Orilla del mar

Baño de sol - {author}Orilla de mar, sabor salino de las profundidades del océano. De blanca espuma, húmeda en su deleite de iconografía clásica. Mi más humilde territorio de arena, en cuya playa tenderme al son de sus caricias. La navegante de los sueños, sin acantilados que entorpezcan su constante vagar por mis recuerdos. La onda errante por mi corazón enamorado, cuya marea nunca deja de subir. El tumulto de agua que apaga mi corazón abochornado. La impasible certeza de un piélago todopoderoso, cuyos poderes humillan a la eternidad. Mi más cercana fuente de vida y de amor, el único agua que bebo y beberé, la brisa inherente que volará por mi alma. La sutil necesidad de gritar que te amo.

Iraultza Askerria

La huella solitaria

Cuando el día se acaba - José Luis Mieza

En la blanca arena encontré una huella solitaria. Estaba en el centro de la playa, resguardada entre dos piedras que la habían protegido del impetuoso oleaje. Pura como una luna desamparada del firmamento, ausente como un latido de amor no correspondido.

Me sentí tentado ante esa huella solitaria, única. Parecía inamovible en medio de la playa, como si siempre hubiera estado allí. Las hermanas que debieron haber seguido sus pasos habían desaparecido de la arena tiempo atrás. Sólo quedaba ella: la huella solitaria.

Salvé las dos rocas y me arrodillé frente al pálido vestigio. Tenía forma de pie femenino, un treinta seis extendido perfectamente, con los dedos esbeltos y delgados y el talón enhiesto y orgulloso.

Me pregunté cómo serían las piernas de aquella desconocida, cómo sus nalgas, cómo su vientre, cómo sus pechos y cómo su cuello, cómo el rostro alzado sobre unos pies tan perfectos.

Concebí su figura en mi mente, ilusoria, imaginaria, una mentira que falsificaba la representación de la realidad. Tenía la urgencia de verla, de conocerla, de observar a la creadora de aquella huella en la arena, de aquel pie colgado de los cielos.

Así perseveré durante años: guardando la huella entre las rocas, paseando por la playa, buscando y midiendo el tobillo de cada muchacha que pasaba junto a mí. Pero no encontré a mi desconocida, nunca apareció.

Y de su existencia únicamente perduró una huella solitaria, como la sombra de un amor platónico.

Iraultza Askerria

Arena blanca

The stolen moment - {author}Arena blanca en tu sexo juvenil. Llanura limpia como un cielo despejado. Mis besos se desbordan por tu sutileza de seda, invitándote a gemir desconsoladamente.

Se retuercen tus senos por la presión de mis manos, y hacen tus ingles lo propio por la embestida de mi mandíbula. Abro mi boca entera y la cierro bajo tu pubis, tan reluciente como hermoso, tan libertario como una estrella.

Me divierto en tu congoja. Filete mío de carne rosa, arrugada, flexible y húmeda de sal, tan propiamente vinculada al mar como a la naturaleza florida. Tulipán de cuatro pétalos cuyo polen devora mi lengua, arrastrando el jugo por tus piernas dobladas y por mi barbilla hundida en ti.

Y en los espasmos que te socorren, escucho como gritas mi nombre, mientras me decapitas con los muslos y luego aflojas, inocentemente.

Un último beso en tu sexo te cierra los labios para dormir.

Iraultza Askerria