De papel y destino

vuela/vuelca - {author}Carne desnuda, cuerpo de viento, coraje entre piernas de algodón. Frío en la niebla de los sudores y miedo a reventar los decibelios. Constante fricción de los sentidos encendidos bajo la luz ambarina de un dormitorio viejo. La juventud egresa entre el pijama y profundiza en la sabiduría de la tierra.

Gelatina de cal y arena, con aliento a chocolate y vicio encerrado. Se atropellan las pieles entre arañazos cuando brazos y piernas refrigeran para esclavizarse. Corren los segundos cuando son minutos. Se van las esperanzas al infierno. Gimen y gruñen los apóstoles del sexo y se corren contemplando el rostro dislocado.

Un descanso, merecido, entre abrazos y confesiones. Duerme la tibieza entre los muslos femeninos, agotando la pureza de la rosa corola. Los sueños se desnudan ante los desnudos cuerpos, ya explotados y explotados. Bombas sin más cuerda que se nutren al ofrendarse un amor de papel y destino.

Iraultza Askerria

Los devoradores de carne

Logroño'09 san Bartolomé sarcófago gótico - Fernando LópezEsta misma semana se ha publicado en el blog Las dos vidas de las palabras un artículo que versa sobre el origen etimológico de la palabra sarcófago. Agradezco a Juan V. Romero, autor del mencionado blog, la oportunidad de permitirme colaborar en su espacio, en un intento de divulgar la fantástica historia de las palabras, siempre para esclarecer curiosidades, dudas, y en fin, para desentrañar un idioma tan hermoso como éste.

Os dejo a continuación el enlace directo al artículo Los devoradores de carne o la etimología de sarcófago, una entrada que espero cause expectación.

Iraultza Askerria

La mecánica del sexo

Las caricias y los susurros de ternura brotaron como el gas de un motor de combustión; un acto tantas veces ejercido se había transformado en un procedimiento instintivo e inconsciente.

Así, los dedos de él aferraban los muslos de ella con una firmeza automática. Los besos, los roces, los intercambios de sonrisas y de gemidos, los extravíos en la fulgente mirada del otro, el aroma a fusión fatigada, el cenit de la unión carnal… Todo aquello había perdido la intriga y el nerviosismo de la inexperiencia. Ahora todo consistía en un mecánico tráfico de sexo y de goce.

Pero, al igual que la primera vez, proseguía siendo una práctica deliciosa y apetecible, una sensación que les hacía sentirse vivos, eufóricos y colmados de fortuna, casi a punto de rozar el cielo con sus dedos terrenales.

Extracto de Sexo, drogas y violencia, de Iraultza Askerria