Orilla del mar

Baño de sol - {author}Orilla de mar, sabor salino de las profundidades del océano. De blanca espuma, húmeda en su deleite de iconografía clásica. Mi más humilde territorio de arena, en cuya playa tenderme al son de sus caricias. La navegante de los sueños, sin acantilados que entorpezcan su constante vagar por mis recuerdos. La onda errante por mi corazón enamorado, cuya marea nunca deja de subir. El tumulto de agua que apaga mi corazón abochornado. La impasible certeza de un piélago todopoderoso, cuyos poderes humillan a la eternidad. Mi más cercana fuente de vida y de amor, el único agua que bebo y beberé, la brisa inherente que volará por mi alma. La sutil necesidad de gritar que te amo.

Iraultza Askerria

Eso eres tú

Esa sonrisa - {author}

Planetas que giran
en torno una estrella.
Suspiros que avivan
la luz de una vela.
Eso eres tú:
¡el fuego, la llama y mi reina!
Árboles que beben
caudal de la tierra.
Pétalos que mecen
el más dulce néctar.
Eso eres tú:
¡el agua, la miel y mi esencia!
Olas encrespadas
por el suave céfiro.
Pájaros que cantan
en el firmamento.
Eso eres tú:
¡el canto, la brisa y mi cielo!
Ojos que se cierran
en único beso.
Latidos que yerran
bajo un mismo pecho.
Eso eres tú:
¡el tacto, la fuerza y mi cuerpo!

Los versos compuestos,
sutil melodía
de amores eternos
de todos los días.
Eso eres tú:
¡el tiempo, el arte y mi vida!

Iraultza Askerria

La lluvia

Photo - {author}

Llueven palos bajo la tormentosa noche.
La autoridad se desquita de la justicia.
La luna, de púrpura inflamación,
aletarga los heladores gritos del viento.
Hace frío. Y truena.
Mas no ceden los golpes bajo el cielo.
Ni los espeluznantes silencios apagados.
Los uniformes se agitan violentos.
En las placas reverbera la luz roja.
Hace frío. Y truena.
Dos ante uno. Erguidos. Enterrado.
Empapados los hedores del miedo.
El contorsionista vital deja de moverse.
Hace frío.
Y ya no llueve.

Iraultza Askerria

El pescador nazarí

Alcazaba - {author}

Sopla el viento de Levante
sobre la roja alcazaba,
y de frente, por delante,
no se ve nada;
salvo la Sierra Nevada
y la Alpujarra distante.
¿Dónde se fue el agua?
Que no veo entre la bruma
el son marino del agua,
ni la blanca y suave espuma,
ni las barcas ni las cañas.
¿Dónde se fue el agua?
¡Que solo queda en la Alhambra
la sequedad de mis lágrimas!

Iraultza Askerria

En la ducha

Photo - {author}Rodeándote la cintura desde la espalda. Mi pecho pegado a tu piel tersa, con tus omóplatos sobresaliendo tiernamente de la epidermis como si quisieran obstaculizar el avance de mi aliento. Más abajo tu culito ideal siendo presionado por el pene erecto, mientras por delante, una mano ansiosa discurre por las raíces de tu incipiente vello hasta la juntura de las ingles.
Ambos desnudos como dioses griegos, en un baño rodeado de mármol, columnas dóricas y frontones fidíacos. El reflejo de nuestra carne excitada buscándose a contraluz de un espejo rectangular. Unos dedos explorando otros dedos, y después, un cuello que se gira, una cabeza que persigue y un beso contraído como una alianza matrimonial.
Luego, tú y yo trastabillando hacia el plato de la ducha, cuya frialdad pronto calcinamos. El agua helada, después tibia, finalmente ardiente; y tu piel mojada por mi lengua ansiosa de penetrarte. Pero en tan pequeño cubículo, apenas podemos maniobrar tú y yo más que como un sólo cuerpo que lucha contra la potestad del jabón y la espuma. Nos enjugamos y nos manchamos de sexo. Te golpeo contra la pared y me arañas la espalda. Rebusco en la invidencia el paso de tus muslos y tu mano experta dirige el miembro hacia la entrada de Dios.
Y como tal, te elevas sobre mí, levitando sobre mi cadera. Bajo tus huesos, me derramo en tu interior. El constante ir y venir de mi flujo sanguíneo por el vaso de tu vientre. Una sola alma, un sólo cuerpo; y el agua, siempre insistente, refrescando esa femínea carne y ese ímpetu viril tan disfrutados.

Iraultza Askerria

El riachuelo y la cadena

Ponte vello de Xuño Ou Ponte Río Sieira (Porto do Son) - {author}
A veces tu cuerpo me parecía un riachuelo. Otras una cadena.

Cuando te acariciaba y te besaba la piel, te sentía húmeda, undívaga, timorata, como el hielo que se derrite bajo el calor de unos labios viriles. Al principio, fría como el agua de las montañas, pero luego cálida como el oasis del desierto. Te dejabas herir por mis besos y atravesar por mis dedos, que entraban en tu interior. Aún así, intentabas escabullirte de mis acometidas una y otra vez, como la corriente que desciende rauda, intentando esquivar las férreas rocas del lecho. De esta forma, como un riachuelo suave y perlado intentabas evadirte, y sólo lograbas ensalivar mi ansia.

En otras ocasiones, sin embargo, te convertías en una cadena: implacable, esclava, dictadora, de la que no podía escapar. Te abrazabas a mí, oprimiéndome y aplastándome el pecho, arañándome la espalda como un alambre de espino, sintiéndome tan enterrado en tu alma que me condenabas a no salir nunca de ahí. Me perdía en el placer de tu cuerpo como dentro de un despiadado laberinto: nadie, ni el más audaz, podía fugarse de tu prisión, de tus encantos.

Así eras cuando te hacía el amor: primero una líquida y frágil inseguridad y luego una sólida y lujuriosa dependencia.

Iraultza Askerria

El lago camposanto

Eres un lago eterno de frescura.
Sin ahogarme en ti puedo naufragar.
Me llenas, me rodeas como un mar
templado; inmensa y plácida figura.

Me reflejo en tu líquida hermosura,
bálsamo rico, tú puedes curar
del monótono sentido de estar
buscando en esta vida la cordura.

Pero así es suficiente: loco, amante
de un lago sin final, lleno de vida
y que llena la mía con talante.

Lago eterno infinito que en ti quiero
morir, que no me importa si me olvida
el mundo mientras dentro tuyo muero.

Iraultza Askerria