Una trastienda de pecados

campana iglesia de la Compañia de Jesus construidas en 1753 en España - {author}¿Qué son las horas? ¿Y los días? ¿Qué son los años? ¿Qué es la vida? SSoloólo un martirio, un vía crucis, una mentira, una despensa donde apilamos los sermones, un baúl olvidado entre remordimientos, una trastienda de pecados y reproches.

Eso es la vida, eso es el tiempo. Una carrera sin trofeo alguno, una competición siempre en derrota, una quimera que en forma de cielo tomamos por un bien común. Tanta mentira, tanta evasión, tanta súplica sin esperanza… ¿para qué? Para nada.

Y aun así, soy incapaz de suicidarme.

Iraultza Askerria

La caricia

Careless Whisper - {author}Como un fino recuerdo nocturno que se pasea por la frontera de los sueños sin apenas apreciarlo, una caricia tuya me sobrevoló el corazón. Ahí se quedó, dormitando, durante días, semanas, meses, años y resurrecciones. Tan pálidamente callada que ni una puñalada a traición la habría descubierto. Los latidos del músculo no consiguieron borrar el vestigio de esa caricia, ni tan siquiera revelarla. Estaba oculta en lo más profundo, como un coral hundido bajo la costa o un remordimiento que nunca pide perdón. De esta forma, solo mucho tiempo después, cuando te acaricié la mano el día de tu entierro, me percaté de cuánto te amaba.

Iraultza Askerria

Un grito en pos del viento

yell - {author}Gritó. Fuerte. Tanto que el último latido de su corazón se le escapó por la garganta. Cayó al suelo, de rodillas y apoyado en sus débiles brazos. La arena del desierto se introdujo bajo sus uñas y el sol derritió las gotas de su frente ardorosa. Las lágrimas fluyeron por sus ojos y la última exhalación de su ruego se agotó tras el viento. Habían arrasado sus campos, incendiado su casa, violado a su mujer y matado a sus hijos. Y lo única que podía hacer, gritar, no le servía de nada.

Iraultza Askerria

Luz

Madrid 4.09 El Retiro reflejos del sol - Fernando LópezEs inexplicable lo que ante mí se sucede con un carácter imaginario y demencial. Parece tan extraordinario como el propio amor y tan fantástico como la mente de un escritor alcohólico. Pero lo más importante no es esta extraña cualidad irreal, lo más importante y aterrador es que yo me encamino directamente y sin pausa hacia dicha onírica imagen, como si mi propio cuerpo y alma estuviesen ligados a ello. Pero en el fondo de mi mente quiero escapar de dicha especie de fantasía, darme la vuelta y alejarme de todo esto que me encoge el corazón. Sin embargo, lejos de hacerlo me acerco irremediablemente hacia la luz brillante y pálida que navega sinuosamente en el horizonte, formando una sábana gaseosa de color nube. Las formas, tan garabateadas, me crean nauseas, recordándome los retortijones sufridos por el vientre a causa de un irrefrenable mareo, cuyo remedio es siempre un hediondo y asqueroso vómito.

No entiendo el significado de este malestar, y mientras intento descifrarlo continuo avanzando directamente hacia la luminaria. Entonces comienzo a sentir punzantes molestias bajo la piel, en el corazón y en los pulmones, repletos de un aire envenenado. Cuanto más me acerco a la extraña imagen de luz pálida, más agudo y profundo siento el dolor.No obstante, a pesar de todo, no grito. Es cierto que siento un intenso tormento, pero lo siento como algo lejano y oscuro, y además, mi inconsciente aprecia un ligero estremecimiento de felicidad merced a este dolor.

Poco a poco, esta extraña alegría se va apoderando de mi mente, de mi corazón y de mi alma, y ya estoy a pocos metros de la imagen centelleante, cuando la total felicidad explota en mi interior en grandes dosis de euforia.

Es en ese instante, cubierto de gracia, cuando mis ojos se cierran y puedo observar turbiamente, como quien observa el exterior desde una tumba de cristal, a mi padre y a mi madre abrazados, llorando y rodeados de paredes de color pálido que expelen un exagerado olor a higiene y a fármacos.

Entonces lo comprendo.

Me acababa de morir.

Iraultza Askerria

Breve tragicomedia sobre una muerte

Tengo miedo - Historias Visuales

Yo
Oigo algo tras la puerta…
Un afilado sonido
como oxidado alarido.
¿Habrá esta noche reyerta?

Muerte
¡No te asustes, desalmado!

Yo
¡Por mi alma que me asusto!
¿Quién va?

Muerte
La Muerte, con gusto.

