A una mariposa

Mariposa Pavo Real - Gustavo Durán

Mariposa de seda voladora
entre los recovecos de tu piel,
cual gotita que del rocío aflora
dejando una estela de sabor a miel.
Mariposa en tu cuerpo moradora,
fina llama del hogar, igual que aquel
marinero que desde la eslora,
protege por el bien de su bajel.
La mariposa cubre tu regazo,
alzada está en tu vientre como un muro.
Nada la rompe, ni el más fuerte mazo
Sediento yo al mirarla sin futuro,
esclavo del deseo, al cuello un lazo
que oprime mientras miro un cuerpo puro.

Iraultza Askerria

Hambre

Photo - {author}Hambre. Hambre de tu corazón herido por el hambre. Hambre por comer insípidas criaturas rojas. Hambre de tus muslos de esponja y de tu pubis rosa. Hambre, hambruna, hamburguesa de aceite. Imagen de tu sexo hendido, sabroso, deleite. El hampa del vicio y el deseo. Hambreo sólo de pensar en ello.

Hambre tendrás de no comerme. Hambre tengo de que no me comas. Hambre padezco al no devorarte de los pies a la boca, hamacando tu cuerpo hambrío. Mi corazón hambrón, mi alma hambrienta, mi yo corroído por la inanidad, por la inanición, por sentirme exangüe y desnutrido, ambiguo en la ambición de comerte y dejarme comer.

Moriré de hambre en tu ausencia, matándome poco a poco a base de dulces ambarinos y refritos ambrosianos, hasta que llegado el momento encuentre mi banquete en el plato de tus labios flanqueados por los cubiertos de tu pecho.

Y entonces, te comeré y te quitaré el hambre.

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En este breve texto pretendía divagar en la aliteración y la paronomasia, acercándome a los conceptos del término ‘hambre’ y a sus variantes, tanto etimológicas como fonéticas. Aunque el intento no termina de convencerme, espero que el lector haya disfrutado de la lectura, sin trastabillar entre tanto repetición de sílabas.

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De papel y destino

vuela/vuelca - {author}Carne desnuda, cuerpo de viento, coraje entre piernas de algodón. Frío en la niebla de los sudores y miedo a reventar los decibelios. Constante fricción de los sentidos encendidos bajo la luz ambarina de un dormitorio viejo. La juventud egresa entre el pijama y profundiza en la sabiduría de la tierra.

Gelatina de cal y arena, con aliento a chocolate y vicio encerrado. Se atropellan las pieles entre arañazos cuando brazos y piernas refrigeran para esclavizarse. Corren los segundos cuando son minutos. Se van las esperanzas al infierno. Gimen y gruñen los apóstoles del sexo y se corren contemplando el rostro dislocado.

Un descanso, merecido, entre abrazos y confesiones. Duerme la tibieza entre los muslos femeninos, agotando la pureza de la rosa corola. Los sueños se desnudan ante los desnudos cuerpos, ya explotados y explotados. Bombas sin más cuerda que se nutren al ofrendarse un amor de papel y destino.

Iraultza Askerria

Desnudando palabras

LuiB - {author}

Caen piedrecitas alrededor
de tu tobillo desnudo,
huelen a canela y a sudor,
huelen a los secretos del mundo.
Sobre las piedras van a llegar
algodones de colores varios,
son el antiguo portal
que oscurecía tu regazo.
El endurecido nubarrón
de las rosadas montañas,
desaparece tras la labor
de una mano experimentada.
Queda entonces tu piel
aceitosa y suave al descubierto;
desvestida, sin sostén,
mostrando el desnudo cuerpo,
el mismo que
observa en su alocado lecho
esperando de una vez
unir al sol con su universo.

Iraultza Askerria

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La caricia

Caricias - Reto Cinco sentidos - {author}Despegarse los cuerpos como una bomba de relojería condenada a despedazarse en mil pedazos. Y van los cristales de las almas a esparcirse a través de los kilómetros, infinitos como el tiempo, infinitos como las ganas de comerte. Y en esos momentos de pesadumbre, me recojo en el fuego de los hogareños recuerdos, lugar prestigioso de tu inocencia y mi lealtad, donde los cuerpos y los espíritus pueden volver a evaporarse en una recíproca caricia. Una sola. Tú y yo.

Iraultza Askerria

Sobre el amor, el desamor y algo más

Pasión incontinente,
señor que al cuerpo débil da calor.
Locura de la mente,
un rostro sonriente de color.
¡Todo eso es el amor!
Pesar, cuchillo hiriente,
veneno cual resaca de licor.
Castigo tan ardiente
que el alma sufre y grita de dolor.
¡Todo eso el desamor!
El beso que se siente,
suspiro que la llama consumió.
Sonrisa que no miente,
amor que con los años se apagó.
¿Qué somos tú y yo?

