Paisajes idílicos

Photo - {author}La Tierra guarda paisajes idílicos, algunos en las selvas caribeñas o en los acantilados más profundos; otros tan cerca de nuestra rutina que a veces olvidamos mirar. Los ocasos en la costa, con su resquemazón rojizo que no quiere irse, con su desgana a cederle el paso a la noche. Las estrellas encapuchando los universos con su luz blanca y roja y amarilla, incluso azul, recordándole a nuestra egolatría que no estamos solos en el cosmos. Las cortinas de niebla, amaneciendo suspendidas sobre estanques de patos y nenúfares. Los campos asilvestrados cubriendo el horizonte de la mirada humana y repletando la visión de flores y arbustos y frutas y árboles. Las islas de piedra, más allá de mares y océanos, donde la temperatura constante no quema ni enfría, sólo mantiene la felicidad. Son todos ellos los paisajes idílicos de nuestro planeta.

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Pero… yo… yo no quiero verlos. Quiero solo tenerte a ti ante mis ojos, y que seas tu mi crepúsculo, mi constelación, mi lago, mi archipiélago. Tú mi paisaje, tú mi mundo. Tus cabellos mis ramos de rosas, tus ojos mis astros siderales, tu frente mi atardecer y mi aurora, tu risa mi céfiro apacible, tu boca mi islote de frutas, tú mi todo.

No quiero más paisaje que el de tu existencia. Ni más visión que la de tu cuerpo. No quiero más oír que el de tu palabra joven y experta, sabia y franca. No quiero más tacto que el de la lluvia de tus muslos y el vaivén de tus pechos y el abrigo de tu piel de alabastro. No quiero más ayuda que tus brazos de oro.

Mi paisaje, mi más idílico paisaje. Mi edén. Mi paraíso.

Tú, todo lo eres tú.

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