la había traspasado, abandonándola casi seca, perdida y sin energías, pero colmada de una plena satisfacción por haber hecho el amor con el hombre que más amaba del mundo.

Iraultza Askerria