Soneto en métrica descendente

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Abrigo hecho de estrellas, arrópame en tus manos;
en tus manos, mi príncipe, de nuevo hazme dichosa,
dichosa como el sol, como una mariposa,
mariposa que vuela por los montes decanos.
Profésame el calor de los veranos;
veranos de lujuria indecorosa,
indecorosa pero dulce rosa,
rosa, el ídolo fiel de los paganos.
Hazme tuya, vida mía,
entra en mí como la luna
penetra noche sombría.
Un alma, una;
cual noche y día,
cual niño y cuna.

Iraultza Askerria

La sirena

Black Mermaid / Sirena Negra - Jesus SolanaTomé sus ojos con los míos aquella noche de verano.

Recuerdo, como una imagen lejana pero profunda, que sus labios me respondieron sin que yo pudiera remediar el ataque. Me besaron con locura cuando y mientras mi razón intentaba explicarme qué estaba pasando. Sus manos se apoderaron de mi cuello y mi alma se aplastó bajo el liviano peso de su cuerpo de mujer. El mundo, en ese preciso instante, se me presentó como un arca henchida de fortuna.

La sirena me devoraba mientras la oscuridad se cernía tiernamente sobre mí, contagiándome de un sueño profundo. El sudor de mi cuerpo, espeso y escurridizo, me empapaba el pecho. Los pulmones que había en mi interior respiraban el aire insuflado por los besos de aquella mujer desconocida.

A lo lejos oía un susurro ajeno a mi fantasía: un murmullo que, vertiginoso, parecía sucederse en un plano paralelo. Los destellos de las estrellas bailaban rodeándome, apagándose de tanto en tanto, encendiéndose de cuando en cuando.

Al mismo tiempo, la sirena me devoraba, embriagándome con sus labios, sus manos y su cuerpo. Era tan satisfactorio que mis ojos estaban cegados por la felicidad.

Solo unos minutos después, cuando me sacaron, a trompicones, de la ambulancia, me percaté de que mi pecho estaba completamente ensangrentado y de que una mascarilla de oxígeno conectada a una bombona me suministraba el aire vital.

Mis ojos se cerraron entonces cuando el sonido de la sirena se apagó.

Iraultza Askerria

El renacer

Photo - {author}Quiero derretirme como un cubito de hielo y escanciarme sobre tu piel almibarada, llenándote el cuerpo entero con mi mansedumbre inmaterial. Entrelazarme con tus dedos tangibles y filtrarme por los poros de tu cuerpo hasta el lugar secreto donde anida el espíritu.

Sería una fusión de átomo y pensamiento, de sentimiento puro y pureza ósea, donde yo mismo desaparecería del mundo terrenal para fundirme en tu ego trepidante, inmenso, inmortal, largo, tendido, alegre, infinito y lírico. Poeta desahogado en tinta rosa y contenido en el tintero de tu cuerpo único.

No me importaría, por tanto, evaporarme como el aire, despedazarme como hojarasca, convertirme en polvo y en olvido si con ello pudiese aunarme a tu alma y a tu carne mucho mejor que lo que nos permite el sexo. Durar dentro de ti en un orgasmo interminable y despertarme siempre acomodado tras el cristalino de tu mirada; ahí dentro, en tu mente intelectual, yo quiero dormir para siempre.

Mi niña, mi novia, mi mujer, mi esposa, mi todo, mi universo, mi vida y mi eternidad. Hagamos de nosotros un único ente, un único ser, una única personalidad en cuya máscara se aglutinen los gestos de nuestros rostros. Y entonces, sólo entonces, podré decir que he renacido.

Iraultza Askerria

Una vida de satisfacción

Leví se inclinó sobre la barra, colocándose el rulo en el interior de la nariz. Aspiró la cocaína. La línea de nieve se evaporó ante su olfato con una celeridad desbordante.

Echó la cabeza hacia atrás, mientras absorbía largas bocanadas de aire y un delicioso estremecimiento atravesaba su alma. Sintió un rayo de luz filtrándose entre sus latidos y un cúmulo de energía verterse sobre el cauce de su pensamiento. En los ojos, un resplandor de fuego aumentó el grosor de las pupilas, incendiadas por chispas de humo.

Al cerrar los párpados, se bosquejó en su cerebro un edén de pensamientos, una dicha de anhelos, una vida de satisfacción.

Extracto de Sexo, drogas y violencia, de Iraultza Askerria