Iraultza Askerria

El cinturón de Orión

En la llanura pálida y suave que se extendía entre tus pechos y tu cuello, dejé caer un beso húmedo y un suspiro enamorado. En tu piel perlada marqué un territorio con forma de amor, donde poco había para delimitar el terreno, debido a la inmensa pureza que lo embargaba. Ninguna imperfección había en tu piel, ninguna mácula, ninguna mancha. Era un espejo blanco, donde casi podían reflejarse mis ojos curiosos. Una perfección que parecía propia de los inmortales.

Temí haber infringido una ley divina u ofender a una diosa omnipresente a quien no podría satisfacer, ni con besos ni con caricias. Temí estar amancebándome con una poderosa Afrodita, siendo yo un pobre mortal sin mayores atributos que un pene mediano. Por ello, me dediqué ávidamente a la búsqueda de una imperfección terrenal en tu piel celeste.

Y la encontré entre tus pechos, en el valle que canalizaba suspiros y ansias masculinas. Allí, entre los turgentes senos, se disponían en línea oblicua tres diminutos lunares, prueba inequívoca de que eras tan mortal como yo.

Así que esbocé una sonrisa, incliné la cabeza entre tus pechos y besé tu particular cinturón de Orión.

just give me moments..-Patricia  Prestigiacomo

Iraultza Askerria

Monumento

3189-Monumento a Daoiz y Velarde en Segovia (Castilla y Leon) - {author}Dulce y altiva como un monumento antediluviano que perdura en la memoria de hombres, retratos de artistas y diccionarios. Te alzas así sobre el mundo, momificada como un cielo cuya belleza sólo se puede contemplar. Tocarte, o aún peor, saborearte queda reservado a los dioses.

Catedral de huesos de mármol, templo de agua sagrada, alcázar de trémulas carnes que se defiende de la soledad. En tu seno la poesía vive y suspira, en tu boca florece la inspiración y se acongojan los miedos, y en tus pupilas crepitan soles, lunas, astros y galaxias enteras.

¿Existe mayor patrimonio para la humanidad? ¿Joya de más valor? ¿Mujer, flor, palacio o universo que acapare más belleza que la tuya? No, claro que no.

Yo inmortalizaré tu casco antiguo, convertiré tus esbeltas columnas en un nuevo orden arquitectónico, propondré las arquivoltas de tu cabello como patrón para ornamentar portadas, y la silueta de tu pecho formará un novedoso arco apasionado, sólido y precioso.

Las nuevas construcciones replicarán el perfil de tu cuerpo, y en el futuro todas las ciudades del mundo se parecerán a ti. No habrá lugar donde no se escuche tu nombre.

Iraultza Askerria

Tu figura

Sasha - Santiago TrussoContinuamente veía tu figura paseándose de un lado a otro de la oficina. Tu presencia me causaba temor y sobresalto, la insinuación de tu perfil me turbaba. De vez en cuando, escuchaba tu tierna sonrisa derramarse en la atmósfera del recinto, donde ni un sinfín de timbres telefónicos o gritos a subordinados podía sofocar el sonido de tu melodía. En esos momentos, yo cerraba los ojos, me enclaustraba dentro de tu voz y me dejaba llevar al filo de la utopía, al acecho de tu sonrisa. Luego abría los ojos, intentando encontrarte al otro lado de mi mesa o en el recodo del pasillo. Aquel pantalón tan ceñido de color crema, aquella camiseta negra que caía holgadamente sobre tus pechos y aquel cabello recién lavado que olía a champú impidieron que durante toda la jornada pudiese teclear algo productivo en el ordenador.

Sin embargo, fue más fecundo que todo un año: escribí diez sonetos, lloré un millar de lágrimas y me percaté de que seguía locamente enamorado de ti.

Iraultza Askerria

Y ella a mí

Niebla - Silvia ViñualesSus labios suspiraban, enlazados a los míos. Los dedos palpitaban, ardiendo como el verano, vistiéndose de sol. Los ojos temblaban bajo mi cuerpo, acaso temiendo la culminación de aquel fuego que abrasaba.

Yo también temblaba, pero no de frío. Habíamos perdido el rumbo de nuestras ansias, y ellas manipulaban nuestra voluntad al antojo de dos corazones alocados.

Volví a extraviarme en el cielo, embriagado. Mi ángel volaba junto a mí, guiándome por el edén en la inmensidad del placer y del éxtasis.

Aterrizamos unos instantes después bajo el ronco jadeo de mis labios. El silencio retuvo las largas horas de la madrugada mientras hablaban nuestras pupilas.

Al final, escuché un no. Daba igual. Pese a todo la amaba.

Y ella a mí, aunque se negaba a admitirlo.

Extracto de Rayo de luna, de Iraultza Askerria