Yo
¡Ay, Dios! Mi fin ha llegado.

Muerte
¡Calla! En nombre de Dios.

Yo
¡Ay, señor! No os teme él.

Muerte
Para nada. Si fue aquel
quien mando cortarte en dos.

Yo
¿Mas por qué? Yo nada he hecho.

Muerte
¡No lo sé! ¿Qué más decir?
Se lo podrás tú inquirir.

Yo
¿Sí?

Muerte
¡En el cielo!

Yo
¡Qué despecho!

Muerte
No te quejes que por menos
otros mueren sin quejarse;
y a quienes deben matarse
aún siendo los mas buenos.

Yo
¡Infeliz! Ver tu guadaña
ya me deja sin aliento.

Muerte
Y en breve el pensamiento.

Yo
¡Cruel!

Muerte
¿Acaso te extraña?

Yo
Para nada.

Muerte
Anda vamos…
Que muy tarde ya llegamos…

Iraultza Askerria

Copla real a una sirena


En la brisa del mar se oye arrastrada
la melosa canción, son lastimero,
de una hermosa sirena enamorada
de un joven y perdido marinero.
Por su canto, la nave naufragada,
y al verlo ella entonaba un refranero:
“¡Apuesto marinero al que yo amé,
que incluso con cariño lo maté!”.

Iraultza Askerria

Campo de batalla

img_129_lg - {author}
Azores cruzando vías en extinción.
Palas cavando los despojos de otras palas.
Un niño jugando con una pelota pinchada.
Al fondo una explosión.
Margaritas amargas por el beso grana
de animales buscando un sorbo de agua.
Una niña bañándose en el barro de un río seco.
Un hábitat que muere de sed.
El sol que se oculta en el ocaso sangriento
sigue presente en la madrugada tibia.
Los críos miran a lo alto buscando las estrellas.
Pero no hay nada… ¡nada!
Manos que exhalan en las sombras amor
y necesidad, se sueltan por el sudor ardiente.
El bebé que llora sin el apego paterno.
El cariño vuela, ¡vuela!
Cuando rompen el minarete de las mezquinas
derruidas, se quiebran las oraciones olvidadas.
La infancia crece sin fe, fundamento o ética.
El mundo ni cree ni ve.
Olas lejanas en la memoria que fragmentan
la esperanza al cubrirla de negro y de verde.
Los pequeños desconocen los castillos de arena.
Ninguna nueva ilusión.

¡Contenido extra!

Este poema fue seleccionado en el Certamen Literario X Aniversario Diario de Burgos, junto a otras composiciones de relatos y poemas. Se ofrece a continuación el enlace a la antología: CertamenDiarioVurgos .

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A ratos

Escribamos un rato - Cristian Carlos JuárezEscribo a ratos, cuando la melodía de la brisa es lo único que acompaña mi soledad. Escribo a ratos, cuando mi chica inexistente se queda dormida bajo el pincel de las tinieblas.

Escribo a ratos, cuando el vacío de tu ausencia me recorre por dentro, matándome.

Escribo a ratos, ante el agónico fracaso de ver morir mis ilusiones bajo un trozo de cristal.

Indigesta soberbia

Soberbia - Cristina Mª Granados Roas
Quisiste comerte el mundo con un hambre voraz y varios días después falleciste víctima de un empacho. Presa fuiste de la propia jauría de tu voz. Un cazador ataviado con lana de oveja. La noche de tu muerte nadie fue a rendirte homenaje. En vez de ello, dieron un pequeño bocado al mundo, bebieron un insignificante sorbo de aire y siguieron adelante con sus vidas.

¡Contenido extra!

Este relato fue recogido en una grabación hace varios años. Os dejo el link al audio para quienes gusten de escuchar relatos.

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El perro muerto

Perros - {author}Ellos se mudaron inmediatamente después de encontrar a su perro muerto. Trece años de convivencia habían dejado recuerdos imperecederos en la familia. El can ladraba suavemente. Se escondía entre los setos. Correteaba por el asfalto bajo el peligro de la circulación vial. Cuando sus amos lo reclamaban gritando, el animal regresaba al porche y lamía la mano de su dueño, de su amigo, como si nada hubiera ocurrido.

Vívidos recuerdos.

Para olvidar la nostalgia que suponía vivir en aquella casa ahora que el perro había muerto, decidieron alquilar un apartamento en el centro de la ciudad. Allí, en la puerta de madera de la entrada, dejaron colgado el collar del perro, como muestra inequívoca de que nunca lo olvidarían.

A los dos años el collar había desaparecido y nadie recordaba ya a la antigua mascota que lo portó.

Iraultza Askerria