A la antísesis

Castle in the Sky - {author}

El medible infinito de la honesta codicia,
oxímoron probable el vegetal animado,
atentos los descuidos del desierto mojado
en el celeste infierno de la áspera caricia.

El manzano naranja de purgada inmundicia
en libertad esclava del corredor parado
entre odiados amores de un joven aviejado
por la eternidad muerta de una falsa noticia.
El soneto que en lira
empezando termina los tercetos.
Rima la serena ira
de sabidos secretos:
que los poetas son analfabetos.

Iraultza Askerria

El absurdo sonido de absurdo

INDIGNADA!!!! - Pri DinizEste término tan común en el vocabulario español proviene de la palabra latina “absurdus”El diccionario de la Real Academia Española nos define el término como “Contrario y opuesto a la razón; que no tiene sentido“. Sin embargo, huelga decir que ésta no fue su primera acepción.

Su morfología proviene del lexema “ab” y el calificativo “surdus“. El primero puede traducirse como la preposición “de” y el segundo, tal y como el lector habrá pronosticado ya, como “sordo“. Originalmente, la palabra “absurdus” se utilizaba en el lenguaje musical, y hacía referencia en alto latín a los sonidos desagradables para el oído. Las cacofonías y disonancias eran por tanto “ruidos absurdos”. Dicho de otro modo, “absurdus” era el adjetivo idóneo para cualquier sonido desafinado, discorde o ininteligible que no guardase armonía con lo que sonaba.

Con el tiempo, el término “absurdus” fue adquiriendo otras significados, trasladándose más al terreno del intelecto y el juicio. Ya en la era romana, cobró otras aceptaciones como irracional, inconcebible, disparatado, chocante, ilógico, contradictorio o incongruente. En resumen, la palabra que originalmente hacia referencia al oído y a los sonidos meramente disonantes, fue irrumpiendo en el terreno de la mente para referirse directamente a la razón, o mejor dicho, a la falta de razón. Lo que no “sonaba” razonable era absurdo.

Pero no olvidemos que, etimológicamente hablando, cuando decimos que “algo es absurdo” estamos reflejando que es “de sordos”. De hecho, desde mi punto de vista, la propia pronunciación de “absurdo” suena bronca, destemplada y aburrida, por lo que, siendo puristas, bien se puede decir que “absurdo” tiene una entonación absurda.

En cualquier caso, no debería sorprendernos el vínculo metafórico de las funciones del oído con las intelectuales, puesto que otras palabras del castellano entremezclan dichas facultades. Es sabido que los romanos asociaban la actividad sensorial con las facultades intelectuales.

Podemos cerciorarnos de ello examinando las etimologías de “discrepar”, que en su origen guardaba relación directa con el crujir de la leña o el crepitar del fuego, pero que, actualmente, significa “Disentir una persona de otra”. Tampoco hay que pasar por alto la raíz etimológica de “obediencia”, compuesta por el prefijo “ob-” y el lexema “audire” y con el significado inicial de “el que escucha”.

En definitiva, el sentido auditivo ha sido utilizado en nuestra lengua para la formación de las más variopintas palabras, lo que demuestra la riqueza histórica y evolutiva de nuestra querida lengua.